La perseverancia en tiempos de crisis

Covid, plagas, terremotos, miseria…Tragedias y realidades de nuestros días. ¿Qué hacemos los católicos para mantener la perseverancia en tiempos de crisis? No se puede perseverar sin ayuda de Dios

La perseverancia en tiempos de crisis, un artículo de Manuel Cuevas

No se ha ustedes, pero a mí me pasa que el ver noticias, televisión, u otros medios de comunicación me provoca dolor de cabeza ante tanta información, mucha de ella negativa pues son malas noticias, me crea un sentimiento de molestia, frustración y muchas veces impotencia ante las cosas que suceden en este mundo.

El problema de la pandemia de Covid-19 a nivel mundial, la gran crisis económica, los problemas geopolíticos de cada país hacen pensar a muchos que son signos del fin de los tiempos y yo quiero hacer una reflexión sobre ello si me lo permiten.

En cada época de la humanidad siempre han existido guerras, pestes, catástrofes naturales el surgimiento de imperios y el derrumbe de otros, etcétera, no hay nada nuevo bajo el sol, la historia se repite continuamente al menos en lo que sería el origen y motivación de los problemas del ser humano.

Tanto para alguien que vivió en el siglo III después de Cristo o en la Edad Media o en la Revolución Industrial del siglo XIX pensaron seguramente que la venida anunciada de Nuestro Señor Jesucristo era inminente ante los aparentes signos de su llegada, sin embargo no fue así para ellos y seguramente no lo será así para nosotros, es necesario tener presente las palabras de N.S. Jesucristo “Nadie sabe el día ni la hora” y si Él lo dijo era para que entendiéramos que no importa el día que el Señor nos llame a rendir cuentas, debemos estar preparados y prestos a rendir cuentas de los talentos que Dios nos ha dado.

Esto nos debe hacer pensar que la vida que tenemos es única e irremplazable, también significa que el día en que el Señor nos llame a cuentas tendremos que enseñar los frutos de los talentos recibidos, si somos discípulos y seguidores de un Dios perseguido y crucificado no podemos esperar menos que persecución, afrentas y odio de los enemigos de Dios y de la Iglesia, eso no debe extrañarnos si realmente somos cristianos.

Vemos la perdida de fieles en muchos lugares que eran católicos anteriormente, esto va en aumento, ya sea porque apostatan como en Alemania, miles lo han hecho o en Centro y Sudamérica que abrazan sectas protestantes que hacen un proselitismo agresivo y embaucan a los ignorantes, o personas que se alejan por los anti testimonios de Sacerdotes, Obispos y fieles que en lugar de perseverar en la fe se abandonan a sus vicios y pecados, provocan rechazo y abandono de la fe y algunos escandalizados optan por alejarse de la Iglesia, muchos se hacen ateos abandonando toda creencia religiosa, dejan de perseverar, total es más fácil vivir sin preocupaciones y dejan de seguir a Dios de estar en gracia escuchando el canto de las sirenas del mundo, lo que es políticamente correcto, pero se alejan de lo que Dios nos enseña en sus Mandamientos, en la moral y doctrina católica .

En nuestra misma Iglesia vemos tristemente como Cardenales, Obispos, Sacerdotes y religiosos optan por defender las ideas del mundo, la ideología de género, el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, atacan al celibato sacerdotal, quieren el orden sacerdotal en las mujeres, permiten cultos idolátricos llevando “pachamamas” a iglesias católicas, esos dejaron de ser pastores y guías, van arrastrando por el camino de la condenación a quienes junto con ellos no perseveran en la verdadera fe.

Vemos con molestia e indignación como atacan nuestros templos, profanan nuestras Iglesias, queman y destruyen nuestros objetos litúrgicos e imágenes, atentan sacrílegamente contra Jesús Sacramentado tirando hostias consagradas y nadie levanta un dedo para defender la Iglesia, solo unos cuantos fieles y algunos buenos sacerdotes se atreven a ir contra el orden establecido defendiendo como se debe nuestra fe y vemos tristemente la mordaza que desde las jerarquías eclesiásticas quieren callar a quienes solo pretenden defender su fe, ¿Todo para qué? Para ser políticamente correctos, acorde a lo que el Mundo considera bueno, pero que no deja de ser pecado y contrario a lo que nos enseña Dios, no perseveran.

Vemos como en muchos países sigue prohibido el culto en las Iglesias, privándonos a los fieles de los Sacramentos y de la oportunidad de acudir a adorar a Dios en nuestras iglesias y templos, aunque los gobiernos permitan otras actividades que se consideran más importantes, y muchos de nuestros Pastores tímidamente lo aceptan, aun cuando lo primordial de la Iglesia debería ser la salvación de las almas.

Vemos como ahora el influjo del islam avasalla a Europa y nadie se preocupa, porque ya no hay identidad como cristianos, ya pocos perseveran en cuidar y proteger el tesoro que es la fe católica, la herencia cristiana, la cultura occidental y por no perseverar veremos cada vez más mezquitas y menos iglesias, la muestra reciente de Hagia Sophia, templo cristiano arrebatado por el musulmán hace siglos en Turquía a los cristianos será pronto mezquita decretado por un gobierno anticristiano, y por falta de perseverancia de nosotros quienes deberíamos alzar la voz para protestar o hacer algo contra ello.

A muchos nos falta perseverancia, nos falta testimonio, nos falta vivir en gracia de Dios y proclamar al mundo que está equivocado y que aunque la mayoría este en contra de las palabras de N.S. Jesucristo estas son las que nos llevan a la salvación, muchos creen que con no hacer daño a los demás es suficiente, se nos olvida que ser cristianos es dar la vida por Dios y por nuestros prójimos, el amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

Recordemos que perseverancia es permanecer en estado de gracia hasta la muerte, la Iglesia enseña que es imposible la perseverancia sin ayuda de Dios, ¿cuantos de nosotros pensamos y hacemos eso?, permanecer en estado de gracia, no basta que toda una vida, 10, 20 50 años vivamos en gracia si al final no perseveramos en ella y perdemos la salvación, recuerden que basta un solo pecado mortal para quitarnos la gracia de Dios y arrojarnos al infierno.

Tribulaciones, problemas de la vida, enfermedades, sufrimiento, persecuciones el espíritu del mundo, el afán de riquezas o placeres nos aparta de la perseverancia en la gracia, se sofoca el fruto que Dios ha sembrado en nosotros.

Decía San Agustín sobre la perseverancia “Al decir si tal es la voluntad de Dios, demuestra que es don de Dios el padecer por Cristo, cosa que no se da a todos los santos, y por esto no se ha de decir que no alcanzan el reino de Dios, no entran en su gloria perseverando hasta el fin en Cristo, aquellos que no tienen la gloria de padecer por Cristo, porque Dios no lo quiere. ¿Y quién osará sostener que no se les concede la perseverancia a los que, a causa de una enfermedad corporal o por otro accidente cualquiera, mueren en Cristo?, pues más difícil es perseverar donde el enemigo combate para que no se persevere, y, por ende, se lucha hasta la muerte por perseverar. Aquella perseverancia es más difícil tenerla, ésta es más fácil, pero igualmente fácil le es dar una y otra a aquel para quien nada es difícil. Dios nuestro Señor prometió esta perseverancia, diciendo: Pondré mi temor en su corazón para que no se aparten de mí. Que es decir: Tal y tanto será el temor mío que yo pondré en su corazón, que se adherirán y unirán a mí con perseverancia”

Esta frase es la que me impacta de lo que dice San Agustín “SE LUCHA HASTA LA MUERTE POR PERSEVERAR” yo me pongo el saco y pienso que así debe ser.

El Evangelio según San Mateo nos previene de lo que pasa con la semilla que cae en terreno malo, pedregoso, con espinos o en el fértil, los que dan fruto el ciento por uno o acorde al talento trabajado, el Sembrador, que es Dios, nos viene a dar la semilla de la salvación y de la inmortalidad

El que persevera hasta el final dispuesto siempre a cambiar, a dejarse salvar por Cristo, a poner generosamente en servicio y ayuda al prójimo esos talentos recibidos, él es la buena semilla que cayó en terreno fértil, que oyó la voz del Señor, que hace suyas las Palabras de vida del Evangelio y que da siempre testimonio hasta la muerte, ese es el que persevera hasta el final. (Mt 13,1-23)

Sabemos que en muchos casos no es así, incluso entre los discípulos y apóstoles se dio falta de perseverancia, Judas Iscariote fue el ejemplo más triste, pero muchos otros de los apóstoles como Pedro también tuvieron su momento de debilidad y abandonaron al Señor, sin embargo arrepentidos volvieron a ser perseverantes hasta la muerte como nos lo recuerda su martirio, recordemos lo que dice el Evangelio según San Juan “Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con El. Jesús dijo entonces a los doce: ¿también ustedes quieren marcharse? Le respondió Simón Pedro: Señor ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”. (Jn 6, 66-69)

Pidamos a Dios que nos permita ser perseverantes, como la Virgen María, como los santos, como los apóstoles, como los mártires que dieron su sangre por no abandonar su fe en Cristo Jesús, como dice San Pablo “Comenzasteis bien vuestra carrera, ¿quién os puso obstáculo para no seguir a la verdad?” (Gal 5,7)

N.S. Jesús nos advierte, “Estad atentos, para que no os engañen” y también “Surgirán numerosos falsos profetas que engañarán a muchos” ¿cuantos se han dejado engañar por el modernismo y relativismo que hay en nuestra Iglesia? ¿cuantos nos hemos dejado seducir por las obras del Maligno y los placeres del mundo? (Mt 24,4:11; Lc 21,8; Mc 13,5).

¿Y que necesitamos para perseverar?

Oración y abandono a la Providencia de Dios, el Catecismo de la Iglesia Católica nos lo dice “CEC #2742 “Orad constantemente” (1 Ts 5, 17), “dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo” (Ef 5, 20), “siempre en oración y suplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos” (Ef 6, 18). “No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda ORAR SIN CESAR” (Evagrio Pontico, Capita practica ad Anatolium, 49). Este ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre nuestros corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes: Orar es siempre posible, Orar es una necesidad vital, Oración y vida cristiana son inseparables.

Tengamos en cuenta que no es fácil, también la Iglesia nos lo dice en el mismo Catecismo “CEC #2755 Dos tentaciones frecuentes amenazan la oración: la falta de fe y la acedía que es una forma de depresión o de pereza debida al relajamiento de la ascesis y que lleva al desaliento.

¿Queremos perseverar? Oremos, ¿Queremos cambiar el mundo? Empecemos por nuestra propia vida ¿queremos no caer en tentaciones y en el pecado? pidamos a Dios que nos otorgue el don de la perseverancia, en estos tiempos aciagos de problemas, pandemias, ataques y tristezas que nuestra luz sea Cristo y recordemos que el Señor ha vencido al mundo y a la muerte, confiemos en su misericordia y no cejemos en perseverar en nuestra fe y amor al Señor.

Cristo de forma contundente nos dice “Sólo el que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,21), pidamos la gracia de la perseverancia y como decía San Agustín “SE LUCHA HASTA LA MUERTE POR PERSEVERAR” va de por medio nuestra salvación, de la Iglesia y del mundo entero.

Manuel Cuevas Ramírez

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Manuel Cuevas-Miles Christi

Manuel Cuevas-Miles Christi

Católico,mexicano, felizmente casado y con tres hijos, Médico Ortopedista de profesión, vive y trabaja cerca de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Colabora con algunos foros de formación y de apologética católica en redes sociales. Preocupado por su salvación y la de sus hermanos, fiel a Dios y al Magisterio infalible de la Iglesia Católica.