Música en tiempos de terror

Cada día se hace más difícil poder formar a los estudiantes de música en la belleza de la música clásica que hemos heredado de Europa. En estos tiempos de ideologías marxistas totalitarias eurofóbicas, ni siquiera el arte musical se ha librado de su influencia. La música en tiempos de terror sufre el prejuicio de los profesores que lavan con sus errores el cerebro a sus alumnos.

Música en tiempos de terror, un artículo de Joseph Pearce para The Imaginative Conservative

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Había una vez una época racional donde los colleges y las universidades en los Estados Unidos se enorgullecían de lo que se conoce como “libertad académica.” La idea era que diferentes opiniones pudieran chocar catalíticamente en una conversación constructiva. Tales conversaciones eran vistas como un signo saludable de la vida intelectual de la academia, un signo de que las personas se preocupaban por saber qué era la verdad y buscaban sacar tal verdad a la luz. Este saludable intercambio de pareceres incluía la refutación del error, de esta manera la verdad de las cosas podía emerger de las sombras proyectadas por el orgullo y el prejuicio. Este ya no es el caso. Nada de eso. En el fundamentalismo secular de hoy y la academia filosóficamente materialista no hay espacio para las voces disidentes. No hay tolerancia para aquellos que se apartan de la línea del partido. Cualquier insinuación de que un miembro de la facultad se haya desviado de las afirmaciones dogmáticas del relativismo radical termina en su persecución tanto por parte de los estudiantes como de la institución y, si él no se arrepiente ni se retracta, se le destituye sumariamente como a un hereje cuyas opiniones no pueden ser toleradas. Un ejemplo de esto es la reasignación forzada la semana pasada del capellán católico del M.I.T por atreverse a sugerir que necesitábamos un debate razonable sobre las circunstancias que rodean la muerte de George Floyd.

En la nueva academia totalitaria, los miembros disidentes de la facultad son reducidos a un susurro entre ellos, fuera del alcance del oído del Gran Hermano Orwelliense que está siempre vigilando los signos de herejía en el campus. En tal ambiente inquisidor, estos disidentes no se atreven a llevar su disidencia y puntos de visto no-ortodoxos a la sala de clases. Son aterrorizados en silencio, sofocando cualquiera genuina objetividad en los cursos que están enseñando.

En este ambiente draconiano es difícil para los académicos hablar del lavado de cerebro que ha reemplazado la educación en la moderna academia.

En caso de que tengan el coraje de hacerlo es necesario que lo hagan bajo el amparo del anonimato. Siendo esto así, estoy obligado a mantener la identidad de un profesor de música que me contactó en relación al condicionamiento ideológico que sus estudiantes están experimentando en una eminente universidad en la que él enseña. Me citó a uno de sus estudiantes que, regurgitando lo que le habían enseñado, le dijo que “la misma música clásica es una parte crítica del creado mito del excepcionalísimo europeo, que estaba obsesionado con re-crear y volver a invocar el pasado. Y no cualquier pasado: el primordial, el pasado mítico, en el que fueron glorificados Bach y Beethoven como el pináculo del genio humano.”

 El Profesor X, como le llamaremos, lamentaba que tales puntos de vista fueran una consecuencia directa del marxismo cultural que se ha convertido en un dogma no negociable en los departamentos de las humanidades en casi cada college y universidad secular. “Lo que tú encontrarás aquí es la evidencia del real odio por el excepcionalísimo europeo que mis colegas están enseñando a los estudiantes de música mientras que al mismo tiempo no les están verdaderamente enseñando música europea.  A los estudiantes, que realmente saben muy poco del canon musical, se les puede escuchar claramente regurgitando las muletillas de mis colegas.” En este ambiente ideológicamente cargado, los estudiantes no son educados o instruidos sino que son programados. Cesaron de ser almas libre-pensadoras en búsqueda de lo bueno, de lo verdadero y de lo bello y se convirtieron en meros loros, haciéndose eco de la línea del partido. “Vale la pena señalar”, lamenta el Profesor X, “que estos mismos colegas provienen de las filas de alumnos de licenciatura en música que fracasaron y se cambiaron a una licenciatura en historia de la música porque se les negó el rango de nivel de clase junior como artistas debido a sus pobres exhibiciones interpretativas.” Me dijo que nadie comienza como un estudiante de historia de la música en primer año. “Si ellos se hubieran cambiado a otra especialidad fuera de la música, tendrían que haberse quedado en la universidad un año extra. Es así que muchos de ellos entran a la profesión de historia de la música con un chip en sus hombros, que sus propios profesores de historia (con la misma historia) rápidamente lo explotan con el fin de adoctrinarlos en el odio a la cultura Occidental.” Este es un proceso que se auto-perpetúa, animado por agrias uvas,  mediante el cual el marxismo cultural eurofóbico es enseñado a las sucesivas generaciones de estudiantes de licenciatura en música, prejuiciando a cada generación contra el canon de la gran música que Europa ha producido, no porque sea mala o carente de belleza sino simplemente porque es considerada políticamente incorrecta por la única razón de que cualquier cosa europea debe ser mala.”

