Vaticano II. Por qué no llegó la primevera sino un crudo invierno

Queridos amigos de Duc in altum, recibo de Cooperatores Veritatis una contribución acerca del Concilio Vaticano II que viene a añadirse a las que ya hemos publicado en el curso del debate desencadenado por las intervenciones de monseñor Carlo Maria Viganò (abajo figura una lista de los diferentes artículos).

Vaticano II. Por qué no llegó la primavera sino un crudo invierno en la página de Aldo María Valli

Texto original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/07/31/vaticano-ii-perche-non-arrivo-la-primavera-ma-un-rigido-inverno/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Don Divo Barsotti y el Concilio Vaticano II

El siervo de Dios don Divo Barsotti (1914-2006) estudió con atención el Concilio Vaticano II y sus documentos, resultando perturbado por ellos, aun sin poner en discusión su legitimidad, como escribió en sus diarios.

Si hubo alguien a quien no se podía acusar de tradicionalismo “torpe” o de conservadurismo “vulgar” era el siervo de Dios don Divo Barsotti (1914-2006), fundador de la Comunidad de los hijos de Dios. También él fue agitado por los “vaivenes del viento de las innovaciones” al final de los años 40-50, cuando comenzó a tener diversos encuentros e intercambios epistolares con ilustres personalidades de la nouvelle theologie (Henri de Lubac, Jean Danielou, Hans Urs von Balthasar, Louis Bouyer), además de con exponentes del “catolicismo democrático” (Giorgio La Pira y Giuseppe Dossetti) y del “catolicismo del disenso” (David Maria Turoldo y Ernesto Balducci), manteniéndose sin embargo independiente de los mismos.

En efecto, don Divo fue duramente “apaleado” por el ex Santo Oficio cuando se rechazó un libro suyo de los años 50. A diferencia de muchos de los nombres citados antes, él no se enfrentó jamás a la Iglesia, ni pensó en una rebelión “interna” y “oculta” en espera de tiempos mejores, y así – aun con amargura, porque pensaba que sus argumentos y pensamiento no habían sido suficientemente examinados – tomó la pluma y reconoció «[…] que algunas expresiones del libro podían inducir a error […] Por razón de estos errores o de dichas expresiones que podían inducir a error, he creído mi deber hacer retirar el libro del mercado» [1].

Inclinando dulcemente la cabeza y aceptando la humillación, don Divo comprendió – según diría después – «que amaba la Iglesia más que a mí mismo» [2]. En realidad, por su sincero amor a la Iglesia, en nuestra opinión, el Señor lo protegió de aquellos “vaivenes del viento de las innovaciones” que tomaron el control del mundo católico en los años 60.

Letra y espíritu del Concilio

Come fue reconocido por el propio papa Pablo VI, después del Vaticano II no llegó la “primavera” que él y su predecesor, Juan XXIII, esperaban, sino un crudísimo “invierno” [3]. ¿Cómo fue posible todo ello? Para muchos se debió al hecho de que triunfaron, en el mundo católico, no las verdaderas enseñanzas del propio Vaticano II (esto es, los documentos, la “letra del Concilio”), sino los “vaivenes del viento de las innovaciones” (o sea el celebérrimo y nefasto “espíritu del Concilio”) [4].

¿Se trata en verdad de un “diagnóstico” correcto? ¿Letra y espíritu no son quizás las dos caras de la misma moneda?

Ciertamente, con el Vaticano II los novatores no obtuvieron todo lo que querían, pero el hecho de que ahora ocupan la Jerarquía de las más altas cátedras significa que, de entonces hasta ahora, han encontrado más puertas abiertas que cerradas.

Don Divo Barsotti estudió el Vaticano II y sus documentos con atención, y ellos le provocaron perturbación – aun sin poner jamás en discusión su legitimidad [5] –, como escribió en sus diarios. «Estoy perplejo en relación con el Concilio mismo: la plétora de documentos, su longitud, a menudo su lenguaje, me dan miedo. […]» [6]. Con relación a los documentos del Concilio añadirá que «[…] no han sido impedidos los equívocos, la ambigüedad y sobre todo no ha sido impedida la presuntuosidad, ni la ambición y el resentimiento, ni la superficialidad y la voluntad de una renovación que quería ser transgresión, desarraigo de la tradición dogmática, disminución de la tradición espiritual» [7]. Para don Divo, el Vaticano II, «quizás porque quiso decir demasiado, no dijo mucho» [8].

