La verdad engrendra odio

Un tema real y que se ve a diario en las redes sociales, la verdad engrendra odio, ¿Debemos medir lo que decimos?

La verdad engrendra odio. Un artículo de Juan Manuel Rubio

Hace varias semanas, una escritora de gran éxito tuvo la osadía de afirmar, en su cuenta de no sé qué red social, una distinción entre las mujeres de nacimiento y las mujeres trans: las primeras pueden experimentar menstruación. (Nota para los no versados en la buena nueva de la ideología de género: una mujer trans es una persona que, de nacimiento, es hombre, pero afirma ser, sentirse o haberse transformado en mujer).

Lo dicho por esa escritora es una perogrullada indigna de atención, si no fuese porque en ese estercolero denominado «redes sociales» fue objeto de una de las más furibundas campañas de insultos y amenazas de muerte; hasta los empleados de su editorial se reunieron para debatir solemnemente si debían dejar de publicar los libros de una persona con tal falta de sensibilidad –el más torpe de los que lean esto adivinará lo que eligieron entre sensibilidad y ventas millonarias-.

La escritora en cuestión es persona muy inclinada hacia las posturas políticamente correctas de género e izquierdistas, hasta recuerdo haber oído que regó algún grupo de esos con mucho dinero, por lo que podría aplicar la idea de justicia poética o decir, como aquel Gran Visir turco al que el embajador del Rey de Francia fue a comunicar una victoria sobre los españoles, «¿Qué le importa al Sultán si el perro se come al cerdo o el cerdo se come al perro?»

Suavizando las aristas de un comentario del siglo XVII por parte de quien era, a buen seguro, un machista redomado sin la menor sensibilidad de género, ni multicultural, ni de respeto a los derechos de los animales ¿qué me importa a mí, aparte de obtener cierto maligno placer, que se peleen los diversos grupos contrarios a mis más elementales convicciones y a la evidencia biológica? Yo no atizo ni quiero atizar, pero si ellos se quieren pelear ¿quién soy yo para juzgar?

Pese a las consideraciones anteriores, el caso me recordó a San Agustín y su «¿De dónde viene que la verdad engendra odio…?» Cierto que San Agustín en sus Confesiones, libro X, capítulo XXIII, medita sobre el tema con más altura, pensando en verdades más trascendentes que esas diferencias fisiológicas entre mujeres cis y trans; pero toda verdad, por pequeña que sea, es verdad, es una parte, reflejo o testimonio de la Verdad; al menos no nos desencamina. Incluso podríamos decir que cualquier minucia verdadera se agranda si es combatida. Además ¿por qué una verdad tan pequeña desencadena tanto odio? amenazas de muerte incluidas, ¿porqué se desatan las iras contra la que dice algo tan evidente como que el agua moja o que hay diferencias entre el día y la noche?

Para mí está claro, la ideología de género es una masa compacta de disparates y dinero obtenido a base de presiones sobre los políticos y las empresas; el menor resquicio que se deje a la más insignificante verdad puede desestabilizar el tinglado y el peligro es mayor si viene de alguien de dentro que empieza a pensar con su propia cabeza. Dice San Agustín: «Muchos hombres traté que querían engañar, mas ninguno que quisiera ser engañado.» y aquí tenemos interesados en engañar y mantener el engaño. Son muchos más los que no tienen intereses materiales en el mantenimiento de esa ideología, pero también de esos escribió San Agustín: «Viene de que de tal manera la verdad es amada, que los que aman otra cosa quieren que aquello que aman sea la verdad; y así como no querrían ser engañados, no quieren ser convencidos de su engaño. Por amor de lo que toman por verdad odian ellos la verdad.»

En esta diabólica trampa nos tiene Satanás, padre y príncipe de la mentira, de todo engaño y ofuscación; a muchos en su mismo intelecto, a todos en la legislación y los usos que se van extendiendo en nuestra sociedad.

Juan Manuel Rubio

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