“El bien más precioso”, un libro para conocer mejor la China en el recuerdo de Matteo Ricci

Hoy, Aldo María Valli, nos trae una propuesta muy interesante, un libro para conocer mejor la China, ¿Quién es el autor? Aurelio Porfiri

El bien más precioso” / Un libro para conocer mejor la China en el recuerdo (no ideologizado) de Matteo Ricci

Texto original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/05/11/il-bene-piu-prezioso-un-libro-per-conoscere-meglio-la-cina-nel-ricordo-non-ideologizzato-di-matteo-ricci/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

“Querido padre, nos separan tantos siglos, y sin embargo me parece apropiado dirigirme a ti con una carta, para poderte decir cosas que me parecen relevantes, sobre algo que tú y yo tenemos en común: China”.

Así empieza El bien más precioso. Carta a Matteo Ricci sobre la China (Chorabooks), el bonito libro que Aurelio Porfiri ha querido dedicar al padre Matteo Ricci (Macerata, 6 octubre de 1552 – Pechino, 11 de mayo de 1610), el gran misionero jesuita evangelizador de China.

A 410 años de la muerte de Ricci, Aurelio Porfiri, a su vez profundo conocedor del mundo chino, ha querido dirigirse al jesuita con una carta imaginaria en la que afronta numerosos argumentos: el carácter misionero, la cultura china, las diferencias entre las mentalidades china y occidental, la posibilidad de instaurar una verdadera relación.

El libro es también la ocasión de hacer constar, de modo conciso pero no superficial, algunas concepciones erradas que todavía hoy llevan a interpretar la obra del misionero de forma deformada respecto a su espíritu más auténtico.

Escribe Porfiri a Ricci: “Cuando se habla de China, tu nombre siempre sale a colación, especialmente en relación con la evangelización de este gran país. Yo, que observo el modo en el que se usa tu nombre, a veces me siento un poquito a disgusto. Porque pienso que a veces tu nombre es instrumentalizado para hacer parecer lo que quizás no ocurrió verdaderamente. Ciertamente fuiste un gran amante del pueblo chino, apreciaste su cultura, su gran historia, su gran potencial. Tu misión, en tiempos en los que ser misionero era verdaderamente muy complicado, pues los viajes no eran como los de ahora, fue ciertamente importante, incluso diría que fundamental. Pero no querría olvidar que tu misión era la de quien iba a China no para establecer amistad con el pueblo chino, sino para convertirlo al Evangelio, para hacerlo entrar en la Iglesia católica, por su salvación. Por tanto, todos los que hablan de ti como si hubieses estado interesado sólo en establecer amistad con los chinos, por la amistad en sí misma, en mi opinión traicionan lo que era tu verdadero objetivo”.

Incluso si hoy se tiende a minimizar o a pasar por alto todas las misiones de los jesuitas, todas sus obras en Asia y en otras partes del mundo, en realidad, subraya Porfiri, “no tuvieron otro propósito que evangelizar otros pueblos, llevarles la palabra de Dios y llevarlos a la Iglesia”.

Pío XI, en la Rerum Ecclesiae (1926) afirmaba: “Examinando con atención los anales de la Iglesia, a ninguno se le puede escapar cómo, ya desde los primeros siglos del cristianismo, los Romanos Pontífices dirigieron sus principales atenciones y providencias a que se difundiesen la luz de la doctrina evangélica y los beneficios de la civilización cristiana a los pueblos que todavía yacían en las tinieblas y en la sombra de la muerte, sin pararse jamás por encontrar dificultades o interponerse obstáculos. Y verdaderamente no tiene otra intención la Iglesia que hacer partícipe a todo el género humano de los frutos de la Redención, extendiendo el reino de Cristo por toda la tierra; y el Vicario de Jesús en la tierra, Príncipe de los Pastores, sea quien sea, lejos de poder contentarse con la simple defensa y custodia de la grey que le ha sido divinamente confiado gobernar, falta a una de sus principales obligaciones si no procura asimismo con todo celo ganar para Cristo a cuantos aún se hallan lejos de Él”.

Éste es el impulso que condujo a muchos misioneros hacia tierras muy lejanas e inexploradas. No un genérico deseo de diálogo, no la intención de conocer otras culturas, sino la firme voluntad de convertir a la verdadera fe para la salvación de las almas.

Jesucristo, primero entre los mártires, dijo: “Si me persiguieron a mí, os perseguirán también a vosotros” (Jn 15, 20); “En el mundo padeceréis tribulaciones, pero tened confianza; yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33); “Si el grano de trigo que cae a la tierra no muere, no será fecundo; pero si muere produce mucho fruto” (Jn 12, 24-25). He aquí el “equipaje” de los misioneros como Matteo Ricci.

Sigue escribiendo Porfiri: “En suma, querido padre, la misión del misionero, como tú ciertamente sabías bien, es la de quien anuncia el Evangelio aún a riesgo incluso de su propia vida”.

El misionero no es un operador cultural ni un antropólogo. De las cartas de Ricci se deduce que el jesuita quería mostrar la superioridad de la propuesta cristiana respecto a la existente en China. Hoy hablar así resulta políticamente incorrectísimo, pero es la verdad. En realidad, no significa no tener respeto por la cultura de los demás. Significa que para apreciar a los demás antes de nada debe uno saber de qué cultura es portador.

“Tú comprendiste – observa Porfiri dirigiéndose a Ricci – mucho más y mejor que tantos de tus epígonos que los chinos aprecian la fuerza, no la debilidad. Es decir, ellos respetan a los que se muestran seguros e imperturbables en sus tratos, mientras que se aprovechan de los que se muestran deseosos de trabar amistad sin condiciones”. Sin embargo, hoy se trata de tener relaciones con China sin conocerla verdaderamente. Matteo Ricci se convirtió en Li Madou, su nombre chino, y trató de hacerse chino entre los chinos, pero sin perder de vista quién era y cuál era el propósito que lo llevaba a China.

Relevantes me parecen también estas palabras de Porfiri: “En confianza, te debo decir que a los chinos les gusta mucho nuestra cultura, se vuelven locos por ella. No sé cuánto pueden comprender de la complejidad de nuestra filosofía, arte, música, pero ciertamente las aman…  Si tú pudieses escuchar a muchos modernos admiradores de China, que piensan obrar bien atándose de pies y manos al ex imperio celeste… Yo estoy convencido de que tú serías el primero en sorprenderte al observar cómo tu nombre es instrumentalizado, pero puedo decirte que estás en buena compañía. Lo mismo le pasó nada menos que a san Francisco de Asís, que siendo ortodoxo católico se ha convertido hoy en santo pacifista, ecológico y buenista… Hay fuerzas que usan la manipulación sistemática para plegar todo a ciertas ideologías, de forma que sirvan a sus propios fines y a sus propias necesidades”.

Un libro, éste de Aurelio Porfiri, que vale la pena leer, para conocer mejor tanto a Matteo Ricci como la China.

Aldo María Valli

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/