Corrección fraterna

Las normas que deben caracterizar a la Iglesia, entre ellas, la corrección fraterna hacia nuestros hermanos

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO: Corrección Fraterna

Un artículo de D. Vicente Ramón Escandell

Corrección fraterna

1. RELATO EVANGELICO

Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

2. Comentario al Evangelio

El Evangelio de San Mateo es un evangelio profundamente eclesial. En él, el autor sagrado nos presenta, por boca de Jesús, las normas y estilo de vida que debe caracterizar a la Iglesia por él fundada. De ahí, que entre sus enseñanzas destaque la de la corrección fraterna, destinada al mutuo perfeccionamiento de los miembros del nuevo Pueblo de Dios. Jesús pone en manos de sus discípulos, futuros dirigentes de la Iglesia, el poder de perdonar y corregir a sus miembros, pero también extiende esta misión a cada uno de ellos. Los miembros de la Iglesia están llamados a preocuparse por el bienestar espiritual de sus hermanos, con quienes comparten una misma fe, y en cuya compañía oran al Señor, que se hace presente en medio de ellos cuando se reúnen en su nombre. El perdón y la oración constituyen las columnas vertebrales del nuevo Pueblo de Dios, llamado a evitar los errores de Israel, y vivir con coherencia las enseñanzas del Maestro.

3. Reflexión

Ni la corrección ha de ser tan rígida que desanime, ni ha de haber complicidad que facilite el pecar[1] afirma san Ambrosio.

La corrección fraterna es un signo distintivo de la Iglesia y una práctica a potenciar entre nosotros, sus miembros. El auxiliar a un hermano que ha pecado o que se ha desviado de la verdadera fe es un deber de caridad para cada uno de nosotros. Pero este deber, este ejercicio de misericordia, debe hacerse de tal manera que, por una parte, no se muestre como el ejercicio de una pretendida superioridad moral, como tampoco de una falsa condescendencia que deje al pecador en su situación. La caridad fraterna exige, para que sea autentica, de la conversión personal de quien corrige, pues, como podrá exigirse a alguien que abandone algún pecado o error, si nosotros mismos no hemos sido capaces de hacerlo primero.

Esta es una verdad aplicable a todos nosotros, ya seamos sacerdotes o simples fieles, y que es exigida por la misma coherencia del Evangelio. De modo contrario, caeríamos en el fariseísmo, en la hipocresía, que tanto mal ha hecho a la Iglesia, porque en no pocas ocasiones sus miembros al corregir a los demás, no se han corregido a sí mismos; este era el gran pecado de los fariseos, cuyo corazón, endurecido por sus propios pecados, era incapaz de sentir compasión de la debilidad de su prójimo, corrigiendo en los demás lo que en ellos mismos eran incapaces de hacer.

Una corrección fraterna que no parta de la propia conversión personal, que ha de ser continua y firme, solo puede producir el alejamiento del pecador que vería en nosotros un hipócrita a quien aplicar la expresión popular de “medico cúrate a ti mismo”.

4. Testimonio de los Santos Padres

San Agustín de Hipona (354-430)

El Señor nos advierte que no debemos despreciar nuestros pecados, ni buscar lo que debemos reprender, sino ver lo que debemos corregir.

Debemos corregir con amor, no con deseo de hacer daño, sino con intención de corregir; sino lo hacéis así, os hacéis peores que el que peca. Este comete una injuria y cometiéndola se hiere a sí mismo con una herida profunda. Despreciáis vosotros la herida de vuestro hermano, pues vuestro silencio es peor que su ultraje.[2]

5. Oration

Señor, que quieres que todos los hombres se salven, ayúdanos a apartar del pecado a nuestros hermanos; que con sincero corazón los atraigamos hacia Ti, sin abandonar por ello nuestra propia conversión. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

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[1]Catena Aurea, vol. VI, p. 266

[2] Sermones 82, 1,4


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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna