Viático, alimento para el camino

Un recorrido por los relatos evangélicos para adentrarnos en los Misterios de la vida del Señor, hoy hablamos del Viático.

Viático, Rev. D. Vicente Ramón Escandell

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

1. Relato Evangélico (Mt 10, 37-42)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa».

2. Comentario al Evangelio

Sigue Jesús con su discurso apostólico, en el que va dibujando el perfil del discípulo del nuevo Reino de Dios. El discípulo de Jesús no es ni un pusilánime ni un cobarde, sino que, asumiendo las dificultades inherentes a la misión misma del Maestro, debe manifestar en todo momento una actitud heroica y sacrificada. Y ello no sobre las bases de sus propias fuerzas, limitadas, al fin y al cabo, sino sobre la gracia que el Maestro les va a transmitir por medio de los sacramentos de la Nueva Alianza. Sobre esta base divina, el discípulo se encuentra capacitado para asumir la cruz de la llamada, de la misión que el Maestro le encomienda que comporta no pocos riesgos y renuncias. Una cruz que el mismo Jesús asumirá para dar ejemplo a sus discípulos, para que estos, no pudieran reprocharle, como a tantos maestros humanos, que cargara a los demás con un peso que él mismo no podría llevar. Jesús, signo de contradicción, supera así a los escribas y fariseos judíos, y a los filósofos paganos, al compartir con sus discípulos los mismos peligros, el mismo riesgo y, en definitiva, la misma muerte.

3. Reflexion

Al tomarlo sacramentalmente crece y se perfecciona la vida espiritual (…) la Eucaristía la hace crecer y perfecciona la vida espiritual para que el hombre sea perfecto en sí mismo, uniéndose a Dios, nos enseña santo Tomás de Aquino.1

La Eucaristía, sacrificio y sacramento, tiene como fin último, respecto al hombre, su santificación y participación en la vida divina. Esta es la meta de nuestra existencia y en ella se encuentra la gloria y felicidad del hombre. Por ello, siguiendo la Tradición de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino contemplaba el Sacramento eucarístico como “viatico”, que nos pone aquí en la tierra en el sendero que nos conduce a ese fin, a la patria celeste. Como el pueblo hebreo se alimentó del maná en su peregrinación hacia la Tierra Prometida, la Eucaristía, prefigurada por él, nos alimenta y fortalece a los cristianos en nuestro caminar hacia la verdadera Tierra de Promisión.

Existe, pues, un vínculo entre la vida cristiana y la Eucaristía que apunta, de modo inexorable, al fin último del hombre. Por un lado, esta se nos presenta como sustento en nuestra peregrinación, alimento que fortalece el alma, pero también el cuerpo, al que le abre las puertas de la inmortalidad; también, a través de la comunión sacramental, se desarrolla nuestra participación en la vida trinitaria, esa comunidad de amor personal, en la que, en la Humanidad glorificada de Cristo, estamos todos insertados. Al mismo tiempo, la Eucaristía es medicina contra el pecado, que enfriando o destruyendo, esa unión íntima con la divinidad, hace que nos desviemos del camino de la salvación, dirigiéndonos por sendas tortuosas a la condenación. Y finalmente, la Eucaristía es deleite del alma que vive la intimidad con Dios, la comunión íntima y gozosa con el Dios uno y trino, aún en medio de las más graves y dolorosas circunstancias. Sustento, alimento, medicina y esperanza, la Eucaristía hace crecer nuestra vida cristiana, que es tanto como decir, que nos ayuda a avanzar por el desierto, como al pueblo hebreo el maná, con la mirada fija en la meta de nuestra salvación.

Vemos, pues, la grandeza de este misterio que el Señor, en su infinita bondad, nos dejó en la noche del Jueves Santo y que se renueva, desde donde sale el sol hasta su ocaso, para gloria de Dios Padre y bien de las almas. Que el Señor nos conceda la gracia, a mí y vosotros, de amar cada día más la Eucaristía; de amarlo a Él presente en ella y de reparar, con nuestras oraciones y sacrificios, las ofensas que en ella recibe aquel que es el Amor de los amores.

4. TESTIMONIO DE LA TRADICION

SANTO TOMÁS DE AQUINO (1224/25-1274)

El tomar a Cristo en el sacramento se ordena como a fin al goce de la patria, a la manera como allí gozan de Él los ángeles. Y puesto que lo que se ordena a un fin depende de él, habrá que decir que la comunión de Cristo en el sacramento depende de algún modo de la comunión con la que los ángeles gozan de Él en la patria.

Por eso se dice que el hombre come <<el pan de los ángeles>>, porque primera y principalmente es de los ángeles, que lo disfrutan en figura propia; después, de los hombres, que lo reciben en el sacramento.

ST III, 80, 2

5. Oración

Señor y Dios nuestro, que nos has prometido que la prueba no superara nunca nuestras fuerzas; ayúdanos a encontrar siempre en la Eucaristía el Pan de los Ángeles que nos alimente, sane y aliente en nuestra peregrinación hacia Ti. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 ST III 79, 1

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna