Contra la liturgia vernácula

Aquellos que no están en contra de la liturgia vernácula y que la defienden diciendo que “Pentecostés muestra que los apóstoles hablaban a cada uno en su propio lenguaje, y no era latín.” Eso es tan solo una parte de la historia

Contra la liturgia vernácula: la Iglesia debe tener un lenguaje sagrado, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Mientras nos preparamos para celebrar la gran fiesta de Pentecostés – una fiesta tan grande a los ojos de la Iglesia que era celebrada por ochos días (es decir, como una octava) en el rito latino de la Iglesia católica que se remonta a final del siglo sexto, una costumbre que continúa hoy donde sea usada la antigua forma del Rito Romano – haríamos bien en ponderar lo que significa el don de lenguas y lo que no significa.

Un amigo me dijo una vez que le había expresado su amor por la Misa tradicional latina a un cierto diácono, quien le contestó con una rabieta: “Pentecostés muestra que los apóstoles hablan a cada uno en su propio lenguaje, y no era latín.” Esta mala interpretación de Pentecostés, que uno escucha una y otra vez de diferentes maneras, merece una réplica.

1. Lo que se muestra en los Hechos de los Apóstoles es que los apóstoles predicaban a la gente en muchas lenguas.

No hay nada en la historia de Pentecostés acerca del culto en el templo o en la sinagoga, o en la liturgia Eucarística y en el Oficio Divino que se desarrolló a partir de ellos y los suplantó. Y hasta donde yo sé, siempre ha sido la costumbre predicar en la lengua vernácula en la Misa latina, excepto en un muy altamente especializado contexto académico. El don de lenguas es un don en aras de la evangelización, la apologética y la catequesis, no específicamente para el culto litúrgico.

2. Pentecostés se muestra en las Escrituras como una inversa torre de Babel.

El curso original del hombre ambicioso fue dividir su progenie en miles de lenguas. Los ricos frutos poéticos de las múltiples lenguas pueden ser tenidos como una bendición deseada por Dios, pero la dificultad y la frecuente imposibilidad de un discurso común entre animales racionales es una maldición. Esta maldición se renueva donde quiera que nosotros seamos confrontados con una liturgia en la cual el uso de alguna lengua vernácula, que nos es extraña, efectivamente dice: “Esto no es para ti: es solo para ellos, por este grupo demográfico.”

Cuando las tradiciones litúrgicas desarrollan un lenguaje común para el culto público es un retorno simbólico a la condición prelapsaria del Jardín del Edén, cuando los seres humanos habrían hablado un solo lenguaje. En la liturgia latina no estamos confrontados con un lenguaje vernáculo extraño que nos excluye, es más, escuchamos el sonido de una voz que pertenece a la Iglesia en la oración, dando la bienvenida a todas las naciones y gentes en una sola celebración.

Sí, el latín litúrgico es “extraño” en el sentido que no es algo de todos los días, familiar, fácil a nuestro nivel o a nuestra disposición. Evoca la trascendencia y majestad de Dios, la universalidad de Su reino, las antiguas profundidades de la Fe. Pero con el tiempo, identificamos este lenguaje apartado como un signo de honor;  lo experimentamos como un promotor de la reverencia, y encontramos en él una invitación a la oración. Cuando saltamos al agua en una piscina, en el momento en que golpeamos el agua sabemos, no solo racionalmente sino visceralmente, que estamos en un nuevo medio y que debemos nadar. Así también cuando escuchamos el canto en latín o las oraciones recitadas sabemos que estamos en un medio nuevo y que debemos rezar.

3. El Dr. Joseph Shaw apunta a que la costumbre de emplear un lenguaje sacro ya nos es familiar desde la historia de la salvación:

“La tradición del Canto Gregoriano se remonta al Templo de Jerusalén, donde se nos dice que se empleaban cantantes profesionales (2 Paralipómenos 5, 15). El uso del latín recuerda el uso del hebreo como lengua sagrada, cuando el lenguaje del pueblo judío se convirtió en el arameo. El énfasis de la liturgia tradicional en el sacerdote, al altar y el sacrificio hace una reminiscencia de la atmósfera del antiguo culto judío, algo que a veces es notado por los judíos conversos.”

(…) “Como judíos, ellos [los Apóstoles] fueron formados para rezar y cantar los Salmos en hebreo, así como su lengua madre. No se encuentra ninguna palabra de crítica al lenguaje sagrado en las Escrituras y las primeras liturgias de ningún modo fueron compuestas en el lenguaje de la calle. En las áreas de habla griega la Iglesia fue capaz de emplear el sagrado registro creado por la traducción Septuaginta de la Biblia, una forma distinta de griego de casi dos centurias de antigüedad y llena de hebraísmos. El latín litúrgico no emergió hasta las traducciones latinas de la Biblia hubieron creado algo equivalente y, cuando se hizo, encontramos una liturgia con un vocabulario especializado, repleto de arcaísmos, palabras prestadas y otras peculiaridades. De manera similar, el copto litúrgico es un lenguaje arcaico salpicado de términos griegos y escrito en letras griegas. En cuanto a la Iglesia Eslava y al lenguaje del misal glagolítico, sus orígenes e historia no se reducen a la simple idea del “lenguaje en uso en ese momento”, y en cualquier caso, rápidamente se convierten en idiomas litúrgicos para las personas que no son capaces de entenderlos. Permanecen culturalmente conectados a las personas a las que sirven, sin embargo no son fácilmente comprendidos por ellos.”

