Volver a la normalidad

¿Estamos preparados después del Covid para volver a la normalidad? ¿Los católicos van a volver a Misa o se conformarán con verla desde la televisión? A esta y otras preguntas contesta nuestro articulista

Volver a la normalidad, un artículo de Miguel Serafín

Nos hemos estado preguntando en los últimos días cuando es que volveremos a la normalidad. Cada quien hace sus cálculos o conjeturas y nombra un mes de los que quedan de este 2020. Para gustos, los colores. Ahora, lo que no tenemos claro es que entendemos por normalidad.

A los que tratamos de seguir a Cristo, nos preocupan muchas cosas como a los demás: la economía, el empleo, poder salir, tomar el sol, dar un paseo, etc., pero hay muchas otras cosas que deben preocuparnos o al menos preguntarnos.

Por ejemplo, temo que muchas personas no volverán a Misa porque nunca vieron la necesidad de ir. Lo hacían por algún motivo, pero con lo de la transmisión por televisión ahora se quedarán siempre en casa y la verán por televisión y dirán que, si la Misa era válida desde casa por la tele sin la Comunión, pues seguirá siendo válida desde casa por la tele sin la Comunión. De hecho, me enteré de una pareja que hablaba con sus amigos diciendo algo así como “estamos encantados con la Misa por la tele, la vemos los domingos mientras desayunamos”.

La otra cuestión es que la Sagrada comunión va a sufrir tremendas afrentas y sacrilegios. Propuestas como distribuir la Sagrada Comunión en bolsitas plásticas o diseñar dispensadores automáticos, ponen en evidencia que tanto los proponentes como los clérigos que acepten estas “novedades” en aras de la higiene; dan claras muestras de que nunca han entendido que Nuestro Señor Jesucristo está presente realmente en cada trozo de pan o de la forma consagrada (e incluso en las pequeñas migas que quedan); y que no se le puede tratar de cualquier manera y que la forma más apropiada es recibirla en la boca.

Este virus realmente servirá de excusa para cambiar las vidas de toda una civilización. El montón de leyes que se nos viene encima con el pretexto de prevenir contagios y no volver al enclaustramiento forzado es ya un hecho. Y no solamente en lo que concierne a la vida civil y mundana, sino que la jerarquía de la Iglesia aportará un gran pedrusco para que los católicos que quedan den el paso hacia el frente y pierdan por completo la poca fe que queda en la tierra.

Hoy, por ejemplo, cuando escribo este artículo, celebramos a Nuestra Señora de Fátima. La Santísima Virgen María, la mujer que va a aplastar la cabeza del dragón o Satanás descrito en el libro del Apocalipsis. Ella se apareció en 1917 para advertirnos de las calamidades que la humanidad iba a sufrir. Ante aproximadamente setenta mil personas se realizó el milagro del aguacero torrencial que empapó a todos los presentes que quedaron completamente secos en cuestión de segundos cuando salió el sol y todos lo vieron describiendo círculos a los que llamaron la danza del sol. Y que quedó registrado en varios diarios del mundo como el New York Times.

Sin embargo, desde el vaticano no se menciona esta celebración tan importante y sí se nos ha invitado a participar en el Día de la Oración y Súplica por la Humanidad. No el 13 de mayo día de Nuestra Señora de Fátima, sino el 14, un día después. Aparentemente es una invitación inofensiva porque invitar a orar no es algo malo, pero el llamado lo hace el Comité para la Fraternidad Humana. Es lo que dice el obispo de Roma, “porque la oración es un valor universal, he acogido la propuesta del Alto Comité Para la Fraternidad Humana para que los creyentes de todas las religiones se unan espiritualmente en un día de oración y ayuno…para implorara Dios que ayude a la humanidad a superar la pandemia del corona virus”.

¿Alguna vez habéis jugado al Monopolio? Es un juego de mesa donde se realizan transacciones imaginarias de compra y venta de propiedades con billetes de papel sin ningún valor real. Imaginaos que uno de nuestros hijos en el día de nuestro cumpleaños nos invita a comer y al final va a pagar con esos billetes que carecen completamente de valor. Ya sabéis quien va a pagar la cuenta ¿verdad?

Analógicamente sucede lo mismo con esta invitación a la oración: Si nosotros los católicos realmente creemos que sólo existe una Iglesia por medio de la cual se llega a Dios, y esa Iglesia fue fundada por Cristo y se llama Iglesia Católica; sabemos de ante mano que al final de la oración los que vamos a pagar la cuenta de esa jornada somos nosotros los católicos, porque las otras oraciones son de papel y no tienen ningún valor. “Para implorar a Dios” dice el obispo de Roma, y que yo sepa, la Iglesia católica es la única fundada por Dios, por cuanto las oraciones de otras religiones no se dirigen a Dios, por lo cual no tienen ningún valor sencillamente porque todas las otras religiones están rogando a un dios inexistente. Un niño pasa del Monopolio y salta a la realidad con una moneda de intercambio falsa; y papá le hace sentir bien aceptando la invitación pagando a escondidas la cuenta del restaurante. Lo engaña deliberadamente; con la mejor de las intenciones, pero lo engaña.

Otro juego que ejemplariza es entonces, el juego de “la Casita”. Los niños juegan y son invitados a comer en tasitas y platitos pequeñitos. Y he aquí que la niña lleva el platito y la tasita de café al padre o a la madre y lo que hacen éstos es aparentar que están comiendo algo que las niñas cocinaron pero que es inexistente porque el platito y la tasita están vacíos. Los católicos estamos aparentando que las oraciones de otras religiones tienen algún valor cuando sabemos que están vacías de Dios y por lo tanto carecen de sentido. Colectiva y públicamente estamos haciendo el paripé.

No es que se trate de ser tacaños y no querer pagar la cuenta por todo el mundo. De lo que se trata es que a gran escala estamos engañando al mundo entero como a niños en aras de ser fraternos y compasivos, y les estamos diciendo que sí, que nosotros creemos que sus oraciones dan fruto cuando no es verdad.

Honesta y descarnadamente, sabemos que nuestras oraciones, la de la Iglesia Universal, (que es lo que traduce la palabra Católica), son suficientes y no necesitamos de otras oraciones. No se trata de andar hostigando a nadie; cada quien que haga lo propio que crea, pero en ese sentido estamos dejando de lado (desde hace ya mucho tiempo) nuestra misión evangelizadora de tratar de convertir a otros pueblos a la verdadera fe depositada por Nuestro Señor Jesucristo en la única Iglesia que Él fundó.

Y ¿cómo sabemos eso? La respuesta está (entre muchas citas) en el evangelio del sábado 9 y el domingo 10 de mayo (hace apenas unos días): Tomás le dice al Señor “Señor, no sabemos donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” y Jesús le responde “Yo soy EL CAMINO, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también al Padre.” (Jn 14 1,12).

Jesús dice claramente ser el camino. No un camino de muchos posibles sino EL CAMINO. Es decir, el único camino. Y aclara que NO se puede ir a Dios Padre “sino por mí”. Y está claro que las otras religiones no siguen a Cristo y Su esposa que es La Iglesia fundada por Él. Cristo y Su esposa son una sola carne.

Entonces aclaramos a los que piensen que orando a otros dioses se puede llegar hasta Dios, cuando Jesucristo mismo nos ha dicho que no es así; y aquellos que oran a otros dioses sea el que sea están perdiendo el tiempo.

Y nosotros los católicos debemos tener mucho cuidado con quien nos asociamos para orar, pues Dios es un Dios celoso: “Yo Yahveh, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses DELANTE de mí. (Ex 20 2,3).

De todo esto se puede desprender el error de pensar que adoramos todos al mismo Dios y no es así. “pero fueron infieles al Dios de sus padres y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos que Dios había destruido delante de ellos” (I Cr 5,25).

¿Por qué La Iglesia Católica es llamada la esposa de Cristo? ¿acaso podemos ser infieles e irnos con otras religiones que no lo siguen a Él?

Dicho lo dicho, sabemos que la propuesta de asociarnos con otras religiones no es nueva. Lo que se esconde detrás de esta invitación a la oración mundial es tan sólo un paso más de los que se han venido dando para convencernos de que todos adoramos a un mismo Dios. La intención no es ser caritativos y respetar la falsedad de las otras religiones y al dios a quien adoran, de lo que se trata es de rebajar la Iglesia Católica a la altura de las demás religiones y promover una sola religión mundial. Es una puntada más de la organización de un gobierno mundial, y esta plataforma no es posible sin la cooperación de la Iglesia Católica que aparentemente se quiere prostituir aliándose con las demás religiones.

