Sacramento de vida eterna

A través de los relatos evangélicos profundizamos en los Misterios de la vida del Señor, hoy hablamos del Sacramento de vida eterna

Sacramento de vida eterna, Rev. D. Vicente Ramón Escandell

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

1. Relato Evangélico (Mt 10, 26-33)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.


Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.

Porque todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

2. Comentario al Evangelio

Jesús pone ante los ojos de sus oyentes, y, especialmente, de sus discípulos, la cuestión de la persecución por su causa. No oculta el Divino Maestro el precio de la fidelidad a su Persona y su mensaje, lo contrario, seria engañarles y dejarlos indefensos ante las persecuciones que se desataran por su causa. Seguirle a Él les va a suponer convertirse en objeto de desprecio de familiares y amigos, de los poderes de este mundo e incluso de sus mismos hermanos de fe; más que sobre los profetas, sobre ellos se desencadenara una terrible persecución no limitada en el espacio y el tiempo, sino que se prolongaría generación tras generación. Pero para animarles, para fortalecerles les promete que, a cambio de su testimonio fiel, de su entrega generosa, Él será su defensor en el cielo y en la tierra, ante los hombres y los ángeles. No deberán temer, pues, a ningún poder de este mundo, que solo mata el cuerpo y no el alma, pero deberán permanecer alerta ante los poderes del Infierno, que pueden doblegar el alma y conducirla a su condenación eterna. La apostasía, la renuncia explicita y voluntaria del nombre del Cristo, único que puede salvarnos, podrá ser causa de eterna condenación para el discípulo del Señor.

3. Reflexión

Si, en mi casa hemos celebrado los misterios del Señor (…) son mis hermanos, y no podía impedírselo (…) pues nosotros no podemos vivir sin celebrar el misterio del Señor, leemos en las actas de los mártires de Abitinia1.

Estas palabras pronunciadas por el mártir cristiano Emérito nos dan una idea de la centralidad de la Eucaristía en la vida de los primeros cristianos, hasta el punto de manifestar que no podían vivir sin la celebración del Santo Sacrificio. Guiados por el presbítero Saturnino, los cristianos de Abitinia, incumpliendo el mandato imperial que prohibía celebrar los santos misterios, prefirieron correr el peligro de ser prendidos y torturados, antes de verse privados de la divina Palabra y del divino Cuerpo y Sangre de Cristo. Y ciertamente sufrieron por ello, de modo injusto y arbitrario juicio, prisión y tortura, sin manifestar el más mínimo arrepentimiento por su desobediencia, sino que, anteponiendo su fidelidad al Señor, asumieron con gusto todo cuanto sobre ellos se desató, llegando a morir de hambre en las cárceles abandonados por los hombres, pero no de Dios.

¿Qué explica tal comportamiento? ¿Qué puede mover a los hombres a arriesgar sus vidas por participar en la Eucaristía? Si como sacrificio la Eucaristía es el acto de culto más agradable a Dios, como sacramento es el medio más perfecto por el cual Dios santifica al hombre. No es que los demás sacramentos no la realicen, pues en ellos se derrama la gracia de Cristo a través de los signos sacramentales; pero es que en la Eucaristía se contiene, no sólo la gracia de Cristo, sino también a Cristo mismo real y sustancialmente presente, pero oculto bajo las especies eucarísticas. Esto explica el ardiente deseo de los cristianos de Abitinia por participar en la Eucaristía, por recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor, y prepararse, por medio de la comunión sacramental, a llevar a la vida aquello que celebraban místicamente en la Eucaristía: su participación plena en el misterio pascual de Cristo, en su muerte y resurrección, a través del martirio por su fe.

Mediante esta participación en los misterios del Señor, mediante la comunión de su Cuerpo y su Sangre, los cristianos de Abitinia experimentaron los efectos saludables de este augusto sacramento: participación de la vida divina que Dios, en su infinita misericordia, nos quiere conceder por medio de este sacrificio que lo glorifica; configuración con Cristo, su Hijo y nuestro Redentor; unión con los miembros de su Cuerpo Místico, la Iglesia; fortalecimiento de la fe, la esperanza y la caridad…, etc., que los prepararon para las pruebas que iban a tener que soportar por el nombre del Señor. Y estos mismos efectos se producen en nosotros, en cada cristiano que comulga, que, estando en gracia, recibe al Señor en cada Eucaristía. Porque, del mismo modo que quien está en pecado mortal no recibe los beneficios del sacrificio eucarístico, tampoco aquel que se acerca a la comunión, consciente de no estar en gracia, se ve privado de estos saludables efectos, que sólo se producen en las almas que reciben al Señor en su gracia.

4. Magisterio de los Doctores de la Iglesia

SANTO TOMÁS DE AQUINO (1224/25 – 1274)

El sacramento de la Eucaristía tiene triple significación. Respecto al pasado es conmemoración de la pasión del Señor. Respecto al presente, es la unidad de la Iglesia: por eso se llama comunión. Con relacion al futuro, prefigura el gozar de Dios, que tendremos en la patria. ST III, 73, 4

5. Oración

Señor y Dios nuestro, que en el sacramento eucarístico nos das prenda de la vida futura; haz, que cada vez más, seamos conscientes de su santidad, y lo recibamos con las debidas disposiciones, para beneficiarnos de sus efectos. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

1 Actas del martirio de los santos Saturnino, Dativo y otros muchos mártires en África.

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna