Escuelas mendicantes

En la Edad Media – esa época de oscuridad y de ignorancia en la que nacieron San Agustín o Santo Tomás de Aquino y que inopinadamente fue capaz de dar al mundo el arte Románico y el Gótico – nacieron las órdenes mendicantes: Franciscanos, Dominicos, Trinitarios, Mercedarios, Carmelitas, Agustinos… La radicalidad de su pobreza les llevaba a no tener nada propio y vivir de las limosnas que buenamente los fieles les fueran dando por caridad.

“Escuelas mendicantes”, un artículo de Pedro Luis Llera

En pleno siglo XXI, los colegios concertados son igualmente mendicantes. Resulta que, según la legislación vigente, los colegios concertados no podemos tener beneficios de ninguna clase. Somos las únicas empresas conocidas en todo el mundo que no pueden ganar dinero. Ingresos menos gastos debe ser siempre igual a cero. La subvención de “otros gastos” que aportan las administraciones apenas si da para pagar los sueldos del personal de limpieza, mantenimiento y administración y para pagar los gastos corrientes de luz, teléfono, agua, fotocopiadoras, material de oficina y estas cosas del día a día. Y cuando llega el momento de rendir cuentas a la Administración del dinero recibido, te exigen que el saldo sea cero. Si has gastado más por la razón que sea, es tu problema: “yo, Administración Educativa, no quiero saber nada de déficits ni de números rojos. Justifícame en qué has gastado el dinero que te di y si has gastado más, búscate la vida”. Y si has gastado menos (cosa imposible), ¡Ojo!, me tienes que devolver lo que te sobró…

Otro tanto ocurre con las actividades extraescolares que se dan fuera del horario escolar (clases de inglés para exámenes externos, refuerzos educativos, robótica, deportes, etc.). Estas actividades deben ser, obviamente voluntarias, y no deben tener ánimo de lucro: lo comido por lo servido.

Y lo mismo con los servicios complementarios (aula matinal, comedor o transporte) y con las actividades complementarias (salidas culturales, excursiones, etc.), que también deben ser voluntarias y tampoco deben tener carácter lucrativo. Incluso te exigen una memoria económica que los sabuesos, los comisarios políticos, estudian detenidamente, no vaya a ser que ganes un euro por alguna parte.

En definitiva, un colegio concertado en España no puede ganar dinero legal y decentemente. Porque la administración considera que ganar dinero es inmoral, indecente e ilegal. Y por lo tanto, nos prohíben ganar dinero de ninguna de las maneras.

Ingresos menos gastos igual a cero.

Fenomenal. Empresas sin ánimo de lucro. Muy bien. Fantástico. El problema está cuando tengo una gotera en el aula de 2º de ESO y la reparación me va a costar de cinco mil euros para arriba. Y como no puedo tener beneficios, a ver de dónde saco yo el dinero. Porque una empresa sin beneficios no puede subsistir. No puede reinvertir esos beneficios para mejorar las instalaciones o para reparar las goteras o para comprar ordenadores nuevos. Y una empresa sin beneficios, tampoco puede crear puestos de trabajo, cuando a duras penas puede mantener los que tiene. En mi colegio tuvimos que amortizar el puesto de conserje porque era inviable y ahora es el director o cualquier profesor que pase por ahí en ese momento o la secretaria quienes tenemos que abrir la puerta. Y acercarnos a las clases a buscar a los niños cuando los vienen a buscar para ir al médico y así sucesivamente.

Y si se les dice que la financiación de la escuela concertada es una vergüenza, la respuesta es que renuncies al concierto y que te conviertas en colegio privado. Claro… Para que solo los ricos puedan venir a nuestros colegios o para que cerremos de una vez por todas. La inmensa mayoría de las familias que traen niños a mi colegio no podría pagar las cuotas de un colegio privado. Ese es el discurso de los podemitas y compañía: el que quiera una educación privada que la pague. Como si los impuestos del contribuyente fueran suyos; como si los colegios concertados le estuviéramos robando el dinero a alguien; como si los padres que traen a sus hijos a un concertado no pagaran impuestos ni tuvieran derecho a nada.

La política educativa de los últimos treinta años ha pretendido asfixiar económicamente a los colegios concertados. Quieren llevarlos a la ruina para que cierren poco a poco. Porque la gente es tan fascista que se empeña en escapar de la escuela de titularidad estatal – ahora autonómica – buscando la calidad educativa que ofrecen los colegios concertados; y haciendo uso de su derecho y de su libertad a educar a sus hijos conforme a los principios – mayoritariamente católicos – que los colegios concertados ofrecen para quienes los quieran elegir libremente. Y los políticos de la izquierda, herederos aventajados del vetusto anticlericalismo del XIX y de la primera mitad del XX – de origen liberal, masónico, anarquista y comunista –, no soportan que las familias sigan llevando a sus hijos a colegios católicos. ¿Saben por qué? Porque odian a Dios, odian a la Iglesia y odian a los católicos. Y ya no saben cómo ridiculizarnos, cómo reírse de nosotros, cómo insultarnos, cómo desprestigiarnos: series y espacios de “humor” en televisión, películas, artículos periodísticos, exposiciones y performances blasfemas y sacrílegas… Algo hemos mejorado: ahora, de momento, se ríen de nosotros y nos insultan; en los años 30 del siglo pasado, torturaban y asesinaban… El fin de estos enemigos de Cristo es acabar con la civilización cristiana – la única que se puede llamar “civilizada” – y convertir el mundo en un inmenso gulag comunista, al estilo chino, norcoreano o venezolano.

Los políticos de izquierdas se empeñan en considerar los colegios concertados como subsidiarios de los públicos; esto es, como un recurso indeseable pero necesario para escolarizar a los niños que no tienen “hueco” en las escuelas públicas. Pero si la red pública tuviera capacidad suficiente, los colegios concertados sobrarían.

Pero los colegios concertados católicos no son subsidiarios de nada ni de nadie: son opciones alternativas para quienes quieran libremente llevar a sus hijos a colegios con un proyecto educativo, un ideario, propio y distinto de lo que ofrece la escuela supuestamente neutra de titularidad autonómica. Y digo supuestamente porque, aunque hay de todo, el control de las escuelas públicas está en manos de la extrema izquierda laicista, atea y enemiga de la fe católica hasta el tuétano. Con todas las excepciones que ustedes quieran ponerme, pero esa es la regla general.

Hoy tuvimos los directores de mi zona una reunión telemática con los inspectores. Y la sensación de estar siendo tratado permanentemente como sospechoso de atracador, de ladrón, de corrupto, inmoral y delincuente, me fue enfadando paulatinamente. Hasta que les espeté que la relación proporcional entre políticos corruptos, juzgados y encarcelados, y la de directores de colegios concertados nos beneficiaba objetivamente a los directores titulares de colegios concertados. En Asturias, que es mi patria chica, un consejero de educación, el señor Riopedre, y buena parte de su equipo de la Consejería de Educación del Principado acabaron en la cárcel por corruptos y ladrones. Y en la Junta de Andalucía, ¿cuántos escándalos de corrupción se han destapado en los últimos años? Así que los chorizos inmorales y ladrones no están dirigiendo colegios concertados. Están en otros ámbitos. No conozco ningún director de colegio concertado que se haya hecho rico; o mejor dicho, que haya salido de pobre. Yo, por lo menos, soy tan pobre ahora como cuando empecé a dirigir colegios hace ya muchos años. Señores inspectores, con todos mis respetos, ese trato yo no me lo merezco. Ni mis compañeros, a buen seguro que tampoco.

¿Quieren saber cómo subsistimos? ¿Quieren saber el secreto de no morir asfixiados por mucho que lo intenten los políticos desde hace treinta o cuarenta años? Yo se lo diré. Subsistimos gracias a la limosna. Sí. Lo han leído bien. Subsistimos porque muchos padres nos ayudan voluntariamente. Y lo hacen porque creen que nuestro trabajo lo merece. Porque saben que en mi colegio queremos a los niños como si fueran nuestros y siempre ayudamos a todas las familias en todo lo que podemos. No solo no les atracamos a mano armada, como ustedes creen que hacemos, sino que cuando hace falta comprar un carro de comida para que nuestros niños coman, se lo compramos; y cuando hay que buscar un uniforme para dárselo a unos niños que no lo pueden comprar, otros padres nos donan uniformes que ya no les sirve a sus hijos y nosotros se los podemos proporcionar a quienes no se los pueden comprar nuevos. Eso se llama solidaridad. En cristiano, caridad: amar al prójimo como a uno mismo. Claro… Eso un ateo no lo puede entender. Ellos hablan mucho y no dan nada. Predican justicia y se compran casoplones en Galapagar. Y a los pobres que les den y que se queden en Vallecas, que allí están bien.

Los colegios católicos vivimos como las antiguas órdenes mendicantes: de la caridad y la limosna de las familias que nos ayudan porque les da la gana. Y lo hacen los que quieren hacerlo. Y los que no quieren hacerlo, no lo hacen. Nadie podrá decir que en el colegio que yo dirijo se ha discriminado nunca a nadie. Y no lo hará porque mentiría. Aunque también es verdad que la difamación, la corrupción moral y la mentiras están a la orden del día… Nada nuevo tampoco. Pero yo tengo la conciencia tranquila y me podré presentar ante Dios sin que nadie me pueda acusar de ladrón, de corrupto o de inmoral. Puedo ir por la vida con la cabeza alma y puedo mirarme en el espejo por las mañanas sin que se me caiga la cara de vergüenza. Y duermo como un lirón.

Y además de las ayudas voluntarias de las familias, sobrevivimos gracias a la generosidad y al sacrificio de los profesores, que se dejan el alma, la vida y el corazón en su trabajo. Y trabajan muchas más horas de las estipuladas en los convenios colectivos. Pero no porque yo, como director, sea un explotador despiadado: no. Lo hacen porque saben que si no nos sacrificamos todos y somos generosos, no podemos sobrevivir; y si no podemos sobrevivir y mantener el colegio a flote, el colegio cierra y sus puestos de trabajo desparecen y nos quedamos todos en el paro. Es así de claro. Aquí no hay nada que esconder. Y defender los garbanzos de la familia y los puestos de trabajo que nos dan de comer es perfectamente honorable y digno. Lo indigno es robar y gastarse el dinero público en mariscadas y en putas. Y eso no es lo que solemos hacer los directores de colegios concertados.

Los colegios concertados vivimos de la caridad: de las limosnas de los padres (voluntarias, valga la redundancia) y del esfuerzo y el trabajo de todos los que trabajamos en el Colegio y nos dejamos la vida allí. Si este fuera un negocio próspero, estaría en manos de Amancio Ortega o de los dueños del Corte Inglés o de Mercadona. Pero como negocio, esto es una ruina. Nuestro negocio no va por ahí. No es ganar dinero nuestro fin último, sino dar una educación moral que forme buenas personas, virtuosas y santas, que den gloria a Dios con sus vidas.

Pedro Luis Llera

Escuelas mendicantes-MarchandoReligion.es

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Pedro Luis Llera

Pedro Luis Llera

Pedro Luis Llera: Asturiano. Trabajo para la Fundación Educatio Servanda. Dirijo el Colegio Juan Pablo II - Santo Ángel de Puerto Real (Cádiz), de la Fundación Educatio Servanda Cádiz y Ceuta. Miembro de la academia Juan Pablo II por la vida y la familia. Condecorado con la Gran Cruz de Caballero de Santiago por la Asociación de Guardias Civiles Marqués de las Amarillas en 2011, por apoyar a la víctimas del terrorismo. Escribo en el portal de información religiosa InfoCatólica en el que gestiono un blog de apologética cristiana al que he llamado “Santiago de Gobiendes”: http://www.infocatolica.com/blog/gobiendes.php Colaborador como articulista en medios como Análisis Digital, Forum Libertas o Camineo.info.