En este valle de lágrimas…

Quejas y más quejas ¿Se han parado a pensar en lo que quiere decir, “en este valle de lágrimas” que tantas veces hemos recitado?

En este valle de lágrimas…Un artículo de Cecilia González

Cada que se reza la Salve, uno puede meditar que la Santa Madre, es realmente un refugio en este valle de lágrimas. Sin embargo, en este último mes, me he topado con católicos que parece no se dieron cuenta que no vivimos en el paraíso y que esta vida está llena de pruebas y que aún, lo que vendrá, quizás sea aún más complicado.

Hace un mes también, tuve la oportunidad de aprender un poco más sobre temas que nunca llevé en la clase de religión en mi colegio jesuita en Bolivia. Gracias a la invitación de un sacerdote de la FSSPX, aparecí tomando nota mental en las clases sobre filosofía cristiana, algo que me encantaría que todo colegio católico nunca hubiera perdido. Quizás así, no se perderían tantas almas.

Reconozco que varias clases, fueron un reto para mi, que en los años de colegio ni llevé la filosofía clásica, y en mi formación principal, esta siempre estuvo a buena distancia. Aún con estos obstáculos de mi juventud, el leer libros de santos y algunos del magisterio, me dieron alguna ayuda para no estar tan perdida.

Uno de los temas que me interesó y ayudó a explicar varios comportamientos, modas, ideologías presentes, fue el de los Universales y el Nominalismo. Estos temas han estado desarrollados en este mismo portal: aquí y el más reciente aquí.

En este contexto, ha sido muy provechoso y he podido reforzar, la noción de que no hemos venido a esta vida a vivir de goce en goce, o a vivir una libertad, entendida esta como aquella que pregonan grupos como los lgbt o similares.

Pero desde finales de marzo a la fecha, he tenido que depurar mi lista de contactos más de una vez, pues aquellos contactos que antes edificaban con sus publicaciones, empezaron de pronto a solo despotricar, y entrar en un frenesí de conspiración. Incluso, a protestar y demandar que sus derechos sean respetados.

Si un barbijo les molesta y causa tanta ira ¿cómo será con pruebas mayores? Y ante la “desesperación”, se ponen a recetar una lejía gourmet, que es un desinfectante para pisos o blanquear papel, como medicina ¿imprudencia? TOTAL. No faltó quien me dijo que “hay testimonios” de curación. Bueno, los pastores herejes, también tienen muchos testimonios y no por eso nos los tomamos en serio.

Atrás quedaron los días cuando iban contentos hablando de sufrir por Dios. Bien, un poco de mortificación como una mascarilla o no salir tanto ¿es imposible? A finales de abril, cuando empecé a visualizar que esto no iba a cambiar en un largo tiempo, recuerdo que me puse a contemplar la imagen de la Virgen del Carmen que vela mis sueños. Siempre dulce, siempre con esa mirada maternal que nos espera con mucha paciencia. Toda la mortificación que pasó y sin quejarse. ¿Yo no puedo aguantar algo tan pequeño?

Tal parece que muchos han abrazado el liberalismo y ahora es “un derecho” poder salir a la calle porque “ningún gobierno me va a mandar qué hacer”, o imponer usar una mascarilla “para un virus que no existe” e imponerme “una vacuna con chip”. No faltó quienes me reclamaron su derecho a quejarse, cuando les recordé que mejor era hacer penitencia.

¿Qué está sucediendo? Ya ni los que se declaran de corte tradicional o carlistas escapan de esta locura.

He quedado perpleja. Y como consuelo, el otro día me crucé con algunas enseñanzas de San Vicente de Paul, que escribió y dejó enseñanza sobre la virtud de la mortificación.

Hago un alto acá, y deseo que este santo varón, nos permita reflexionar un momento sobre esas constantes quejas, cuando podríamos estar agradecidos, que al menos tenemos alimento, donde dormir y hasta internet. Más aún, nadie me ha podido quitar lo más importante, el regalo de la fe y aún puedo cada día realizar mis oraciones. San Vicente de Paul, ruega por nosotros.

«Después de todo, tenéis que estar resueltas a sufrir. Y ¿quién no sufre en la tierra? Pen­sad en las mejores almas que hayáis conocido y mirad a ver si no tuvieron todas ellas sufrimientos, unas de una clase y otras de otra. Quizás creáis que sois vosotras las úni­cas. Pero es una regla general que todas las personas buenas serán perseguidas: esto debe obligaros a no quejaros nunca ni a decir vuestras penas a las Hermanas o a los seglares. Hermanas mías, ¡cuántas han perdido su vocación por no haber tomado de la mano de Dios las mortificaciones que les llegaban y se arrepentían, cuando ya no era tiempo!» (IX, 798). San Vicente de Paul.

Cecilia González

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Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.