La firmeza contra la maledicencia

Un católico siempre debe ser firme contra la maledicencia y los pecados de la lengua. ¿Hablamos mal del prójimo? ¡Corrijámonos!

La firmeza contra la maledicencia, un artículo de Miguel Toledano

Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco ha meditado acerca de la maledicencia, dedicando a la cuestión diversos sermones.  Desde este aspecto, resulta muy relevante su contribución al magisterio pontificio.

En concreto, el 27 de marzo de 2013, apenas a dos semanas de su elección,  pronunció, ante diversas personalidades entre las que se encontraba el Arzobispo Guido Pozzo, la homilía titulada “Nunca hablar mal de los demás”; lamentablemente, su texto no se haya disponible, tampoco en español, en la página web oficial de la Santa Sede, que facilita únicamente una referencia en la misma lengua en la que el original fue pronunciado, en italiano.  Esto constituye un defecto que el área de comunicación de la sede apostólica pudiera quizás corregir, para no desmerecer a la importante grey hispánica en su acceso a la pastoral romana.

El comienzo de la alocución es ya severísimo para quienes critican injustamente a los demás.  El Papa los asemeja nada menos que a Judas, que vendió a Nuestro Señor a cambio de treinta denarios.  Los maledicentes son vendedores, se interesan principalmente por la contraprestación más o menos importante, directa o indirecta, que han de obtener a cambio de su proceder criminal.

El inocente, a semejanza de Cristo en la Pasión, se transforma en una mercancía, de la que el maledicente puede abusar a placer.  El maledicente ve la vida como un gran mercado, utilizando a las personas en función de su interés.  A lo largo de su propio recorrido vital, va tomando decisiones, dejando en cada ocasión aparte a Jesús, como dice el Papa, a medida que va produciendo por el camino diversos “cadáveres” lanzados a la cuneta, que son las pobres víctimas de su agresividad taimada.

Entrando en el terreno de la psicología, el Santo Padre trata de preguntarse por la “alegría oscura” que experimenta el chismoso; naturalmente el Pontífice, como sacerdote católico, no se lo puede explicar, pero a continuación vuelve a utilizar su autoridad para emplear otra rigurosa amonestación:  el difamador es un “despellejador” de sus damnificados.

El corazón del alcahuete está cerrado, carece de comprensión, de amor y de amistad.  No es posible la amistad con semejante correveidile, pues si alguna vez existió ya se ocupará él de traicionarla, como Iscariote traicionó la de su mejor amigo.  La justicia no se hace con la lengua, dice el Obispo de Roma.  Pero lo cierto es que no es la justicia lo que busca el maledicente, sino la satisfacción de su propio egoísmo.  En el fondo, el maledicente es un gran individualista, que padece una intensa dificultad para conectar con su prójimo (la falta de “comprensión” a la que alude el magisterio francisquista).

De ese egoísmo individualista -pecaminoso en cuanto absolutamente falto de caridad en las palabras del Papa- a la deformación ulterior del narcisismo hay todavía un paso.  Judas no se comportó, en el momento supremo de su delito, de forma narcisista como sí lo pudiese ser Lucifer.  Pero en ambos subyace el denominador común de la vergüenza:  el maledicente acusa sin luz y taquígrafos porque no se atrevería a revelar públicamente sus ardides; mientras que el narcisista trata de superar sus propios complejos mediante la manipulación que en él es ya habitual.  Los psicólogos (Gabbard, 1989) hablan de un subtipo “vigilante” del narcisista que estábien cerca del maledicente.

Es ese “despellejador” de la homilía bergogliana.  Que, al despellejar a su prójimo, desconoce que está despellejando al mismo Cristo, quien habita en el corazón de aquél.  ¿Y lo desconoce porque nunca lo creyó o porque tal vez lo ha olvidado?  ¿O porque su trastorno le lleva, como al drogadicto, a atentar una y otra vez contra los derechos de su prójimo, en una suerte de fatalidad que no tiene qué envidiar al mito griego?

Al Vicario de Cristo corresponde cortar, en su responsabilidad de gobierno, este tipo de prácticas en el seno de la Iglesia, que siendo Santa no ha de padecerlas, advirtiendo de su desorden intrínseco.  En su grave consideración de este desorden sigue el Papa Francisco el magisterio salesiano, que afirma que “la maledicencia ocupa el primer lugar como verdadera peste de las conversaciones” (Introducción a la vida devota, parte III, capitulo XXIX).  Y el mismo San Francisco de Sales añade lo que el mentiroso maledicente debería hacer:  “desdecirse de lo que ha dicho inmediatamente después de darse cuenta de haber caído en esa falta” (ibid., parte III, capitulo VIII).

Miguel Toledano Lanza

Domingo tercero de Pascua, 2020

La firmeza contra la maledicencia-MarchandoReligion.es

Nuestro artículo recomendado, también contra la maledicencia, lo pueden leer en nuestra sección de Firmas:


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor
Miguel Toledano

Miguel Toledano

Miguel Toledano Lanza es natural de Toledo. Recibio su primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas y la Confirmación en ICADE. De cosmovision carlista, esta casado y es padre de una hija. Es abogado y economista de profesión. Ha desempeñado distintas funciones en el mundo jurídico y empresarial. En la actualidad es subdirector de un colegio internacional en Bruselas. Ha sido secretario general de la Fundación Nacional Francisco Franco y afiliado del partido político Alternativa Española. Es fiel asistente a la Misa tradicional desde marzo de 2000. Ha publicado distintos artículos en diferentes medios.