Esta plataforma está dando pasos gigantes en el control de la población y todo esto del la pandemia será utilizado para ese propósito. Sutilmente como con la estrategia para hervir un sapo, se hace a fuego muy lento. Incluso nos convencen de que ser vigilados constantemente es bueno y se puede disfrutar. En China se invirtió aproximadamente ciento veinte millones de euros en un sistema de cámaras para vigilar a la gente y ya hay quienes participan complacidos del proyecto que consiste en crear un sistema de “crédito social”. Algo así como un sistema en el que te dan cierto número de puntos; y que los conservarás si cumples con todas las “normas sociales” (las que el gobierno imponga). Si llegas a infringir estas normas (se me ocurre a mí como ejemplo) decir algo contra el sistema, no estar de acuerdo con el aborto, ser “intolerante” al no estar de acuerdo con matrimonio del mismo sexo, no ponerte la vacuna contra el virus, creer en tu religión, no seguir la religión impuesta o lo que sea; te quitarán puntos y tu calificación irá bajando. Aquellos con los mayores puntajes gozarán de los privilegios de poder viajar, acceso a las mejores universidades, conseguir los mejores empleos, acceso a los mejores servicios de salud, conseguir créditos etc, de tal suerte que como ovejas todos tratarán de complacer al sistema de la mejor manera posible. (Artículo en ABC News, Australia).

Todo esto soportado por un sistema de cámaras de reconocimiento facial, y por qué no, (se me ocurre a mí) con un implante digital, digamos… como un microchip implantado en forma de vacuna o algo así, que te identifica y te quita puntos hasta que se te acaban y te apagan el microchip y es tu fin por ser socialmente distinto. Completa libertad. Si creéis que sólo sucedería en China comunista, mirad la propuesta en la película El Círculo (2017), con Tom Hanks y Emma Watson.

No, ya nada será lo mismo que antes, empezando por las restricciones para recibir la Eucaristía, si antes era mal visto por muchos sacerdotes cuando la recibíamos en la boca y tenían que aguantarse, ahora ya tienen la escusa perfecta y se pasarán por la faja el Derecho Universal que siempre tenemos de elegir si queremos recibir en la boca, de acuerdo con la Instrucción Redemptionis Sacramentum, numeral 92, emitida por la Congregación para El Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y aprobada por San Juan Pablo II en 2004. Así que ningún obispo puede ir en contra de este derecho que tenemos siempre y universalmente.

Pero la cooperación de la Iglesia Católica es muy importante para convencernos de las bondades de un sistema social global que incluye la religión.

Hay quienes afirman que parte del tercer secreto de Nuestra Señora de Fátima no ha sido revelado, y que se refiere a la apostasía, pérdida o traición de la fe enseñada por siglos. ¿qué tienen que decir al respecto nuestros pastores? Pero hagamos caso omiso al tercer secreto de Fátima, pues el argumento en contra es que ya fue revelado en su totalidad y no hay nada oculto. Entonces refirámonos a las revelaciones de Nuestra Señora de La Salette en Francia (1846), también aprobadas por la Iglesia, a las cuales se refirió el Papa San Juan Pablo II como la Reina de las Profecías. Parte de la revelación de La Salette dice: “Muchos abandonarán la fe y el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande; entre otras personas se encontrarán incluso obispos.” (Las Profecías de la Virgen de La Salette: Clásicos Católicos. Versión Kindle, Amazon).

Insisto, ¿qué tienen que decir nuestros pastores al respecto? ¿por qué nunca hablan de esto?

Sabemos que las demás religiones fueron creadas por hombres. Nosotros los católicos sabemos que nuestra Iglesia fue la única fundada por Dios. Y lo sabemos, porque en la tumba de Mahoma hay huesos muertos; en la tumba de Buda lo mismo; e incluso en la tumba de Lutero también los hay. La única tumba del fundador de una Iglesia que está vacía es la tumba de Jesús.

Miguel Serafín

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