Americanismo y Ecumenismo

¿Cuál es el tema a tratar en este artículo por nuestro compañero, Miguel? Americanismo y ecumenismo y para ello partimos de un documento de León XIII

Americanismo y Ecumenismo. Un artículo de Miguel Toledano

El 22 de enero de 1899, el papa León XIII publicó su importante carta Testem benevolentiae sobre el americanismo, mediante la que desaprobaba el sistema estadounidense de catolicismo como modelo a imitar.

Concretamente, la Iglesia católica en los Estados Unidos no es considerada como manifestación de la única religión verdadera, sino que, de acuerdo con la primera enmienda de su Constitución, queda prohibido en aquella nación el reconocimiento de toda religión como cierta y excluida la prohibición del libre ejercicio de cualquier credo en plano de igualdad.

El americanismo consiste en la exaltación entre los católicos de dicho paradigma de relación Iglesia-Estado. Lamentablemente, desoyendo la censura pontificia, durante el siglo XX se ha ido extendiendo tal modelo de factura estadounidense por el ancho mundo, a menudo bajo el eslogan de la “libertad religiosa”.

Hasta la misma Iglesia católica, en su polémico documento pastoral Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II, cayó en una tal exaltación, cuando en 1965 declaró que es necesario que se reconozca y respete el derecho a la libertad en materia religiosa a todas las religiones (“comunidades religiosas”, las llama ambigua y eufemísticamente el texto conciliar).

Hay una evidente cacofonía entre Dignitatis humanae y Testem benevolentiae en este aspecto; como hay análoga oposición en el hecho de que el documento de León XIII recuerda una relevante advertencia -doctrinal, no pastoral- del Concilio Vaticano I, acerca de que el significado de los dogmas no puede ser modificado “con la pretensión o pretexto de un conocimiento más profundo de ellos” (Constitución De Fide Catholica, capitulo IV).

Y ésa es precisamente la metodología que, al comienzo de Dignitatis humanae, anuncia el segundo de los concilios vaticanos: “Este Concilio Vaticano estudia la sagrada tradición y la doctrina de la Iglesia, de las cuales saca a la luz cosas nuevas, de acuerdo siempre con las antiguas”. Lo de que estén de acuerdo o no con las antiguas será una conclusión a la que llegará el lector sin demasiada dificultad; aquí ya vemos que en absoluto. Pero pervive además el choque en el ámbito metodológico: la innovación que se propone en Dignitatis humanae es la modificación a la que resultaba tan alérgica, con mayor rango por ser doctrinal y no sólo pastoral, De Fide Catholica.

No obstante, volvamos a la cuestión principal: Hasta 1965 al menos, en que la Iglesia católica publicó un documento en esencia americanista, la Iglesia había condenado tal americanismo.

Pues bien, recientemente el profesor Mark David Hall, de la Universidad George Fox, ha afirmado que los Estados Unidos fueron fundados como nación basada en principios cristianos, aún sin ser exclusivamente una nación cristiana; las ideas y tradiciones incorporadas en la creación de los Estados Unidos eran cristianas, aunque los padres constituyentes establecieron la nación con libertad religiosa.

En su opinión, no hay ninguna duda de que su patria (América, como él y otros la llaman) “absolutamente tiene una fundación cristiana; sus fundadores eran cristianos1, estaban influenciados por ideas cristianas o por ideas desarrolladas dentro de la tradición cristiana de reflexión política; múltiples son las vías que los fundadores dedujeron de las creencias cristianas para crear el orden constitucional en el que hoy vivimos”.

A continuación, el profesor Hall ensalza ese modelo: concretamente afirma que a él no le hubiera gustado que los fundadores de los Estados Unidos hubiesen creado dicha nación como una nación cristiana, pues ello habría sido “excluyente”.

Realizar esa exaltación del modelo es exactamente lo censurado por León XIII y, por el contrario, tal es la estructura pastoralmente deseada por Dignitatis humanae.

Los padres constituyentes de los Estados Unidos “claramente abrazaron, por ejemplo, una visión de la libertad religiosa que protegiera a judíos, católicos, todas las especies de protestantes y después potencialmente a musulmanes, sijs y otras gentes de fes diferentes”, explica con veracidad el profesor Hall. Pero se trata, ciento por ciento, de lo excluido por León XIII y, sensu contrario, lo admirado precisamente por el progresismo católico del citado documento vaticanosegundista.

La mayoría de los fundadores, incluido el primer presidente, Jorge Washington, eran deístas; Thomas Jefferson, tercero de los presidentes, es conocido por haber realizado comentarios despectivos acerca de la Biblia.

Y sin embargo, el profesor Hall considera “horrible” invocar tal argumento; para él, la grandeza del orden constitucional estadounidense está por encima de la eventual heterodoxia de los padres fundadores. Americanismo puro y duro.

De entrada, hace una calificación restrictiva del deísmo para circunscribirlo únicamente a una pequeña parte de los constituyentes. Ni siquiera Jefferson seria deísta, mucho menos Washington, Madison o Adams. Cabe reconocer, según él, que no fuesen “cristianos ortodoxos” [?]; acepta igualmente que Jefferson y Adams fuesen “herejes” (la figura del hereje dentro del protestantismo es una institución curiosísima). Pero, para el autor que venimos comentando, sólo cuatro o cinco de entre los fundadores no eran cristianos ortodoxos -en esta peculiar consideración de la ortodoxia que luego analizaremos también-; y, en último término, concluye que “no tenemos documentos, así que no podemos hacer deducciones sólidas en un sentido o en otro”. Balones fuera para seguir exaltando el modelo.

El metodista Jorge Whitefield y los calvinistas Jonatán Edwards y Rogelio Sherman son presentados como antecedentes de la independencia estadounidense. De un cincuenta a un setenta y cinco por ciento de los fundadores eran, siempre según el mismo politólogo, calvinistas, cuya “tradición” permitió resistir a la tiranía británica. Más exaltación; y silencio respecto a la influencia de la Revolución Francesa sobre los admirados Washington, Adams, Jefferson, Madison, Franklin y Hamilton, anglicanos todos excepto Adams2.

En realidad, junto al americanismo subyace, en el mensaje del profesor Hall dirigido a la amplia audiencia estadounidense, el ecumenismo de Dignitatis humanae y de otros documentos del Concilio Vaticano II.

La autoridad civil, a partir de 1965 y siguiendo dichos documentos -por ejemplo el número 6 de Dignitatis humanae-, debe tratar en plano de igualdad a las distintas religiones, hasta el punto de considerar tal equiparación como perteneciente al bien común de la sociedad [sic] y contrario a la voluntad de Dios [sic] el hecho de cohibir la religión en un determinado grupo.

Más cercanamente a nuestro tiempo, sin necesidad de retrotraernos a los agitados años de la década de los sesenta del siglo pasado, el mismo romano pontífice ha ratificado esta visión ecuménica del profesor Hall cuando, por ejemplo, en la exhortación apostólica Reconciliatio et penitentiae de 1984 hablaba ambiguamente de “los hombres de buena voluntad y los verdaderos cristianos”, sin aclarar quiénes son éstos en un documento que se supone magisterial; y fomentaba el diálogo “entre todos los que integran el único Pueblo de Dios” y “por el bautismo y la profesión de fe se consideran miembros de la comunidad cristiana”.

¿Quiénes son los “verdaderos cristianos” para Juan Pablo II? ¿Lo serían esos cristianos “ortodoxos” estadounidenses que, según Hall, pertenecían al 98% de protestantes o al 75% de calvinistas fundadores?

¿El único Pueblo de Dios está integrado, además de por los católicos, por aquellos cristianos “ortodoxos” del mensaje americanista y ecuménico del profesor de la George Fox?

Sin duda, la mayoría de los padres constituyentes de las Trece Colonias se consideraban a sí y a sus representados, mediante el bautismo y la profesión de fe, “miembros de la comunidad cristiana”, por utilizar la terminología del recientemente proclamado papa santo. ¿Debemos nosotros seguir este magisterio post-conciliar, en la línea del profesor de Oregón, que considera a los protestantes y calvinistas junto a los católicos -en su exigua minoría- al momento de la fundación de los Estados Unidos?

Dignitatis humanae ha venido causando un no pequeño escándalo con su afirmación de que la única y verdadera religión no es la que proclama la Iglesia católica y apostólica, sino que “subsiste” en ella; por lo que los cristianos “ortodoxos” del profesor Hall y los “integradores del único Pueblo de Dios” de Juan Pablo II subsisten también con los católicos en esa supuesta Iglesia de Cristo.

El conservadurismo clerical y el ratzingerismo han querido restar autoridad magisterial a la declaración conciliar, tratando de superarla mediante su interpretación como un texto de segundo rango para contribuir a salir airosos del gazapo “subsistit” sin desautorizar explícitamente todo el desaguisado. El problema es que la sedicente constitución dogmática Lumen gentium, buque insignia del Vaticano II, había también afirmado en su punto octavo que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica, de tal modo que “fuera de su estructura se encuentran muchos elementos de santidad y verdad que son bienes propios de la Iglesia de Cristo”.

Más bien, nos parece que goza de mayor solidez y fidelidad apostólica la afirmación, con León XIII y todos los papas que le precedieron y que le siguieron hasta el desmadre vaticanosegundista, de que la Iglesia católica representa la única religión verdadera, que por consiguiente debe reconocerse como cierta a lo largo del orbe, incluidos los Estados Unidos de América.

Mas aún que el esclavismo, es el americanismo y el ecumenismo lo que supone el pecado original -nunca sanado, sino expandido con eficacia- de aquella nación.

En todo caso, constituye un tremendo desbarajuste de nuestro tiempo, por no decir desafuero, que la misma jerarquía romana, con apenas setenta años de diferencia, haya sido capaz de transmitir dos mensajes tan opuestos, causando una lamentable confusión por parte de quien se espera, con claridad magisterial, la difusión de la luz de la Verdad; como mínimo ha de respetarse el principio de no contradicción.

Miguel Toledano Lanza

Domingo duodécimo después de Pentecostés, 2020

1 98% protestantes, 2% católicos y hasta 1200 judíos, según las estimaciones del propio profesor Hall.

2 El profesor Hall cifra en el 15% el porcentaje total de anglicanos entre los fundadores de la nación. Cabría concluir, en términos sociológicos, que los Estados Unidos son de fundación calvinista.

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Miguel Toledano

Miguel Toledano

Miguel Toledano Lanza es natural de Toledo. Recibio su primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas y la Confirmación en ICADE. De cosmovision carlista, esta casado y es padre de una hija. Es abogado y economista de profesión. Ha desempeñado distintas funciones en el mundo jurídico y empresarial. En la actualidad es subdirector de un colegio internacional en Bruselas. Ha sido secretario general de la Fundación Nacional Francisco Franco y afiliado del partido político Alternativa Española. Es fiel asistente a la Misa tradicional desde marzo de 2000. Ha publicado distintos artículos en diferentes medios.