Concilio Vaticano II: Cuando la historia se convierte en criterio de enjuiciamiento

Queridos amigos de Duc in altum, en el ámbito del debate sobre el Concilio Vaticano II, he aquí una intervención de Giovanni Formicola que ofrece algunas observaciones a la contribución de monseñor Guido Pozzo

Concilio Vaticano II: Cuando la historia se convierte en criterio de enjuiciamiento. Un artículo del blog de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/09/12/concilio-vaticano-ii-se-la-storia-diventa-criterio-di-giudizio/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Querido Aldo Maria,

he leído con atención la intervención de mons. Pozzo, y aun siendo yo un don nadie – estoy sin embargo bautizado y confirmado, por lo que habré recibido algunos dones del Espíritu – y querría desarrollar algunas breves consideraciones, pero en forma de pregunta.

1. Mons. Pozzo, con el cual, dicho sea de paso, estoy básicamente de acuerdo, escribe a propósito de la libertad religiosa que Dignitatis humanae confirma la doctrina tradicional de la Iglesia, pero poniendo al día valoraciones históricas, y subraya el derecho de inmunidad frente a la coerción del estado en materia de fe. Y presenta así la doctrina tradicional confirmada por DH (transcribo una síntesis de y pongo en negrilla los puntos que seguidamente someto a cuestión).

“[…] El Vaticano II, en Dignitatis humanae, vuelve a confirmar que la única verdadera Religión subsiste en la Iglesia católica y apostólica, a la cual el Señor Jesús confía la misión de comunicarla a todos los hombres (DH, n.1), y con ello niega el relativismo y el indiferentismo religioso, ya condenado por el Syllabus de Pío IX. Ello confirma la doctrina del Magisterio de la Iglesia que condena el derecho a la libertad religiosa entendida como licencia moral para adherirse al error (cfr. León XIII, Carta Encíclica Libertas) o entendida como derecho implícito al error (cfr. Pío XII, Discurso de 6 de diciembre de 1953), o como libertad civil ilimitada en materia religiosa o limitada sólo por un orden público entendido en sentido naturalista, o a una libertad religiosa sin distinción.  Cabe además señalar que esta condena enunciada por el Magisterio de la Iglesia, especialmente a través de la Encíclica de Pío IX Quanta cura y del Syllabus, se refería también a la concepción implícita en la afirmación de dichos derechos, esto es, a un nuevo orden civil y social fundado en el indiferentismo y el relativismo.  El Syllabus condena también la proposición según la cual “todo hombre es libre de abrazar y profesar la religión que estime a la luz de su razón” [me parece que en Abu Dabi, sicut litterae sonant, esta proposición ha sido absuelta en apelación]. La perspectiva subjetiva de la religión es el fundamento de esta reivindicación de la libertad religiosa, por lo que la Iglesia reacciona a la desnaturalización y disolución de la verdadera religión que es la cristiana. Sin embargo, ello debe sostenerse junto con la afirmación de la doctrina católica tradicional según la cual no hay igualdad entre los derechos de la verdadera religión y del verdadero culto ofrecido a Dios respecto de los derechos de las otras religiones y de los otros cultos. Una cosa es la afirmación de la igualdad de los derechos de las personas (tesis sostenida por DH), y otra muy distinta es la afirmación de la igualdad de los derechos de las religiones como tales (tesis condenada por el Magisterio precedente)“.

Recuerdo que cuando era un joven estudiante en la escuela media – es decir, entre los años 1970 y 1973 – tenía un compañero de clase, uno de tantos que así sigue, que decía no estimar la Iglesia y la religión católica por la pretensión que tienen de verdad y de unicidad (sobre esto se discutía en clase en la escuela media en los primeros años de la década de 1970). Hoy, ¿cuántos en el mundo – de buena o mala fe, creyentes o no creyentes, cristianos o no cristianos, clérigos o laicos – atribuirían a la Iglesia católica tal pretensión? ¿Quién sostiene que las partes arriba citadas en negrilla, condenas y aserciones, sean actualmente la doctrina de la Iglesia? Y si es cierto, como me parece, que sólo una ínfima minoría lo sostiene (quorum ego), tan minoritaria que no es relevante estadísticamente, ¿es posible que el Concilio Vaticano II y Dignitatis humanae no tengan nada que ver? Según el Papa sí tienen que ver, ya lo creo que sí, tanto que ha presentado la declaración de Abu Dabi como “el Concilio” aplicado a esta cuestión. Salvo que se contradiga – como hace a menudo, y algún malvado diría “jesuíticamente” (aunque san Ignacio sea inocente) -, y hable, para quitarse de en medio a un santo obispo insistente, de “voluntad permisiva” de Dios en cuanto a la pluralidad de sus imágenes, cultos y religiones. Ahora bien, mientras en la declaración se dice expresamente “consciente voluntad divina”, si por el contrario se tratase de “voluntad permisiva”, en ese caso la diversidad de religiones sería un mal, porque Dios “permite” el mal, mientras que desea el bien.

