Comulgué en la boca y no me contagié

Una historia en primera persona, el mundo aterrado por un virus, las Iglesias con más medidas de seguridad que un bunker y alguien que nos dice lo siguiente: “Comulgué en la boca y no me contagié”, ¿Sorprendente?

Comulgué en la boca y no me contagié, un artículo de Sonia Vázquez

“La sagrada Comunión es Jesús mismo recibido sustancialmente en nosotros, en  nuestra alma y en nuestro cuerpo. Por la sagrada Comunión Jesucristo nace, crece y se desarrolla en nosotros” (Julian Eymard)

Siempre me han hecho gracia ese tipo de títulos que adornan algunos artículos que abundan por la globosfera, “se cayó en la calle, se golpeó la cabeza y se convirtió”, “fue al supermercado y cuando la cajera le dijo el precio, sintió una llamada al cambio en su vida”, hay que decir que además de irrisorios, sí que es cierto que invitan a leer el artículo inmediatamente, aunque después sea de bajo contenido. Debo reconocer que mi título de hoy me ha salido en esa línea: “comulgué en la boca y no me contagié” y la verdad es que es cierto, en este caso no es un título para captar audiencia, espero no defraudarles con el artículo.

Hoy en día los lugares más inseguros parecen ser los templos parroquiales, todo el mundo teme encontrarse allí a Covid, no sabemos si es que el virus es católico y está a gustiño al amparo de los Santos o quizás sea todo lo contrario, que sea ateo perdido y le guste captar al pueblo de Dios.

En la etapa final del confinamiento y ahora, una vez terminado, vemos como en España la gente va a los bares, cafeterías y se “maza” a beber y comer sin mascarillas y sin ningún tipo de distancia y todo esto aderezado con besos, abrazos y risas. Esas mismas personas que comparten mesa, al terminar se van a un funeral, por poner un ejemplo y lo primero que tienen que hacer antes de entrar en la Iglesia es rociarse las manos…con alcohol… no con agua bendita, que está prohibida, entrar con la mascarilla al Templo y con la persona que había compartido mesa en el bar, ahora tienen que estar cada uno en un extremo de un banco, porque ya no estamos de copas, estamos en la Iglesia y hay que mantener la distancia social. Todo esto son las medidas covid-clero. Lo mismo si uno se quiere confesar, debe seguir una serie de normas absurdas, no enumeraré ninguna ya que hay múltiples y todas son igual de extravagantes.

Podría seguir detallando más medidas aplicadas en los templos españoles, pero prefiero ir al punto en el que quiero centrar mi artículo: La Santa Comunión. Desde el inicio de la pandemia se puede decir que se ha obligado a los fieles a Comulgar en la mano. Las pocas Iglesias que tenían reclinatorio lo han suprimido y en prácticamente todos los templos, en la puerta, nos podemos encontrar con la lista de obligaciones a cumplir durante la Misa y entre ellas se nos detalla como Comulgar: “coloca la mano izquierda sobre la derecha…”, obviamente no se contempla la Comunión de rodillas y en la boca, como debería ser lo normal, se incita y se coacciona para que la gente reciba al Señor en la mano.

Lejos de formarnos se nos ha ido deformando a lo largo de estos años. La recomendación de Pío X sobre la Comunión frecuente se ha distorsionado hasta el punto de que muchas personas consideran que el único objetivo de la Santa Misa es recibir la Comunión y así vemos gente que llega tarde sin ningún tipo de pudor porque tiene un único objetivo: Comulgar.

Si Vds. leen el decreto sobre la Comunión frecuente y cotidiana, SACRA TRIDENTINA SYNODUS, verán detallado que lo que buscaba San Pío X era que al Comulgar Sacramentalmente en la Santa Misa, el fiel obtuviese mayores frutos de santificación, pero en ningún caso se proponía como una práctica rutinaria. Nos hemos ido del polo norte al polo sur, de los jansenistas que se ubicaban en el extremo opuesto (aún los hay) a los actuales modernistas que consideran la Comunión una obligación diaria como ducharse.

Es evidente que hoy en día, el clero, considera también que el fin principal de la Misa es la Comunión y por ello, aún con el miedo al contagio, en vez de invitar y enseñar a recibir al Señor espiritualmente (si es que consideran que es tan peligroso Comulgar), lo que han hecho es todo tipo de horteradas o cutradas, como Vds. prefieran calificarlo. Sacerdotes que se rocían en solución alcohólica, se enfundan la mascarilla y van “repartiendo” al bueno de Jesús. Otros optan por poner una mampara como si fuera el Banco Santander y los fieles meten las manitos por debajo y “recogen” a Jesusito en eso que se llama una cunita hecha con las manos. En medio de todo esto, vemos situaciones tragi-cómicas de personas que van con muletas y hacen mil y una piruetas para coger al Señor con dos dedos y no caerse en el intento…Miren, puede parecer una película de risa pero estamos hablando de Jesús y estamos hablando de que el Señor va a entrar en nuestras almas, me pregunto cómo es posible que los fieles hoy en día no caigamos de rodillas ante este milagro que se produce delante de nosotros.

No me gusta perturbar a ningún Sacerdote ni me gusta que me perturben a mi en un momento que considero tan elevado como es el de la Comunión. Así que yo suelo hacer mi Comunión espiritual antes que ponerme a discutir con nadie o a poner mi corazón a mil en un momento en el que me gusta estar tranquila. Si nos han quitado los reclinatorios es porque, evidentemente, no quieren que nos arrodillemos, si nos ponen un cartel explicando cómo recibir al Señor, eso marca las normas del Sheriff, así qué…”na terra de lobos, ouvear coma todos” (en tierra de lobos, aullar como todos) o coger la maleta.

Después de varios meses sin Comulgar (yo no Comulgo en la mano), de repente se presentó ante mí la oportunidad y ni lo dudé, estaba en Gracia de Dios, así que me acerqué con mis manos juntas, me arrodillé, abrí la boca y el Buen Jesús se dignó a visitarme. Al terminar la Misa el Sacerdote se me acercó y me preguntó, “¿Tú sabes a quién se recibe cuando Comulgas?”, yo casi me sentí como en el catecismo cuando era niña y con una cierta ingenuidad le contesté, “a Jesús” y me dijo él, “Entonces, Sonia, ¿cómo es posible que haya gente que dice que uno se puede contagiar al recibirlo, si el Señor lo que hace es venir a curarnos?”. Esto que les cuento es cierto y sucedió así y es verdad lo que me dijo este Sacerdote, el Señor está para sanarnos de todo mal, yo tampoco entiendo que la gente vaya con miedo a Misa y pueda Comulgar con todas esas “precauciones”, pero sí puedo entender que hay una falta de Fe muy grande y es promovida precisamente por los que tendrían que fortalecernos. Este Sacerdote es un valiente y hay que decirlo, Dios nos suscite más como él que nos permitan recibir al Señor en la boca.

“El que me coma tendrá la vida”, si reflexionamos estas palabras de la Biblia, ¿Cómo podremos acercarnos con miedo a recibir a Jesús? Los gobiernos y las conferencias episcopales buscan su propio beneficio y, sin embargo, Dios busca el nuestro. Practiquemos la contemplación diaria a través de los Evangelios y entenderemos de los bienes celestiales más que de los terrenales.

Después de este episodio que les cuento en el que Comulgué en la boca y no me contagié, no tengo mucho más que añadir, simplemente es mi testimonio por si puede ayudar a alguien, puedo morir mañana mismo del coronavirus o de lo que sea pero lo que tengo claro es que la Santa Comunión no mata sino que nos da la vida del alma, ¿Hay algo más importante que esto? ¿Cómo podemos tener miedo a contagiarnos al Comulgar? Francamente, estamos enfermos, pero espiritualmente.

No sé Vds. pero yo no quiero una Iglesia enmascarillada y rociada de gel, yo quiero ir a Misa, simplemente eso, quiero Sacerdotes que nos confirmen en la Fe y que nos permitan recibir al Señor como se debe hacer: de rodillas y en la boca y si alguno piensa que es excesivo hablar de estos temas, lo único que está de más en estos momentos es el progresismo y el modernismo que aprovechando la llegada de Covid, con un plan más perverso han impuesto la Comunión en la mano.

Sonia Vázquez

Comulgué en la boca y no me contagié-MarchandoReligion.es

“Llegado el momento de comulgar no os ocupéis ya de vuestros pecados; lo contrario sería una tentación peligrosa, por cuanto os causaría tristeza y turbación, cosas ambas reñidas con la devoción. No os ocupéis tampoco ahora en hacer oraciones vocales, sino id a recibir a vuestro amoroso Dios con sosiego de la conciencia, poseídos del dulce sentimiento de confianza en la bondad de Jesús, que os llama y aguarda. Id a la sagrada mesa con las manos juntas, los ojos bajos, el andar grave y modesto. Poneos de rodillas con el corazón penetrado del sentimiento de gozo y felicidad. Al comulgar, tened la cabeza derecha y quieta; los ojos bajos; abrid modestamente la boca; sacad la lengua sobre el labio inferior y tenedla inmóvil hasta que el sacerdote haya puesto en ella la sagrada forma” (Julian Eymard)


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Sonia Vázquez

Sonia Vázquez

Soy Católica, agradezco a mis padres su empeño y dedicación en el cuidado de mi alma. Estudié la carrera superior de piano y a la par, la de Informática, en el área de programación. Profesionalmente estuve ligada durante años al sector de las Telecomunicaciones, que me siguen entusiasmando, pero mi pasión es la música a la que, a día de hoy, me dedico profesionalmente y al cien por cien. Trabajo como organista, dirijo varias corales y he impartido conferencias sobre la música Litúrgica. Me he formado en Teología, Música Litúrgica y órgano. Mi meta es Dios, la salvación de mi alma y la de aquellos a los que amo. Estoy felizmente casada, somos una familia en Cristo, en la foto me podéis ver con uno de los miembros de nuestra familia, Pastor. Vivo en Galicia, miña terra nai