La Liturgia es la única cuestión que importa

Aldo María Valli nos trae una propuesta muy interesante:

Queridos amigos de Duc in altum, con mucho gusto os propongo una contribución de don Marco Begato sobre el asunto de la liturgia. El texto ha sido publicado en inglés en la página web altaredei.com.

La liturgia es la única cuestión que importa, un artículo de D Marco Begato

Texto original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/05/10/la-liturgia-e-lunica-domanda-che-conta/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Trato aquí de la tendencia de ciertos liturgistas contemporáneos, que proponen trabajar por la creación de nuevos ritos, inspirados en una simbología cósmico-existencial en sentido amplio, a modo de sustitución o como evolución de los ritos y costumbres eclesiales actuales.

Querría describir esta corriente como una suerte de tercera vía del mundo litúrgico, alternativa a las dos líneas ya difundidas, que sin embargo deberían ser ambas descartadas según tales expertos. ¿Pero cuáles serían estas dos vías? ¿Y por qué estos nuevos expertos querrían descartarlas?

La primera vía es la de la liturgia tradicional, se trate del viejo rito tridentino o de la reforma de la liturgia actual según el gusto heredado por la tradición. Ambas opciones han visto en Benedicto XVI un apoyo autorizado. Según los liturgistas contemporáneos, no es posible salvar ni las realizaciones ni las intenciones de esta corriente. Quien todavía persiste en tales visiones demuestra no haberse apercibido del reclamo del Progreso dentro y fuera de la Iglesia, se halla ligado a un pasado difunto e irrecuperable. Sobre tal vía recae un juicio de tipo historicista e idealista.

La segunda vía es la de quien ha intentado asumir el esfuerzo de la reforma litúrgica de los años Setenta, acogiendo de algún modo la estructura fundamental del nuevo Misal de Pablo VI, pero decorando el acto litúrgico con componentes de la cultura moderna: bailes, instrumentos, colores, recitaciones. El resultado a menudo ha sido de mal gusto estético, ciertamente se ha separado con vigor de la costumbre litúrgica tradicional, pero no parece haber encontrado mucha acogida en el pueblo de Dios (a juzgar por el vaciamiento de las asambleas), ni ha acompañado a los fieles en un camino espiritual suficientemente sólido y fructífero (a juzgar por la falta de preparación de los fieles que quedan). Los liturgistas contemporáneos denuncian tales tentativas, las consideran fracasadas y ven en ellas un riesgo de suscitar la demanda de un retorno a la tradición.

A la luz de todo ello, los innovadores se esfuerzan por proponer, como decía, una tercera vía litúrgica, caracterizada por una gran refinamiento tanto en el nivel teórico como práctico.

En el nivel teórico se trata de alcanzar importantes reflexiones filosófico-teológicas, que insisten por una parte en elementos estructurales como el “símbolo” y la “forma” y, por otra, en elementos antropológicos externos e internos: percepción, relación, acción, corporeidad. En el nivel práctico se intenta redescubrir la fuerza intrínseca emitida por la materia (piedra, cera, óleo, agua), por la energía (luz, sonoridad), por la humanidad (gestos de proximidad, miradas, posiciones). El resultado es un producto artístico de calidad discreta, relativamente distante de los resultados trash del experimentalismo años Setenta (aún vigentes) y absolutamente separado de todo reclamo a la tradición litúrgica eclesial.

¿Cómo podemos juzgar tales posiciones?

En primer lugar, noto una tendencia que acerca a los liturgistas respecto a los teólogos contemporáneos: unos y otros se lamentaban de una excesiva sujeción de la tradición eclesial al mundo. Según los teólogos actuales, la Iglesia ha estado demasiado tiempo en línea con el pensamiento aristotelico-tomista; según los liturgistas actuales la Iglesia ha estado demasiado tiempo en línea con ritos de impronta carolingia y eurocéntrica. Sin embargo, ambos grupos no logran realmente desenganchar a la Iglesia de formas de sujeción de nuevo tipo. Los teólogos, libres finalmente de las metafísicas greco-escolásticas, se afanan ahora por sostener el paso de las filosofías nihilistas e idealistas; los liturgistas se dejan dominar por las conquistas artístico-figurativas del pasado siglo. El gesto aislado, el minimalismo, la materia, los juegos de luz, la materialidad: todos ellos elementos del nuevo curso litúrgico que sobre los teatros de medio mundo están ya muy vistos.

En segundo lugar, y a partir de ello: el conjunto de tales elementos, un poco simbólicos y un poco primitivistas, ampliamente teorizados por los manifiestos artísticos del siglo pasado, se concentran sobre aspectos de naturaleza y de percepción antropológica, ciertamente interesantes y estimulantes, pero también horriblemente neutros. Sospechosamente neutros.

