Llamamiento a la Iglesia y al mundo

Prohibición del culto e indicaciones sobre la manera de Comulgar, eso estamos viviendo y por esta razón surge el llamamiento a la Iglesia.

Llamamiento a la Iglesia y al Mundo”: Un catalizador por el debate honesto. Un artículo de Monseñor Schneider

Con el permiso para su publicación de Mons. Athanasius Schneider

Traducido por Miguel Serafín para Marchando Religión

Artículo original: https://www.gloriadei.io/appeal-for-the-church-and-the-world-a-catalyst-for-honest-debate/

El 8 de mayo de 2020, se publicó un documento titulado, Llamamiento a la Iglesia y al Mundo: a los católicos y a todas las personas de buena voluntad. Sus signatarios iniciales incluyeron, entre otros, tres cardenales, nueve obispos, once médicos, veintidós periodistas y trece abogados.

Es sorprendente ver cómo los representantes del establecimiento eclesiástico, así como político y mediático, en obediencia al pensamiento uniforme prevaleciente, buscaron por unanimidad desacreditar las preocupaciones expresadas en el Llamamiento y aplastar cualquier discusión adicional, con el “argumento nocaut” de que es mera “teoría de la conspiración “. Recuerdo una forma similar de reacción y lenguaje bajo la dictadura soviética, cuando los disidentes y los críticos de la ideología y la política prevalecientes fueron acusados ​​de ser cómplices de la “teoría de la conspiración” difundida por el Occidente capitalista.

Los críticos del Llamamiento se niegan a considerar la evidencia, como la tasa oficial de mortalidad (para el mismo período de tiempo) de la temporada de gripe 2017-2018, en comparación con la epidemia actual de Covid-19 en Alemania. La tasa de mortalidad de este último es mucho más baja. Hay países con medidas moderadas de seguridad y prevención de coronavirus que, debido a su implementación, no tienen una tasa de mortalidad más alta. Si el mero reconocimiento de los hechos, y la discusión sobre ellos, se etiqueta como “teoría de la conspiración”, entonces cualquiera que todavía piense independientemente tiene buenas razones para preocuparse por la posibilidad de que existan formas sutiles de dictadura en nuestra sociedad.

Como es bien sabido, eliminar o desacreditar el debate social y las voces disidentes es una característica principal de un régimen totalitario, cuya arma principal contra los disidentes no son argumentos de hecho, sino retórica demagógica y popular. Sólo las dictaduras temen el debate objetivo cuando hay opiniones diferentes.

El Llamamiento no niega la existencia de una epidemia y la necesidad de combatirla.

Sin embargo, algunas de las medidas de seguridad y prevención implican la imposición de formas de vigilancia completa sobre las personas. Bajo el pretexto de una epidemia, tales medidas violan las libertades civiles fundamentales y el orden democrático del Estado.

Las propuestas sobre la vacunación obligatoria, sin alternativa a la vacuna aprobada por el estado, y que inevitablemente restringirían las libertades personales, también son muy peligrosas. Dichas medidas y propuestas están acostumbrando a los ciudadanos a formas de tiranía tecnocrática y centralmente dirigida, y el coraje cívico, el pensamiento independiente y, sobre todo, cualquier resistencia se están paralizando severamente.

Un aspecto de las medidas de seguridad y prevención que se ha implementado de manera similar en casi todos los países es la drástica prohibición del culto público. Tales prohibiciones sólo han existido en tiempos de persecución sistemática Cristiana.

La novedad absoluta, sin embargo, es que en algunos lugares las autoridades estatales incluso prescriben normas litúrgicas a la Iglesia, como la forma de distribuir la Sagrada Comunión. Esta es una clara interferencia en asuntos que pertenecen a la autoridad inmediata de la Iglesia. La historia algún día lamentará a los “clérigos del régimen” de nuestro tiempo que aceptaron servilmente tal interferencia del Estado.

La historia siempre ha lamentado que, en tiempos de gran crisis, la mayoría permaneció en silencio y las voces disidentes fueron sofocadas. Por lo tanto, el Llamamiento a la Iglesia y al Mundo debería tener al menos una oportunidad justa de iniciar un debate honesto, sin temor a represalias sociales y morales, como corresponde a una sociedad democrática.

+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astana

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