Vemos, de hecho, que cada antigua Iglesia cristiana desarrolló un lenguaje sacro y un idioma para el culto: la Iglesia Ortodoxa Rusa aún usa el griego de la koiné, la rusa usa el eslavo de Iglesia; la etíope usa Ge’ez, la copta usa el copto literario, etc. No es solo un fenómeno del Occidente o Romano.

4. Nuestro lenguaje nativo, nuestra “lengua madre”, nos llega de nuestra madre terrenal.

Cuando vivimos dentro del útero, su voz es la que primero escuchamos y cuando llegamos al mundo, escuchamos la misma voz sobre su pecho. Nuestro lenguaje vernáculo de cada día es algo con el que nosotros somos, en un sentido, equipados por naturaleza, por una inmersión no forzada en la cultura familiar. Este lenguaje representa el orden natural en el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser natural.

Ahora, como el bautismo, o el renacer, viene al cristiano desde fuera (porque, tal como Joseph Ratzinger escribe, “nadie nace cristiano, ni siquiera en un mundo cristiano o de padres cristianos. Ser cristiano solo puede suceder como un nuevo nacimiento. Ser un cristiano comienza con el bautismo, el cual es muerte y resurrección, no con el nacimiento biológico”), así también el lenguaje sacro en el cual damos culto viene a nosotros desde fuera, de la Santa Madre Iglesia, que nos enseña un nuevo lenguaje cristiano, una “lengua madre” espiritual, que representa el orden sobrenatural y en el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser sobrenatural. Los católicos de rito latino tienen un lenguaje sacro que llega a ellos “desde fuera”, tal como lo hace el renacer bautismal.

 La liturgia cristiana de alguna manera debiera transmitirnos que, cuando entramos en el templo del Señor, estamos hablando no con un habla meramente natural, sino con un habla sobrenatural, un lenguaje de santos, de ángeles y de Dios. Obviamente este lenguaje no tiene que ser el latín, como noté arriba, existen muchos lenguajes sacros usado en los ritos apostólicos tradicionales, sin embargo, este no debiera ser el lenguaje vernáculo cotidiano del hogar o del mercado, o incluso del lenguaje técnico de las disciplinas académicas. Debe distinguirse por siglos de uso consagrado al culto divino. En este sentido, ayuda a los fieles a desconectarse de las preocupaciones terrenales y a consagrar simbólicas porciones de nuestro tiempo solo a Dios.

Un lenguaje litúrgico tradicional es un recordatorio de que nuestra adopción sobrenatural en la familia de Dios es más fundamental y definitiva que cualquier familia terrenal, ciudadanía, nación o raza.

5. Y lo más importante:

algo que la Iglesia católica en el Oeste ha practicado por más de 1600 años, algo que cerca de todos nuestros miles de santos canonizados practicó personalmente, no puede estar condenado sin negarse que el Espíritu Santo ha estado guiando a la Iglesia en la plenitud de la verdad (cf. Juan 16, 13).

El Espíritu Santo que dio a los apóstoles expresión lingüística mientras predicaban a todas las naciones, también dio el latín litúrgico a la Iglesia occidental como su herencia, transmitido siglo tras siglo con una veneración cada vez mayor. Lo que se estableció por elección fue confirmado por la costumbre y preservado por la piedad. Las formas de culto se desarrollaron a través de los siglos con una riqueza de contenido y textura que hizo cada vez más improbable que pudieran ser fácilmente duplicables o adaptables a un idioma extranjero, lo cual hizo todo más precioso y valioso de cultivar. En el contexto de los experimentos de vernaculación de mediados del siglo veinte en adelante, experimentos que pueden ser llamados con justicia Babelización, un número creciente está comenzando a ver que esta única y unitiva herencia del latín continúa siendo preciosa y digna de cultivar hoy.

Al final, los tipos correctos de unidad y los correctos tipos de diversidad son todos dones del Espíritu Santo, cuya singular venida con toda su fuerza sobre la Iglesia el rito romano celebra durante ocho días de regocijo y en varios meses de “Domingos después de Pentecostés.” En medio de la diversidad cultural, la Iglesia Católica ha tenido la sabiduría de reconocer el poder espiritual de los elementos centrales de unidad que nos conducen juntos a la confesión de una verdadera Fe. Nosotros solo podemos esperar y rezar para que los líderes de la Iglesia recobren, con el tiempo, algo de lo que fue tontamente desperdiciado por miopes reformadores.

(A los lectores que les gustó este artículo pueden también leer mi primer artículo: ¿Por qué el latín es el lenguaje correcto y adecuado de la liturgia católica romana?”)

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo contra la liturgia vernácula en su idioma original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/why-latin-is-the-correct-and-fitting-language-of-the-roman-catholic-liturgy

La lengua latina es parte de la tradición de la Santa Madre Iglesia, te invitamos a leer este artículo sobre la Tradición.


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor
Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/