2. La cuestión del carácter pastoral y de su primado sobre la doctrina, más allá de toda legítima sutileza, tiene fácil solución, a mi juicio. Se deriva del mismo método que conduce al primado de la verdad: si el relativismo es “verdadero”, entonces la verdad existe, y por tanto no todo es relativo (cfr. Timothy Williamson, Yo tengo razón y tú te equivocas. Un diálogo filosófico, editado en lengua italiana por Mulino, Bolonia, 2016); al primado de la metafísica: decir que la metafísica no existe es una afirmación metafísica, y por tanto “se hace” metafísica incluso cuando se niega; al primado de la filosofía sobre el cientifismo positivista: la cuestión de la filosofía es filosófica, la cuestión de la ciencia no es científica, sino filosófica. De tal modo, la doctrina se explica a sí misma, la pastoral no se explica por sí misma sino por la doctrina, pues de lo contrario es una mera praxis, lo que ni siquiera el pastoreo es ni puede ser.

3. En cuanto al punto 1. c) de la conclusión (“proponiendo enseñanzas auténticas que requieren la dedicación de intelecto y voluntad, incluso si no se exige una adhesión de fe o un asentimiento incondicional, dado que no se trata de doctrinas propuestas como divinamente reveladas ni de forma definitiva”), nunca he tenido la fortuna de encontrar un solo ejemplo de estas “enseñanzas auténticas” del Concilio Vaticano II – como sin embargo sí se hace con absoluta claridad respecto al precedente punto b) a propósito de la plenitud sacramental de la ordenación episcopal – que me ayudase a entender. Sí, porque yo, laicus rusticus et idiota, necesito comprender, y los ejemplos ayudan.

4. “En la Constitución pastoral Gaudium et spes, en los Decretos y en las Declaraciones a veces hay enseñanzas doctrinales, pero la mayoría de las veces se proponen indicaciones u orientaciones de orden práctico, o sea indicaciones, exhortaciones y directivas pastorales como aplicación de la doctrina, teniendo presentes las circunstancias del momento actual“.

Si es así (negrilla) – y no se trata de palabrería y lenguaje algo banal (se deja de utilizar “por lo que”, o “además”) – ¿no es evidente que por lo mismo se trata de documentos que decaían según se estaban escribiendo?  La brusca aceleración de la historia y de la cultura (mentalidad) a comienzos de la década de 1960 ya era una realidad, y las “circunstancias del momento actual”, continuamente mutables, ¿no los situaban de inmediato en el pasado, suerte inevitable de quien se queda solo, o al menos demasiado, en el tiempo?  A mí me parece que Cronos devora siempre a sus hijos: hay textos del Magisterio muy actuales (cfr. el justamente redenominado Sillabo) porque juzgaban las épocas (en el sentido de kairòs, “tiempo cualitativo”), y no las transformaban en criterio de enjuiciamiento. La historia no es juez, sino que es llamada a juicio.  Y la Iglesia nada ha de aprender del estado, aunque sea meramente “laico” (lo que rápida e inevitablemente degenera en laicista), y mucho menos de la modernidad, obviamente entendida como “tiempo cualitativo, cultural”, y no como simple contemporaneidad cronológica.

Giovanni Formicola


En Duc in altum el debate sobre el Concilio Vaticano II se ha desarrollado hasta el momento a través de las contribuciones siguientes:

Carlo Maria Viganò, Excurso sobre el Vaticano II y sus consecuencias, 10 de junio de 2020

Aldo Maria Valli, El Concilio Vaticano II y los orígenes del descarrilamiento, 14 de junio de 2020

Carlo Maria Viganò, ¿Tarea del próximo papa?  Reconocer la infiltración del Enemigo en la Iglesia, 27 de junio de 2020

Enrico Maria Radaelli, El Dogma y el Anticristo.  El Concilio Vaticano II y el maxi-golpe de monseñor Viganò, 4 de julio de 2020

Carlo Maria Viganò, No pienso que el Vaticano II sea inválido, pero ha sido gravemente manipulado, 4 de julio de 2020

Aldo Maria Valli, El Vaticano II y ese error fatal, julio de 2020

Serafino Maria Lanzetta, El Vaticano II y el Calvario de la Iglesia, 13 de julio de 2020

Alfredo Maria Morselli, “El Concilio no es la causa de todos los males”, 14 de julio de 2020

AA.VV, Consenso internacional al debate sobre el Vaticano II abierto por los obispos Viganò y Schneider, 15 de julio de 2020

Enrico Maria Radaelli, Por el retorno del dogma.  O sea para hacer que la Iglesia vuelva a Cristo, 16 de julio de 2020

Giovanni Cavalcoli, “Los resultados pastorales del Concilio pueden discutirse, pero su doctrina ha de aceptarse”22 de julio de 2020

Fabio Scaffardi, El Vaticano II y aquel “espíritu” que hay que aclarar.  Con las palabras de Barsotti y Giussani, 27 de julio de 2020

Cooperatores Veritatis, Vaticano II / Por qué no llegó la primavera sino un crudo invierno, 31 de julio de 2020

Alessandro Martinetti, El Concilio, el cardenal Biffi y aquellos “acentos” que traicionaban las palabras, 6 de agosto de 2020

El cardenal Joseph Zen responde al professor de Mattei, 8 de agosto de 2020

De Mattei replica al cardenal Zen, 9 de agosto de 2020

Carlo Maria Viganò, No cedamos a la tentación de abandonar la Iglesia porque esté invadida por herejes y fornicadores:  ¡es a ellos a los que hay que expulsar!, 2 de septiembre de 2020

Eric Sammons, “Yo defendía el Concilio Vaticano II y ahora lo critico.  He aquí por qué”

Carlo Maria Viganò, Respuesta al padre De Souza y al padre Weinandy, 4 de septiembre de 2020

Guido Pozzo, Renovación y continuidad, 10 de septiembre de 2020


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor
Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/