Coge mi cruz y sígueme

El Señor nos hace una invitación a todos nosotros, “coge mi cruz y sígueme”, ¿estamos dispuestos a ello?

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

Coge mi cruz y sígueme

1. Relato Evangélico (Mt 16, 21-27)

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos, que convenía ir El a Jerusalén, y padecer muchas cosas de los ancianos y de los escribas, y de los príncipes de los sacerdotes, y ser muerto, y resucitar al tercer día. 

Y tomándole Pedro aparte, comenzó a increparle diciendo: “Lejos esto de ti, Señor, no será esto contigo”. Y vuelto hacia Pedro, le dijo: “Quítateme de delante, Satanás, estorbo me eres; porque no entiendes las cosas que son de Dios, sino las de los hombres”. 

Entonces dijo Jesús a sus discípulos, “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame. Porque el que su alma quisiere salvar, la perderá. Mas el que perdiere su alma por mí, la hallará”.

“Porque ¿qué aprovecha al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué cambio dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces dará a cada uno según sus obras.”

2. Comentario al Evangelio

La vida de los elegidos del Señor no fue nada fácil, y en ella hubo momentos de flaqueza y desconfianza. La vida y misión de Jeremías, por ejemplo, estuvo marcada por la incomprensión y la desesperación del profeta ante un pueblo que no lo escuchaba y ante el aparente silencio de Dios. Tampoco se vieron exentos de dificultades los apóstoles en su misión, como evidencia dramáticamente san Pablo en sus cartas o como nos narra san Lucas en los Hechos de los Apóstoles; incluso durante su tiempo de formación, los discípulos encontraron serias dudas ante las palabras de Jesús, como nos indica el Evangelio proclamado. Todo ello evidencia, como dice el Señor, que aquel que pone acepta su llamada debe sobrellevar sobre sus hombros una pesada cruz, que no es sólo la de los peligros externos, sino también los internos, porque el Maligno no dejara piedra por remover para impedir la obra de Dios en la tierra.

3. Reflexión

No es apto para servir quien no es fuerte[1] nos advierte santo Tomás de Aquino.

Ser cristiano, que significa ser hijo de Dios, no es tarea fácil. Muchos piensan que por el hecho de serlo tienen todo resuelto, que no tendrán problemas ni dificultades, e incluso tendrán respuesta para todo. Sin embargo, la experiencia personal de cada uno de nosotros nos enseña, tristemente, que esto no es así. La cruz, la dificultad y la tentación siempre están ahí presentes para recordarnos nuestra debilidad y la necesidad de una fe más madura y firme, asentada en una profunda relación personal con Dios, manifestada en la práctica sacramental, y en especial, en la Santa Misa. Sacrificio de Cristo y de la Iglesia, en la Eucaristía no sólo se ofrece el mismo Cristo, por manos de su sacerdote, sino también todos y cada uno de nosotros como “ofrenda viva, santa, agradable a Dios”[2].

Este es el verdadero culto que le agrada, en el cual ofrecemos nuestros dolores, sufrimientos, angustias, dudas…, pero del que también extraemos la fuerza necesaria para afrontarlos. Más que en nuestras fuerzas, limitadas, al fin y al cabo, debemos confiar para el combate diario en la gracia que el Señor nos proporciona cada día en su sacrificio eucarístico. Participando espiritualmente del mismo, acompañando a Cristo sacerdote y victima en su pasión, muerte y resurrección, renovados místicamente en la Santa Misa, también nosotros participaremos de su ofrenda al Padre y alcanzaremos todas aquellas gracias necesarias para llevar a buen puerto nuestro peregrinar terreno.

4. Testimonio de los Santos Padres

SAN GREGORIO MAGNO (590-604)

Se niega a sí mismo aquel que reforma su mala vida y comienza a ser lo que no era y a dejar de ser lo que era.

Homiliae in Hiezechihelemprophetam, hom. 10

5. Oración.

Señor Jesucristo, fuente de vida y salvación, fortalécenos con tu gracia para afrontar los problemas y dificultades de cada día; que, confiados en Ti, no perdamos nunca la esperanza y, participando de tu Misterio Pascual, alcancemos el premio de la vida eterna. Amén.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

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[1]Catena aurea, Vol. I, p. 52

[2]Rom 12, 1

Nuestra recomendación externa: La soledad Sacerdotal


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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna