Catolicismo y política (6ª parte). Sobre el concepto de libertad

En el presente artículo reflexionaremos sobre el concepto de libertad y sus contradicciones con respecto a los principios católicos. Para el mundo moderno la libertad es un fin en sí mismo y se separa de toda concepción trascendente del hombre y su relación con Dios. La libertad bajo esta perspectiva aumente en la medida que reniega de la filiación divina del hombre e independiza su voluntad con respecto a la Verdad.

Catolicismo y Política. Sexta Parte .Sobre el concepto de libertad. Un artículo de Leonardo Olivieri

Se escucha muy a menudo hablar sobre la idea de libertad y cómo es necesario ampliar las esferas sociales en donde ésta se pueda desempeñar sin restricciones. En los debates actuales se hace mención a esta idea de libertad y las implicancias positivas que traen aparejadas en el conjunto del entramado social. Se la relaciona con la facultad que tiene todo ser humano de poder pensar, expresarte, elegir y de actuar según sus propias convicciones, sin intervenciones de terceros que lo coaccionen. Ejemplo de esto es la discusión que impulsan las organizaciones sociales basadas en la perspectiva (ideología) de género, promoviendo la libertad de auto-percibirse que tiene todo individuo y obrar según tales maneras de percepción. Se promueve además un sistema institucional que tutele y fomente tales iniciativas.

Esta idea de libertad centrada en el individuo como dueño de sí mismo no es nueva. Según la concepción del individualismo posesivo, el ser humano es libre cuando se comprende a sí mismo como propietario de su persona, de sus propias capacidades y de todo lo que éstas produzcan. La base de ser considerado un hombre libre es ser dueño de sí y decidir por sí mismo, antes que pertenecer a una totalidad moral o miembro de un todo social.

El fundamento es el hombre mismo. El es quien se auto-determina como libre. No existe por fuera de él nada objetivo que lo limite sin vulnerar su autonomía. Ya no pertenece a un orden más amplio o una totalidad previa que lo incluya. Se entiende por totalidad previa a todo orden moral pre-establecido en independiente de la voluntad humana, como ser el orden y la Ley natural.

De manera que un sistema institucional podría considerarse más favorable o “amigo” de la libertad en la medida que promueva al individualismo posesivo y que garantice por medio de leyes e instituciones tal derecho de propiedad. El orden social y político, deben sólo reducirse a establecer ciertas reglas de comportamiento y ciertos límites para que todos los hombres puedan ser y ejercer sus libertades.

La sociedad se convierte en agregado o en una reunión de individuos libres e iguales que se relacionan entre sí como propietarios de sí mismos y de sus capacidades. De modo que, la sociedad es el resultado del conjunto de dichas relaciones entre propietarios. La sociedad política definida como las instituciones, las leyes, el Estado y el aparato burocrático, se convierte en un ser artificial diseñado y constituido para la protección y para asegurar que las interacciones de los individuos sean de manera ordenada sin alterar el orden conveniente.

El orden aquí no es visto como una totalidad previa (orden natural, etc) sino como algo creado para que no se produzcan abusos ni se limiten las libertades. Es conveniente ya que evita el caos social y garantiza al individualismo posesivo la libertad de propiedad, la interacción voluntaria y todos los efectos que se produzcan por medio de tal interacción.

En síntesis: 1) El individuo es el fundamento ontológico de todo orden social 2) es libre por naturaleza 3) es dueño de sí mismo y de sus capacidades 3) la sociedad es el resultado de la interacción de los individuos, es un agregado de hombres propietarios de sí mismos. 4) No hay una totalidad social, moral pre-establecida. No hay orden ni ley natural. Ni mucho menos una Ley Divina.5) la Sociedad Política es un artificio, garante de la propiedad y ordena las interacciones voluntarias.

Por lo tanto, ser libre supone un ámbito de libertad eximido de toda interferencia. Es un espacio en el que el hombre puede actuar sin ser obstaculizado por otros. Esa obstaculización existe cuando se percibe la interferencia deliberada de otros seres humanos.

El hombre es más libre cuando es más dueño de sí mismo, de sus capacidades y además tiene menos restricciones y obstáculos en su accionar.

En su encíclica Libertas Praestantissimum (1888), el Papa Leon XIII, caracterizó al concepto de la libertad fundamentalmente como fenómeno proveniente de la Ley Natural y la Ley Eterna, a fin de de constituir consubstancialmente ésta, deberes morales a quién lo ejerce como derecho. La idea de libertad moderna no es más que una auténtica corrupción producida por las turbulencias de la época y por la inmoderada fiebre de revoluciones.

En esta encíclica no se concibe a la libertad como una facultad inmanente al ser humano aislada de obligaciones morales y de la necesitad de obedecer leyes superiores y sobrenaturales. Se rechaza de pleno a las normas convencionales fundadas en conceptos espurios o corrientes filosóficas que alejen a Dios del orden socio-político, reduciendo al hombre al plano del materialismo y la inmanencia exacerbada.

Esta facultad moral, ofrece una orientación, por así decirlo, imperativa para empoderar racionalmente al ciudadano para que éste pueda resistir la ley convencional cuando su dictamen lo coloca en rebelión contra Dios y Su orden divino. Libertad sí, pero una moderada, a priori, por la obligación moral de obedecer leyes superiores y sobrenaturales.

La libertad, don excelente de la Naturaleza, propio y exclusivo de los seres racionales, confiere al hombre la dignidad de estar en manos de su albedrío y de ser dueño de sus acciones. Pero lo más importante en esta dignidad es el modo de su ejercicio, porque del uso de la libertad nacen los mayores bienes y los mayores males. Sin duda alguna, el hombre puede obedecer a la razón, practicar el bien moral, tender por el camino recto a su último fin. Pero el hombre puede también seguir una dirección totalmente contraria y, yendo tras el espejismo de unas ilusorias apariencias, perturbar el orden debido y correr a su perdición voluntaria. (Libertas Praestantissimum)

La libertad es patrimonio exclusivo de los seres humanos, ya que están dotados de inteligencia y razón. Esta libertad, en su naturaleza, consiste en la facultad de elegir entre diversos medios que son aptos para alcanzar un fin determinado. Y además, hace que esa posibilidad de elección entre una cosa de muchas otras, haga que el ser humano es responsable y dueño de sus elecciones y acciones.

Sin embargo, aquí entramos en una concepción antropológica que se desprende de esta encíclica; el hombre al ser creatura, es de naturaleza imperfecta y tanto la razón como la voluntad pueden estar direccionadas en los caminos del error. Bajo la búsqueda de un fin engañoso, aparentemente considerado como bueno, esta libertad de acción puede constituirse en un defecto y todo lo bueno se corrompe y se termina abusando de la misma libertad.

No obstante, como la razón y la voluntad son facultades imperfectas, puede suceder, y sucede muchas veces, que la razón proponga a la voluntad un objeto que, siendo en realidad malo, presenta una engañosa apariencia de bien, y que a él se aplique la voluntad. Pero así como la posibilidad de errar y el error de hecho es un defecto que arguye un entendimiento imperfecto así también adherirse a un bien engañoso y fingido, aun siendo indicio de libre albedrío, como la enfermedad es señal de la vida, constituye, sin embargo, un defecto de la libertad. (Libertas Praestantissimum)

Entonces, no es posible considerar a la libertad como la ve la modernidad, ya que el hombre es considerado como un ser moral y creación de Dios. Para el pensamiento moderno, esta filiación es dejada de lado y se hace hincapié en la libertad misma, como única esencia del ser humano.

Resulta importante comprender esto, ya que es a partir de esta concepción de ser humano que encontramos una de las principales diferencias entre el pensamiento católico y el moderno. Ya hemos mencionado en otros artículos que el ser humano es considerado por el catolicismo con una totalidad-cuerpo y alma- y necesita estar ordenado a un fin supremo. No es un alma encerrada en un cuerpo (Platón), ni mucho menos alguien que se reduce meramente al plano físico (Aristóteles); es una unidad que a través de los sentidos y de la entelequia deberá obedecer a su naturaleza.

Así es que el hombre no es sólo cuerpo, no es sólo espíritu, es un ser completo, compuesto, que está ordenado a algo que es superior a él. O sea, que esta ordenado a un fin último y que todas las acciones deberán perseguir constantemente tal fin. El fin supremo al que el hombre debe aspirar es Dios.

La libertad en sí misma nada dice, y en realidad si es dejada a la propia voluntad, se constituye como algo de carácter abstracto, sin contenido objetivo. El catolicismo fija posición al respecto estableciendo límites a esa idea de libertad. Anteponiendo valores, principios y una moral objetiva que está por fuera de ese movimiento de la voluntad libre. Para el catolicismo hay esencias, realidades objetivas que forman parte de un orden natural con sus respectivas leyes y que condicionan toda decisión de acción de los individuos.

Existe el libre albedrio, es cierto. Cada ser humano es libre de decidir qué hacer y cómo actuar, pero esa libertad está condicionada por la existencia de ese Bien Supremo al cual, por naturaleza, el hombre debe aspirar, y asimismo toda libre acción está supeditada a los determinantes del orden natural.

Pensar a la libertad de esta manera significa que toda acción humana es limitada, la idea de una plena autonomía no sólo es imposible, sino que hasta perjudica al mismo ser humano. Es admitir que existe una Verdad fuera del voluntarismo, y es a fundamental reconocerla y orientar nuestra vida y acciones. Los hombres no son dioses, son creaturas. O sea, son solamente hombres. Para ser libres de manera plena necesitan completar su vida individual como social en base a los fundamentos del orden moral. Un orden que, como ya dijimos anteriormente, es de naturaleza independiente de la convención humana.

Leonardo Olivieri

Si les ha resultado interesante este artículo sobre el concepto de libertad, les recomendamos leer las entregas anteriores de estos artículos en nuestra página. Nuestra recomendación: 1ª parte: ¿Es posible una política católica?

Nuestra recomendación externa, el canal del Padre Javier Olivera Ravassi: QNTLC


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Leonardo Olivieri

Leonardo Olivieri

Tradicionalista Catolico, Licenciado en Ciencia Potitica por la Universidad de Buenos Aires, posgrados en ecomonia e integracion regional. Además músico.