El niño de la escalera

Manuel Cuevas nos trae una historia que sucede en Jerusalén y que él titula: el niño de la escalera, ¿Quieren saber quién es el niño y que escalera sube? Les invitamos a leer este bello artículo con un final sorprendente

El niño de la escalera, un artículo de Manuel Cuevas

Amanece en Jerusalén, escucho ya el canto de los gallos que anuncian la salida del sol, desde la ventana de mi cuarto puedo ver el templo y las casas que lo rodean, tengo que levantarme pues mi padre me ha encomendado mucho trabajo, hoy celebramos la pascua y esperamos que vendrá a celebrarla Jesús el Rabí, mi padre y mis tíos lo siguen desde que milagrosamente resucitó a mi prima Rebeca, hija de mi tío Jairo allá en Cafarnaúm, ella murió por una enfermedad, pero el Rabí le devolvió la vida.

Hace unos días entró a Jerusalén por el pórtico dorado y cientos de personas coreaban su llegada con palmas en las manos y gritando con júbilo “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” yo estuve ahí y seguí al Rabí y a sus discípulos hasta el templo donde ante mi asombro y el de todos tiro las mesas de los cambistas, eso nos dio gusto pues hay mucho abuso y usura en el Templo del Señor.

Mi padre me dijo “acércate al Rabí y dile que nuestra casa está a su disposición si no tiene donde hospedarse”, lo hice y el Rabí mirándome por primera vez a los ojos me dijo, “Te conozco pequeño algún día tú me seguirás, pero hoy me quedo en Betania, sin embargo agradécele a tu padre y tendrá noticias mías”.

Regresé a la calle de los vendedores de aceite donde tenemos un negocio, mi padre compra y vende aceite de olivo principalmente, ahí conté lo que me dijo Jesús y mi padre me dio la tarea que siguiera al Rabí todo el tiempo que estuviera en Jerusalén por si se le ofrecía algo nosotros pudiéramos ayudar.

Así, el día de inicio de la Pascua , el “Pesaj” que marca el inicio de la cosecha en primavera y conmemora la salida de Egipto y la liberación de la esclavitud de nuestro pueblo, yo acompañaba a un criado de la casa que llevaba un cántaro de agua y se acercaron a mi unos discípulos de Jesús diciendo, “Hola pequeño, él es Pedro, yo me llamo Juan, tenemos un recado del Rabí para tu padre” yo le escuché atentamente y él continuó diciendo “El Rabí Jesús dice que su tiempo está cerca, que acepta tu generosa oferta para celebrar la Pascua en tu casa y te pide que tengas preparado un lugar para que él junto con sus discípulos podamos celebrar dignamente el “Pesaj”, ¿Nos harás el honor de dejarnos hacerlo en tu casa?” yo le dije que sí, que mi padre aceptaba de antemano, pues ya me había indicado estar preparado por si el Maestro necesitara nuestra casa, le pregunté a Juan cuantas personas irían y me dijo que eran 13 en total.

Corrí a decirle a mi padre quien puso a todos en la casa a limpiar y arreglar, mandó traer un borrego para la cena y algunos discípulos del Rabí se encargaron de llevarlo al templo a sacrificar, como prescribe la ley de Moisés, luego regresaron a prepararlo, lo pusieron al fuego para asarlo y tenerlo a punto por la tarde.

Mi madre y mis hermanas se pusieron a preparar unos panes ázimos que son los que comemos en este día y a conseguir hierbas amargas, mi hermano mayor fue a sacar el mejor vino que teníamos en los odres que guardaba en la bodega de la casa.

A mí me puso a barrer y limpiar un cuarto muy grande que está en la parte superior de la casa, tiene mucho espacio y en las noches de calor nos reunimos para comer, platicar y contemplar las estrellas en el cielo de Jerusalén en las noches de estío.

Para llegar ahí tenemos que subir una escalera, son tres pisos de la escalera que es fuerte y sólida, hecha con cedro y maderas del Líbano y con unas grandes columnas de roble que le dan sostén al andamiaje de la escalera y desemboca en el piso donde será la cena, así que todo el día fue barrer, limpiar, llevar cojines y añadir unos tablones para la mesa, pues serían varios los que estarían ahí, subí también cantaros de barro con agua para las abluciones, velas, y lámparas de aceite para tener iluminada la estancia cuando anocheciera.

Finalmente al ocaso del sol vinieron el Rabí con sus discípulos y mi padre dándoles el beso de bienvenida los condujo a la estancia donde pudieran celebrar la Pascua, algunos de los seguidores de Jesús ayudaron a llevar las cosas para la cena, yo subí con telas, manteles y de paso probar un pan ázimo que a mi mamá le queda muy sabroso.

Ya que se fueron instalando el Rabí me dijo, “acércate muchacho, por favor necesito que me ayudes, trae ese cántaro con agua y unas telas junto con una jofaina”, yo presto lo hice y pidió a sus discípulos que se sentaran, y uno a uno les fue lavando los pies, todos ellos sorprendidos de que su Rabí hiciera eso, incluso Pedro se negó inicialmente, pero le dijo Jesús, “Si no lo hago no tendrás parte conmigo” y el casi le pide que lo bañe todo, yo lo seguía con las telas y la jofaina sorprendido , ¿Por qué el Maestro se humillaba así con sus discípulos? No lo entiendo.

