Clubs de los padres y reuniones de chicas

¿Deberes sociales, clubs de los padres? Lo primero en el hogar cristiano es atender la crianza de los hijos

Clubs de los padres y reuniones de chicas

EL HOGAR CRISTIANO: UNA GUÍA PARA LA FELICIDAD EN EL HOGAR
Celestino Strub, O.F.M.

Traducido por Augusto Pozuelos

Reuniones de chicas

No menos desastrosos que las pandillas al interrumpir el círculo familiar son las reuniones de chicas, así como los clubes de padres y madres. Las objeciones que se deben hacer contra las reuniones de las chicas, a menos que sus reuniones sean mucho menos frecuentes y estén debidamente acompañadas, son los mismos que he hecho contra las pandillas de chicos. Abren la puerta a la libertad desenfrenada y al desprecio de las convenciones consagradas por el tiempo, por las cuales el elemento menos respetable entre nuestra joven feminidad moderna, es condenado con tanta justicia.

Clubs de los padres

En cuanto a los clubes a los que pertenecen los padres y especialmente las madres, con hay que tener más cautela que con ellos. Muchos niños se ven privados del cuidado de sus padres y de todas las bendiciones de la vida hogareña debido a la loca devoción de su madre por su club, o por lo que ella pretende dignificar con el nombre de “deberes sociales”. Hay esposas y madres que se imaginan que deben estar ocupadas en casi todas partes, excepto en sus propios hogares. Una tarde o noche deben estar en su club; otra tarde, en una fiesta de cartas; otro día, deben asistir a una merienda o a una conferencia; y otro día más, un círculo de lectura o costura. Y así, gracias a sus llamados deberes sociales, en su mayoría están ausentes de sus hogares y acaban descuidando a sus propios hijos.

La caridad comienza en casa

Si tales madres se dedicaran concienzudamente a la tarea encomendada por Dios de criar y educar a sus propios hijos en lugar de asistir, o incluso dar, conferencias sobre la elevación de la sociedad, la sociedad estaría mucho mejor de lo que está en la actualidad. Puede ser que algunas de estas mujeres sean sinceras y bien intencionadas en el fondo y que, cegadas por el encanto de las actividades altruistas, no se den cuenta de su error.

Pero la verdad del asunto es que la realización del trabajo de asistencia social es a menudo una excusa para descuidar las tareas domésticas más limitadas y tediosas. No importa cuán bueno y loable sea practicar las obras de misericordia corporales y espirituales, nuestro Señor ciertamente no toleraría que una mujer las practique al precio descuidar a su propia familia. El primer deber social de una mujer es con su propia familia. Primero, que se cumpla debidamente con ese deber, y luego puede pensar en extender sus actividades caritativas con los de fuera. [Esta verdad también se aplica a los esposos y padres.] La caridad debe comenzar en el hogar.

Sobreestimación del valor de las películas

Una segunda atracción que atrae no sólo a los hombres y mujeres jóvenes, sino incluso a sus hermanos y hermanas menores fuera del hogar por la noche es el teatro, y especialmente el cine. Mucho quizá puede decirse a favor de la “película”, no sólo por su valor recreativo sino además por su valor educativo; sin embargo, opino que este valor está muy sobrevalorado y que, en lo que respecta a los niños, cualquier nivel de educación que pueda obtenerse asistiendo a películas cinematográficas puede obtenerse igualmente bien por otros medios.

En otras palabras, creo firmemente que un niño que nunca asistió a una “película” puede, y lo será en la mayoría de los casos, ser tan bien educado como uno que asistió a “películas”. Se podría mostrar que todo lo bueno que logran las “películas” (y me refiero sólo a las buenas), queda descartado por el daño que indirectamente hacen incluso a la causa de la educación. Pero como hablo ahora de la “película” sólo en su relación con el hogar, quiero enfatizar aquí simplemente este resultado dañino de la asistencia al “cine”, que retira a los miembros de la familia del santuario del hogar y, al desarrollar el hábito de la “película”, les hace imposible participar adecuadamente de la influencia benéfica de la vida familiar cristiana.

En vista del hecho de que los niños no se pierden de nada que valga la pena por asistir rara vez a las películas, y que la asistencia frecuente casi inevitablemente los aleja de una de las mejores influencias educativas, la de una buena vida hogareña católica, es difícil entender cómo padres teóricamente reflexivos pueden ser tan imprudentes como para llevar a sus hijos pequeños a tales diversiones incluso antes de que estos últimos tengan la edad suficiente para asistir a la escuela. Pero esos padres suelen cosechar el fruto de su locura. Si los niños se acostumbran desde la primera infancia a frecuentar los lugares públicos de diversión, no es de extrañar que en su adolescencia difícilmente se les pueda impedir deambular por las noches.

EL HOGAR CRISTIANO: UNA GUÍA PARA LA FELICIDAD EN EL HOGAR.
Celestino Strub, O.F.M. (Clubs de los padres y reuniones de chicas)

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