Corpus Christi: la gran fiesta Eucarística de la Iglesia

Parecen bastante claras cuáles serían las “órdenes de marcha” de Nuestro Señor y de Nuestra Señora respecto al uso de las iglesias y a la veneración del asombroso misterio de Cristo, verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento

Corpus Christi, la gran fiesta Eucarística de la Iglesia inspira la adoración a Nuestro Señor, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Hoy (nota de la traducción, este artículo fue publicado el día 11 de junio, festividad de Corpus Christi) es tradicionalmente la gran fiesta del Corpus Christi, cuando recordamos la institución de Nuestro Señor del Santísimo Sacramento y cuando, de acuerdo con la Santa Madre Iglesia, debemos llevar en alto la custodia en procesión pública para recibir el homenaje de las almas cristianas. Gracias a la propagación de esta fiesta a través del mundo cristiano, la práctica de la Adoración Eucarística recibió un tremendo impulso alcanzando su apogeo en el periodo Tridentino o Contra-Reforma. En el siglo veinte, la Adoración se marchitó bajo la influencia escalofriante del Modernismo. De nuevo florece donde quiera que la Fe ha comenzado a ser creída y vivida de nuevo.

Por siglos los católicos fueron alentados a hacer piadosas visitas al tabernáculo de cualquier iglesia.

Debiéramos recobrar esta costumbre. Si pasas por una iglesia durante una caminata o una diligencia, da un paso adentro para rezar por un momento a Nuestro Señor. Si detenerse no es posible, haz la señal de la Cruz mientras pasas y di una pequeña oración como, “Jesús, Rey de Amor, pongo mi confianza en Vuestro misericordioso amor.”

La Madre Matilde de Bar (1614 – 1698), una escritora de espiritualidad del siglo 17 en Francia cuyos escritos están ahora ya disponibles gracias a una antología recientemente publicada por Angelico Press, en “El Misterio del Amor Incomprensible”, nos dice:

“Nunca debemos perder de vista nuestros santos tabernáculos: es ahí que nosotros encontramos nuestra fuerza y nuestra virtud. Si las debilidades y quehaceres humanos lo permiten, deberíamos pasar nuestra vida entera a los pies de nuestro Divino Maestro. Al menos vayamos ahí lo más seguido posible, y dejemos tantas fútiles ocupaciones que nos roban del precioso tiempo reclamado por al que le debemos el amor de un Dios.” (p. 22)

En el magnífico libro In Sinu Jesu:  When Heart Speaks to Heart — The Journal of a Priest at Prayer, (In Sinu Jesu: Cuando el corazón habla al corazón. El diario de un sacerdote a la oración), Nuestro Señor enfatiza la importancia de estas visitas y expresa Su disgusto con las iglesias que son mantenidas cerradas:

“La Santísima Eucaristía no es solo Mi sacrificio ofrecido al Padre, aunque de manera incruenta. No es solo el sustento de las almas, nutriéndolas con mi mismo Cuerpo y Sangre, sino que también es el Sacramento de Mi divina amistad, la promesa de Mi ardiente deseo de permanecer cerca de todos los que me buscan, de todos los que Me necesitan, de todos quienes pasarían tiempo en Mi compañía. Esta es la razón de porqué Me es tan triste que las iglesias estén cerradas y que Soy dejado por días enteros en el tabernáculo. Me gustaría llamar a las almas a Mi corazón abierto, me gustaría hacerles experimentar lo que es permanecer en el resplandor de mi Rostro Eucarístico. Me daría a Mi mismo en una amistad íntima a las almas traídas a mí en el Sacramento de Mi amor, pero vosotros los sacerdotes, pastores de almas, habéis olvidado que mantener abiertas vuestras iglesias es integral para vuestro sagrado ministerio. Yo pastaría almas en Mi presencia Eucarística, pero vosotros, al continuar con Mis iglesias cerradas a las almas, frustráis y contradecís los deseos de mi Eucarístico Corazón. Hay dolor en el cielo por esto. No es difícil mantener Mis iglesias abiertas y proveer las necesidades espirituales de aquellos que fácilmente entren en ellas en busca de Mi amistad. Los obstáculos no son aquellos que creéis. El obstáculo es una falta de fe, una pérdida de creer en Mi presencia real. Mis sacerdotes serán responsables de la frialdad y la soledad que me ha envuelto en el Sacramento de Mi amor. ¡Cuánto deseo ver Mis iglesias abiertas! ¡Abrid las puertas de Mis casas consagradas y confiad en que las llenaré de adoradores en el espíritu y en la verdad!” (p.54)

Más adelante en el libro, Nuestra Señora dice estas palabras:

“¿Cómo es Él [mi Hijo] traicionado? Sus sacerdotes, mis propios hijos, lo traicionan cuando fallan en hacerle conocido, cuando por no enseñar el misterio de Su presencia real dejan a las almas en la oscuridad de la ignorancia, sin fuego o luz. Ellos traicionan a mi Hijo cuando, por su ejemplo, desalientan la reverencia, la adoración y la amorosa atención a Su presencia. Ellos lo traicionan cuando ofrecen el Santo Sacrificio de la Misa indignamente y cuando lo entregan a los pecadores que no tienen la intención de dar a Él sus corazones y buscan Su misericordia y Su perdón por sus pecados. Ellos lo traicionan cuando lo dejan solo en iglesias cerradas y cuando hacen difícil o imposible a las almas aproximarse a Sus tabernáculos y descansar en el resplandor de Su Rostro Eucarístico. Ellos lo traicionan cuando permiten que Sus iglesias se conviertan en lugares de ruido y de cháchara mundana, y cuando no hacen nada para recordar a las almas el vivo misterio de Su amor, esto es, Su presencia en el tabernáculo.” (p.184)

Parecen bastante claras cuáles serían las “órdenes de marcha” de Nuestro Señor y de Nuestra Señora respecto al uso de las iglesias y a la veneración del asombroso misterio de Cristo, verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento.

Gracias a Dios, algunas iglesias permanecieron abiertas incluso durante el confinamiento del COVID-19, y los fieles iban a ellas a rezar. Obedientes sacerdotes expusieron la Hostia para la adoración. Algunos fueron capaces de decir la Misa y escuchar confesiones. Cuando la historia de esta extraña época sea escrita, estos hombres serán los héroes de cuyas silentes hazañas se hable.

En otras partes, la vida pública de la Iglesia se extinguió por completo de un modo que misteriosamente recordaba las profecías de los últimos tiempos, cuando las almas buscarán en vano a los sacerdotes o los sacramentos, y el oscuro príncipe de este mundo se regocijará como si él hubiera extirpado la religión de la faz de la Tierra. “Cuando el Hijo del Hombre vuelva, ¿encontrará fe sobre la Tierra?”

Él encontrará fe al final entre aquellos católicos que han abrazado fuertemente al misterio del Corpus Christi y quienes adoran al Señor en la Hostia, en los tabernáculos de Sus iglesias, y si todos ellos fallan, en los tabernáculos de sus corazones donde Él mismo se ha hecho un hogar.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por LifeSiteNews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo sobre el Corpus Christi en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/corpus-christi-the-churchs-great-feast-of-the-eucharist-inspires-adoration-of-our-lord

Recuerda visitar a Nuestro Señor cuando pases frente a un iglesia, Él te espera con su corazón abierto. Te invitamos a leer este sermón para la festividad del Corpus que ya pasó.


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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/