Finalmente todos se sentaron en torno al Maestro, yo me fui a un escalón junto a una columna de roble, al final de la escalera, desde donde veía a todos, pero de quien no podía apartar mi mirada era de Jesús, alto, musculoso, con unas manos fuertes y una sonrisa franca, su cabello tenía de repente tonalidades luminosas y sus ojos, eran los más profundos y bellos que había visto en mi vida, cuando estaba hablando con sus discípulos todos se quedaban silenciosos meditando lo que decía, yo también escuchaba y sentía mi alma estremecerse con su voz.

En un momento Jesús tomó un pan, lo bendijo y al ir pronunciando las palabras “Tomad y comed todos de él, esto es mi cuerpo” sucedió lo más maravilloso que he visto y me marcó toda la vida, en ese momento pareció que todo el universo se encontraba ahí, que el tiempo se detenía y para mi asombro vi que se abrían los cielos, ya no había techo o paredes en mi casa, sino que solo estaba Jesús y sus discípulos y yo como ratón asustado no podía hacer nada más que observar, miríadas de ángeles y seres celestiales venían y se arrodillaban ante Jesús que de una forma que no puedo expresar era el mismo pan que tenía en sus manos, el pan mismo ya no era sino Jesús el Mesías y yo pasmado veía a todos contemplar arrobados este momento que es único en la historia, ahora lo sé y Jesús lo compartió a sus discípulos diciéndoles que hicieran lo mismo en su memoria.

Yo aferraba la columna de la escalera en mis manos, pero sentía que los escalones desaparecían y me encontraba literalmente flotando, y Jesús tomó un cáliz con vino, dio nuevamente las gracias y dijo “Tomad y bebed porque esta es mi sangre de la nueva alianza que será derramada por vosotros” entonces como un gran torbellino la noche y el día pasaron miles de veces, vi montes y océanos, nubes y lluvia, ríos y desiertos y una inmensa cantidad de personas que se arrodillaban para adorar a Dios, para adorar a Jesús que estaba ahí también en esa sangre contenida en el cáliz, que sentía uno que era de una profundidad insondable lleno de amor y misericordia, no puedo describir todo lo que vi, sentí y no sé si puedo aun hoy comprender.

Al terminar todo pareció volver a la normalidad, las lámparas iluminaban los rostros y yo envuelto en la sombra que me daba mi escondite en la escalera sentí que Jesús me observaba y con una mirada dulce me regaló una sonrisa.

Esa noche dijo muchas cosas, todas ellas las llevo marcadas como fuego en el corazón, pero todo gira en torno al amor a Dios y al prójimo, que el sello de los que iban a seguirlo sería precisamente el amor a Él y a todo el mundo, todavía estuvieron un rato y después que pasó un tiempo el Rabí se levantó y dijo que tenía que ir a orar, se acercó a la escalera y me dijo, “¿Pequeño donde puede uno estar tranquilo sin que nadie nos interrumpa?” Yo le dije que mi padre tenía un huerto en Getsemaní en el Monte de los Olivos, le indiqué la dirección y me ofrecí a llevarlos, pero me dijo , “Se dónde me dices, no te preocupes, solo iré con Pedro, Santiago y Juan, los demás se quedarán a ayudarles a recoger todo y luego nos alcanzarán” me vio con esos ojos profundos, en ese momento tenía preocupación en su mirada, le dije “¿Señor hay algo más en lo que pueda servirte?” Él sonriendo nuevamente me respondió “Si pequeño, debes ser fuerte y valiente por los días que vienen, vivirán cosas difíciles, pero si tu mantienes tu fe en mí saldrás avante de todo” yo le dije que quería ser su discípulo y el respondió “Ya lo eres muchacho, todo lo que has visto esta noche recuérdalo y vívelo siempre ,algún día tú mismo tendrás que ser testigo y celebrar estos misterios y ahí en el pan y el vino podrás encontrarme” y bajando la escalera salió con sus apóstoles, yo me quede sentado en la escalera pensando todo lo que vi esa noche.

Aún recuerdo todo hoy que soy mayor y sacerdote de Cristo cuando al celebrar los Sagrados Misterios y actuar en su persona consagrando el pan y el vino, mi corazón se regocija pues el Señor me regala nuevamente esa visión que tuve el día en que celebró la Pascua en nuestra casa y lo veo en las especies que son su cuerpo y su sangre, eso me llena de un inmenso amor y agradecimiento a Dios, que se fijó en mí que fui un simple testigo inesperado, que era solo un niño, el niño de la escalera.

Manuel Cuevas

El niño de la escalera-MarchandoReligion.es

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Manuel Cuevas-Miles Christi

Manuel Cuevas-Miles Christi

Católico,mexicano, felizmente casado y con tres hijos, Médico Ortopedista de profesión, vive y trabaja cerca de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Colabora con algunos foros de formación y de apologética católica en redes sociales. Preocupado por su salvación y la de sus hermanos, fiel a Dios y al Magisterio infalible de la Iglesia Católica.