“ A estos estudiantes, carentes de un encuentro personal con la grandeza de la buena música en sí y no habiendo en realidad experimentado emocionalmente lo que la hace buena, se les ha enseñado a ver el canon clásico solo como un ejemplo de una cultura que no es mejor que otra y que ha sido impuesta sobre otros pueblos mediante el imperialismo cultural.” Así, la belleza no es vista como algo que trasciende la sordidez del poder o de la política, sino que es vista como un objeto de ésta o incluso como un producto de ésta. Esto se conecta con el auto-odio que se les ha enseñado por la civilización occidental en cada clase de artes liberales del campus”, lamenta el Profesor X. “ Este problema es peor en particular en los estudiantes de licenciatura en música y en composición. Al menos los estudiantes de violín llegan a interpretar buena música en la orquesta y por esta experiencia saben que es genial, incluso si ellos no han tenido que escucharla en sus clases.”

El Profesor X ofrece un ejemplo del lavado de cerebro político de sus estudiantes en palabras de uno de ellos que, condescendientemente, le dijo: “tal como está la actual profesión de la música clásica, realmente no hay forma evitar este elitismo, racismo y chauvinismo, no importa cuan bien intencionados seamos.” Entonces eso es lo que tenemos. La nueva religión. No hay algo tal como el Pecado Original del cual somos culpables, independiente del color de piel, sino que hay “un pecado que gobierna a todos y a todos los ceñe en la oscuridad” y esto es el elitismo, el racismo y el chauvinismo, un pecado con el que son contaminados solo aquellos lo suficientemente afortunados nacidos con el equivocado color de piel “europeo”. Todos somos racistas porque somos blancos, no hay nada que podamos hacer con esto excepto, como un acto de auto-aversión, echar al fuego todo lo bueno, lo bello y lo europeo. Bach, Beethoven y Brahms necesitan ser puestos contra el muro y fusilarlos por el crimen de ser europeos, y somos los que necesitamos apretar el gatillo como prueba de que no compartimos su culpa. 

Hay una horrible ironía aquí porque el Profesor X tiene un registro impecable en promover la genuina diversidad, a diferencia de la conformidad ideológicamente condicionada de sus estudiantes. “Yo he estado promoviendo la diversidad musical, la inclusión y el hecho de que las vidas negras importan, desde mucho antes de que mis estudiantes nacieran,” dice él, agregando que “No soy tan ignorante como mis alumnos parecen suponer.” Me muestra una placa que le fue presentada en una cena en su honor como reconocimiento a sus veinticinco años de trabajo promocionando y administrando las becas escolares y las donaciones en la comunidad negra. Me dijo que él era generalmente la única persona blanca en la nómina de directores de alguno de estos grupos que promueven la justicia racial. Él fue el único que pensó, propuso, presionó y logró tener un coro a capella totalmente negro para dar el concierto de gala en la inauguración de una nueva gran sala de conciertos en el campus. Él fue un activo partícipe en promover esfuerzos prácticos para llevar la diversidad al departamento de música de la universidad cuando nadie más hablaba de eso.

Nada de eso importa porque el Profesor X no dobló su rodilla a la nueva compulsiva ortodoxia de autodesprecio etno-masoquista.

Él aún es un paria que está forzado a hablarme bajo la máscara del anonimato por temor a las represalias del Gran Hermano y de sus secuaces. Él, sin embargo, lanza el guante a aquellos estudiantes ideológicamente lavados de cerebro para que pongan su anti-racismo en práctica como él lo ha hecho por años. “Desafiaría a la gente joven a involucrarse en actividades no musicales y a hacer amistades a pesar de sus límites personales. Repartir cenas del Día de Acción de Gracias a los desposeídos, ser voluntarios para habilitar viviendas humanitarias a los inmigrantes; cenas de acogida con gente de variados orígenes en sus hogares. Estas y otras cosas me han ayudado por años a amar a las personas de cualquier clase y a tratar de ser inclusivo también musicalmente. Ahora veo mucha rabia y desde luego las personas están frustradas, sin embargo el amor es la única manera de alcanzar la justicia.”

Joseph Pearce para The Imaginative Conservative

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Puedes leer este artículo sobre la música en tiempos de terror en su sitio original en inglés aquí: https://theimaginativeconservative.org/2020/06/music-time-terror-joseph-pearce.html

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