¿Esto significa que, para el sacerdote toscano, el Vaticano II fue un error? «Ciertamente no», respondió. «La Iglesia tenía necesidad de confrontarse con la cultura del mundo, y el Espíritu Santo impidió que en los documentos se insinuase el error; pero incluso si todo en el Vaticano II es correcto, no vale decir que todo fuese oportuno» [9].

De hecho, el documento que más le hacía palidecer era la constitución pastoral Gaudium et spes en cuanto que «la ambigüedad se manifiesta evidente, y es extremadamente grave, por el hecho de que las relaciones Iglesia-Mundo no se resuelven en el martirio. La Cruz no está en el centro de la teología del Concilio, no es la solución y cumplimiento de la misión de la Iglesia» [10]. De ello no cabe deducir sino que el Vaticano II «[…] Es bien poca cosa en comparación con los concilios que lo han precedido. El número mismo de sus documentos, más que revelar su grandeza, revela la presuntuosidad de los obispos y la pobreza de su magisterio» [11].

La presuntuosidad de los padres y de los peritos conciliares

Don Divo no dejó de amonestar duramente a los padres y peritos conciliares. Los puso “en evidencia” afirmando que «la defensa a ultranza del Concilio revela la mala conciencia de quien lo defiende… Si es obra de Dios, no necesita ser defendido. […]» [12].

A los padres conciliares y a los obispos del post-concilio les echaba en cara: «No han querido condenar el error y han pretendido “renovar” la Iglesia, casi como si “su” Concilio pudiera ser el nuevo fundamento de todo» [13]. Por esto declaró el sacerdote toscano: «[…] Yo no sé qué hacer con una Iglesia que nace hoy. Si se rompe la unidad, la Iglesia está ya muerta. La Iglesia sólo está viva si, sin solución de continuidad, yo soy uno en la Iglesia con los Apóstoles para ser uno con Cristo» [14]. Por ello no dudó en recordar severamente a los sucesores de los Apóstoles su deber más importante: confirmar en la Fe. Que los obispos «[…] me digan aquello en lo que debo creer y aquello que debo rechazar» [15].

Con los peritos conciliares y sus discípulos los teólogos no fue menos tierno: «[…] Pero sobre todo me indigna el comportamiento de los teólogos. Les creeré cuando les vea ardiendo verdaderamente, consumados por el celo de salvación del mundo. […] Todo el resto es retórica. Sólo la santidad salva a la Iglesia. ¿Y dónde están los santos? Nadie parece ya creer en ellos» [16]. De hecho, «la novedad de una teología – escribió don Divo – que reniega de la teología del pasado, deja de ser una novedad cristiana» [17].

Don Divo puso particularmente en guardia contra los “discípulos” del jesuita Pierre Teilhard de Chardin (fallecido en 1955), porque él fue «el pensador que está tras muchos de los errores que contaminan la teología (y la mentalidad) moderna. Fue el maestro de ciertos peritos y expertos conciliares» [18]. Justamente contra ellos padecía un «sentido de rechazo que me agita y me conmueve desde lo más profundo contra la ebriedad fácil de los teólogos que glorifican el Concilio. Se transfiere al acontecimiento su propia victoria personal, una orgullosa satisfacción que nada tiene de evangélica» [19].

Además, no acertaba a comprender «cómo se podía ser tan duro con Lefevbre (que erraba, pero en todo caso sobre el plano disciplinar) y dejar pasar a los que, como Küng, Curran, Schillebeeckx, ponían en discusión el Dogma» [20].

Los responsables y la causa de la crisis de la Iglesia

Para don Divo Barsotti los verdaderos responsables de la crisis de la Iglesia y en la Iglesia son los teólogos [21] (muchos de los cuales ocupan hoy abundantes cátedras episcopales). En efecto, señalaba como causa individual de esta terrible crisis la gigantesca «ligereza de haber querido provocar y tentar al Señor» [22].

Puesto que «todas las enseñanzas del Concilio, toda la acción de la Iglesia, todo queda en el vacío – explicó el sacerdote toscano – si la Iglesia ya no tiene el coraje de dar testimonio de la divinidad de Cristo» [23].

Bibliografía

Padre Serafino Tognetti (editor) Divo Barsotti. Il sacerdote, il mistico, il padre, San Paolo, 2012

Francesco Agnoli, Lorenzo Bertocchi, Sentinelle nel post-Concilio. Dieci testimoni controcorrente, Cantagalli, 2011

Notas

[1] Padre Serafino Tognetti (editor) Divo Barsotti. Il sacerdote, il mistico, il padre, San Paolo, 2012, págs. 187-191.

