No hay por qué sufrir en soledad

El día a día del hombre suele ser común de unos a otros, tristezas, alegrías, decepciones, ¿Es necesario sufrir en soledad todo lo que nos acontece?

No hay por qué sufrir en soledad, un artículo de Cecilia González

Hace unos días, me indicaban que “yo no sé lo que es ver sufrir a un ser querido”. A veces asumimos que el prójimo, nunca ha pasado los momentos de dolor que uno puede llegar a pasar.

He pasado mis momentos, de mirar en silencio como sufrían algunos seres queridos. Sobre todo recuerdo el caso con mi abuela, que en las últimas crisis que pasó, tuve que mantener la calma, mientras una de sus hijas caía en la desesperación y clamaba “¿por qué ella si es tan buena?”

Recuerdo que se me salió el decir “Bueno solo es Dios”. Imagino la mirada que se posó sobre mi en aquel instante, por lo cual, luego de una pausa, tuve que recordar que todos tenemos muchas deudas con Dios y que al contrario, de pensar que esos momentos de sufrimiento, fueran un desperdicio de tiempo o injustos, había que entregarlos en oración a Dios Padre, para que sean aceptados en reparación por cualquier falta que hubiera tenido mi abuela en vida.

Y es que en la visión simplista de los no católicos, cualquiera puede ser bueno y de hecho, no hace falta mucho para lograrlo. Rara vez se considera el peso del pecado, de las mentiritas blancas, de las palabras vulgares que proferimos alguna vez, de la rabia y malos deseos que pudimos sentir hacia una persona y tantas faltas más. Aún con todo, el Buen Dios, nos ha provisto de innumerables bendiciones.

Todo esto, va muy ligado de la tendencia a evitar la mortificación y la moderna idea de que estamos en esta vida para pasarlo muy bien, sin olvidar que tenemos el “derecho” a ser felices, sin importar que en la persecución de esta ilusión, nos hundamos en el abismo de una vida atada al pecado y alejados del plan magnífico que Dios tiene para nosotros.

El menor malestar, una migraña, un día sin comer carne, el menor desprecio de una persona ajena, ya nos parecen una gran afrenta. No somos capaces de soportar esas pruebas y mucho menos las más grandes.

Hace menos de 2 años, me saludo virtualmente con Geska. Una mujer que hace más de 2 años, viene luchando contra un cáncer de útero. Desde que nos saludamos, desde que compartimos mensajes sobre el Amor de Dios, he tenido la oportunidad de aprender mucho de ella. Hace poco, tuvo que entrar en un tratamiento más fuerte, que la ha dejado varias semanas en el hospital, adolorida, marchitada y añorando poder ir a la Misa. Ni bien presentó una mejoría, grabó un video, con su dulce voz, recitando el Ave María.

Entre esos tratamientos contra el cáncer, que la dejan muy demacrada, ella ha encontrado la manera de ofrecer ese sufrimiento a Dios. Además, que lo hace con amor y une su dolor, al de muchos enfermos más y por la conversión de muchos. Generalmente, ante estas situaciones adversas, la primera tentación que tenemos es renegar contra Dios ¿por qué mi abuela si es buena? ¿por qué esta enfermedad si no hice maldad?

Hace años, tuve el gusto de conocer la historia de Job en la Biblia. Me la recomendó mi mamá, cuando venía atravesando un tiempo complicado que me tocó. Ni en mi colegio católico, me habían hecho reflexionar sobre este libro. Aquella vez, fue la oportunidad ideal para hacerlo y aprender que aún en los males, uno debe ser fiel.

Aún en la enfermedad, las pruebas y demás complicaciones de la vida, Dios nos está dando oportunidades reparar los errores de nuestra vida expiando los pecados. Pero muy rara vez lo vemos como una oportunidad.

Realmente cuesta decir ese fiat voluntas tua – hágase Tu voluntad. A mi me costó, pero el rezo del Rosario, me preparó para empezar a aceptar la Voluntad de Dios y aprender cada vez más sobre la Divina Providencia y sus tiempos perfectos.

Estas lecciones, me han sido útiles cuando algunas personas me confían sus asuntos y empiezan a quejarse de distintas cosas. Entonces, puedo recordarles que ante las calumnias, hay que aprender a aceptarlas, pues de pronto sí somos merecedores de las mismas, por las injurias que causamos a Dios en algún momento. En esas circunstancias, sirve mucho meditar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. A Él sí lo calumniaron y vituperaron de manera injusta. Él verdaderamente NO se merecía tal desprecio y odio de nuestras bocas.

Y en situaciones de enfermedad, de dolor, meditemos el sufrimiento de Jesús, flagelado en la columna, cargando la Cruz, humillado y clavado en aquel calvario, para luego morir entregándolo absolutamente todo, por amor y para que nosotros no nos perdamos en la eternidad.

Esa meditación siempre me detiene, me paraliza. Muy fácil me quejo, me lamento, me pongo en el rol de víctima. Pero cuando pienso en todo lo que este Dios encarnado pasó, para que mi vida no sea perdida por mis pecados… Allí es donde dejo de lamentarme, de verme con pena, me arrepiento y encuentro dolor de mis deudas con Dios, y acepto que las pruebas que tengo que pasar, tienen una razón para el bien de mi alma.

Mucho me ha ayudado el leer vidas de santos que sufrieron, que tuvieron enfermedades terribles como santa Rafqa, los ataques que pasó santa Gemma, las noches espirituales de santa Teresa, de san Juan de la Cruz y tantas más. Y realmente, si quiere aprender a enfrentar el sufrimiento físico, recomiendo las actas de los santos mártires. Puedo asegurar, que las migrañas han sido dulcemente aceptadas luego de aquella lectura y reflexión.

El catolicismo está fundado esencialmente sobre la Cruz. Si ya no existe la noción del sacrificio de la Cruz, del sacrificio de la misa que continúa el sacrificio de la Cruz, ya no se es católico. En esta fe, en la Cruz de Jesús y en su Corazón abierto, es donde hallamos la fuente de las gracias”. Monseñor Marcel Lefebvre – La Misa de siempre

Cecilia González

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Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.