La insistencia sobre el rito, el símbolo, la alteridad, la percepción se desarrolla en los manuales dedicados al tema en un modo que puede perfectamente predicarse de cualquier religión y divinidad. Esto debería ser fuertemente sospechoso, sobre todo cuando tales aproximaciones son prácticamente las únicas que se invocan por la nueva reflexión litúrgica.

Cuanto más se insiste sobre tales términos y se apoya uno sobra la centralidad del hombre, cuanto más se marginaliza el primado de Jesucristo, cuanta mayor relevancia se da a los ideales procedentes de la cultura no cristiana (típico de todas las sensibilidades progresistas), tanto más sabemos que habremos de lidiar con expresiones litúrgicas genéricas y anónimas, hasta el punto de poder resultar sincretistas y paganizantes. Me pregunto incluso si ello no implicará de alguna manera un elemento característico del anticristo.

Llegados a este punto, en vez de continuar interrogándonos sobre las formas – tradicionales, sesentayochescas o simbólico-universales – replantearía nuestra pregunta sobre el único contenido de interés que debería competer a la liturgia: ¿dónde está Cristo?

En la aproximación naturalista: ¿dónde está Cristo? En la simbología neopagana: ¿dónde está Cristo? En el alejamiento de la tradición: ¿dónde está Cristo? En la atención hacia el agua, hacia la luz, hacia el rostro: ¿dónde está Cristo? Quiero decir, ¿dónde podemos reconocer dichos signos como signos claramente referidos a Cristo? ¿Qué nos asegura que el cuidado otorgado a lo corpóreo o a la creatividad se refiere a Cristo y no se está únicamente evocando un ritual naturalista, genérico, cósmico y por tanto paganizante?

En conclusión: el motivo por el cual no me convence la propuesta litúrgica de los modernos, mientras que por el contrario me interpela profundamente la “primera vía” (que he descubierto tardíamente), es de orden ante todo teológico y cristológico, concretamente cristocéntrico. Incluso reconociendo todas las contingencias humanas que han plasmado la liturgia católica desde sus orígenes hasta el vigésimo-primer Concilio, el Vaticano II, se desprende que la celebración del rito según el tratamiento tradicional me comunica con gran fuerza el principio cristocéntrico: me habla de Cristo, pone a Cristo en el centro, me resulta creado por Cristo (ciertamente a través de mediadores, sin excluir la mediación a través de una continuidad cultural histórica). Al contrario, la propuesta de los modernos no consigo hacerla entrar en ninguno de los elementos a los que me acabo de referir.

No encuentro a Cristo en la cascada de referencias sesentayochescas, expresiones no de una época (por ejemplo la monástica, la carolingia, la tridentina), sino de una estación (por otra parte antirreligiosa e históricamente derrotada).

No encuentro con claridad objetiva a Cristo en la propuesta de los liturgistas contemporáneos paganizantes. Incluso, permítaseme volver sobre una temor ya evocado: la afirmación de tan refinadísima y doctísima Liturgia, que pone al hombre en el centro y con ello desplaza a Cristo, tiene para mí el sabor evidente del anticristo. Anticristo no quiere decir forzosamente una acción consciente opuesta al misterio de Cristo; también puede ser un modo de alejamiento tranquilo y casi inconsciente de la centralidad de Cristo.

Los paganos no celebraban a Cristo porque todavía no lo conocían; ¿por qué motivo deberíamos nosotros marginalizarlo y posponerlo al sentir antropológico y naturalista? ¿Por qué motivo o al menos con qué resultado? ¿Con qué resultado celebraremos al hombre, a la naturaleza y al símbolo universal, sino con el resultado de alejar a Cristo? Hasta expulsarlo y derrocarlo.

Y así, más allá de los movimientos culturales y anticristianos y más allá de eventuales Estados o líderes capaces de atraer las masas hacia sí y manipularlas contra o sin Cristo (todas posibles figuras clásicas del Anticristo), he aquí que nosotros mismos podremos encontrarnos – ¡nosotros, los cristianos! – en la situación de convocar al pueblo de Dios sin Dios, de reunir a la asamblea cristiana sin Cristo, de realizar la labor del Anticristo.

El caso es que no sé si algún autor lo ha tratado, pero me queda una pregunta que me perturba: ¿Quién ha dicho que el Anticristo deba forzosamente ser una persona? ¿Y si fuese un rito?

Don Marco Begato, SdB

La Liturgia es la única cuestión que importa-MarchandoReligion.es

Nuestra recomendación:


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor
Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/