[2] Ibidem.

[3] «Se pensaba que después del Concilio vendría una jornada de sol en la historia de la Iglesia. Por el contrario, vino una jornada de nubes, tempestades, niebla, búsqueda, incertidumbre» (Pablo VI, sermón en la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, 29 de junio de 1972).

[4] Posición defendida por el papa Benedicto XVI cuando, durante el discurso a la Curia romana de 22 de diciembre de 2005, habló de dos hermenéuticas conciliares: la primera es la correcta (reforma en la continuidad), la segunda es errónea (ruptura y discontinuidad).

[5] «El Concilio era ciertamente legítimo, pero no se limitó a poner comas en el discurso continuo de la Tradición. Y yo era incapaz de comprender por qué se citaba casi sólo exclusivamente a este último Concilio» (Don Divo Barsotti, Nel Figlio al Padre, pág. 257)

[6] Don Divo Barsotti, Battesimo di fuoco, pág. 58.

[7] Don Divo Barsotti, La Presenza donata, pág. 103.

[8] Don Divo Barsotti, Nel cuore di Dio. Diario 11 febbraio 1984 – 12 marzo 1985, pág. 284.

[9] Sandro Magister, Un filosofo, un mistico, un teologo suonano l’allarme alla Chiesa, 7 de febrero de 2005.

[10] Don Divo Barsotti, L’attesa. Diario 1973-1975, págs. 213-214

[11] Don Divo Barsotti, Nel Figlio al Padre, pág. 257.

[12] Don Divo Barsotti, Battesimo di fuoco, pág. 272.

[13] Don Divo Barsotti, Fissi gli occhi nel sole, pág. 117.

[14] Don Divo Barsotti, Le responsabilità dei preti. Prediche al Papa, 2010, págs. 105-106

[15] Don Divo Barsotti, I cristiani vogliano essere cristiani, editado por P. Canal, pág. 272.

[16] Don Divo Barsotti, Battesimo di fuoco, pág. 58.

[17] Don Divo Barsotti, Dopo il Concilio, 1970, pág. 90.

[18] Don Divo Barsotti, I cristiani vogliano essere cristiani, editado por P. Canal, pág. 164.

[19] Don Divo Barsotti, Battesimo di fuoco, pág. 58.

[20] Don Divo Barsotti, I cristiani vogliano essere cristiani, editado por P. Canal, pág. 183-184.

[21] Stefano Albertazzi, Sull’orlo di un duplice abisso, San Paolo, 2009, pág. 37.

[22] Don Divo Barsotti, Battesimo di fuoco, pág. 27.

[23] Stefano Albertazzi, Sull’orlo di un duplice abisso, San Paolo, Milán 2009, pág. 373

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Fuente: Cooperatores Veritatis


En Duc in altum, el debate sobre el Concilio Vaticano II se ha articulado hasta la fecha mediante las siguientes intervenciones:

Carlo Maria Viganò, Excursus sul Vaticano II e le sue conseguenze, 10 de junio de 2020

Aldo Maria Valli, Il Concilio Vaticano II e le origini del deragliamento, 14 de junio de 2020

Carlo Maria Viganò, Compito del prossimo papa? Riconoscere l’infiltrazione del Nemico nella Chiesa, 27 de junio de 2020

Enrico Maria Radaelli, Il Dogma e l’Anticristo. Il Concilio Vaticano II e la maxi-spallata di monsignor Viganò, 4 de julio de 2020

Carlo Maria Viganò, Non penso che il Vaticano II sia invalido, ma è stato gravemente manipolato, 4 de julio de 2020

Aldo Maria Valli, Il Vaticano II e quell’errore fatale,  julio de 2020

Serafino Maria Lanzetta, Il Vaticano II e il Calvario della Chiesa, 13 de julio de 2020

Alfredo Maria Morselli, “Non è il Concilio la causa di tutti i mali”, 14 de julio de 2020

AA.VV, Consenso internazionale al dibattito sul Vaticano II aperto dai vescovi Viganò e Schneider, 15 de julio de 2020

Enrico Maria Radaelli, Per il ritorno del dogma. Ovvero per far tornare la Chiesa a Cristo, 16 de julio de 2020

Giovanni Cavalcoli, “Gli esiti pastorali del Concilio possono essere discussi, ma le dottrine vanno accettate”22 de julio de 2020

Fabio Scaffardi, Il Vaticano II e quello “spirito” su cui va fatta chiarezza. Con le parole di Barsotti e Giussani27 de julio de 2020

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/