La buena liturgia es indispensable para restaurar la Fe

La crisis litúrgica moderna se origina en un abandono de una verdadera norma para la liturgia. La buena liturgia no nace con nosotros, sino que nos viene dada y nos sobrevivirá a los tiempos.

La buena liturgia es indispensable para restaurar la Fe en los tiempos modernos, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Algunas veces las personas se oponen a mi trabajo en defensa de la Misa Tradicional Latina y de la crítica a la reforma litúrgica de los sesenta y setenta diciendo: “¿Crees que el latín, el canto, o el sacerdote mirando al este es una especie de receta mágica para el éxito, y que todo lo que tenemos que hacer es ponerlo en práctica y todo estará bien? Eso es muy simplista.”

Estoy de acuerdo en que esto sería un punto de vista simplista. Eso no es lo que yo sostengo.

Reconozco que una buena liturgia, en sí misma, no coloca a la gente automáticamente en la dirección correcta. Una conversión inmediata y total de un individuo a través de la liturgia es una gracia extraordinaria. Esto puede suceder, como una exposición de Vísperas solemnes en la Catedral de Notre Dame en 1886 que convirtió a Paul Claudel de un elocuente agnosticismo a una ferviente fe cristiana, pero esto no se puede predecir o suponer. Lo que lleva a las personas a la liturgia es importante: ¿están ellos buscando a Dios? ¿Están buscando un encuentro con los sagrados misterios que subyacen en todas las cosas y que por sí solos explican todas las cosas? ¿Están listos para rendirse al poder que no pueden comprender o controlar y que están llamados primero que todo a reconocer y a adorar?

Yo veo cada conversión, ya sea al teísmo, cristianismo, catolicismo o a la liturgia tradicional, como una gracia de Dios que encuentra una bienvenida en un alma que ha sido surcada para recibir la semilla. El surco puede tomar todo tipo de formas: sufrimiento, soledad, una disposición filosófica, una pasión por las artes, una relación profunda de amor con otra persona que puede abrirle los ojos a uno para ver cosas nuevas.

Mi argumento no es sobre cualquier receta “mágica” para éxitos instantáneos, sino más bien sobre un potente instrumento o un set de instrumentos que descuidamos bajo nuestro propio riesgo: los ritos de la liturgia tradicional, las costumbres, las prácticas y las formas de arte con sus profundas asociaciones y evocaciones de lo sagrado, lo sobrenatural, el otro mundo.

No es fácil para los seres humanos caídos levantarse e ir más allá de sí mismos hacia lo divino.

La crisis litúrgica moderna se origina a partir de un abandono de la verdadera norma para la liturgia que existe no solo fuera de nuestra comunidad individual, sino fuera de nuestro periodo histórico y de nuestro manipulador alcance legislativo. Los ritos litúrgicos en todas las iglesias cristianas apostólicas sacramentales han sido siempre vistos como un don que viene a nosotros desde lejos, de nuestros predecesores, que lleva en sí el “peso” acumulativo de la oración, devoción, piedad y dogma. Ellos no nacen de nosotros y para nosotros, sino que preexisten y nos sobreviven. De hecho, esto es una de las más grandes bendiciones de la tradición en la Iglesia Católica: no es algo confeccionado por nosotros mismos, sino algo ante lo cual nosotros debemos rendirnos, colocándonos para ser formados en las manos de otros que nos han precedido. Nosotros podemos contribuir, sí, pero solo de tal manera que no destruyamos la herencia.

Embriagado con la tecnología y la técnica, el Hombre Moderno tiene una extraña fascinación por “la realización del trabajo”, “lo haré a mi manera” y “podemos construir un mundo mejor”. Todos estos eslóganes están apestados de Pelagianismo: la opinión de que nuestra salvación es, ante todo, nuestro logro. Todos se oponen diametralmente al principio católico de tradición, según el cual lo importante es hacer el trabajo que me fue entregado a ti o mí, no haciéndolo a mi manera o a la tuya, sino de la forma correcta. En la Iglesia, en su liturgia, estamos para construir no una ciudad terrenal destinada a caer, sino un camino a la Jerusalén celestial que dura para siempre. Los laicos tienen la vocación de construir la ciudad terrenal, para estar seguros, pero siempre con la mirada puesta en preparar ciudadanos para la ciudad que perdura eternamente. La liturgia debe ser el momento en el que nosotros “dejamos de lado todas las preocupaciones terrenales”, como dice la Liturgia Divina de San Juan Crisóstomo, y nos volvemos completamente hacia el Señor y Su Reino. Encontraremos una respuesta a nuestras preocupaciones terrenales cuando miremos más allá de ellas, así como la gente encuentra que la solución a un problema irritante llega una vez que se han alejado por un momento de este y hacen otra cosa.

 La liturgia es la esfera del “hacer otra cosa”.

Esta es la razón de porque, para poner un ejemplo entre muchos, Pío X trató de llevar a la Iglesia fuera del uso de la música con dejo secular de la Misa. Si escuchamos en el Kyrie la misma ópera de Mozart que escuchamos en el teatro, o como hoy por hoy, si escuchamos una cancioncita que no suena diferente de la música folclórica revival que se escucha en la radio o de un jingle publicitario de la tv, hemos sido hechos prisioneros de este viejo mundo del cual necesitamos ser elevados y, de alguna manera, distanciados, “trasladados al reino del Hijo de su amor” (Colosenses 1, 13). Así podemos obtener una perspectiva apropiada y la libertad para adorar al Dios de nuestros padres, al Dios de Abraham, Isaac y Jaboc, al Dios que mora en la luz inaccesible: “Soy el que Soy.”

Porque la santidad de Dios es un fuego que consume y Su amor todo lo busca. Una vida litúrgica vivida al máximo, con signos y prácticas externas de la tradición, rompe el ego complaciente alimentado con una dieta de adulación y banalidades. A nosotros no se nos permite permanecer dormidos, sino que de diferentes maneras estemos despiertos a la realidad de Dios que es, a la vez, abrumadora y liberadora. La adoración Eucarística es no nada menos que una total y radical rendición del ser propio en las manos de Cristo, el Verbo hecho carne que inscribe su Palabra en nuestra carne. La más alta dignidad del hombre consiste en la adoración, en la acción de gracias y en la plegaria. Su actividad más dinámica consiste en recibir los dones divinos o, tal como dicen San Dionisio y Santo Tomás, sufrirlos. El bautismo trae consigo el misterio de un carácter sacramental por el cual el alma es impresa o inscrita con una conformidad inagotable con Cristo Sumo Sacerdote. A través de él el cristiano está capacitado para recibir los dones divinos y usarlos fructíferamente (cf. Summa III, q.63).

Esta es la primera, más grande y eterna identidad del cristiano:  recibe dones divinos derramados del Corazón de Cristo y así da frutos duraderos. Por esta razón, la adoración de la más alta dignidad consiste en ser a la vez un comunicador transparente de iniciativa divina y un delicado modelo de receptividad humana. Esta es la razón de porqué yo defiendo la Misa Tradicional Latina, la cual logra esta comunicación y modelo de perfección; esta es la razón de porque yo amo todo acerca de ella, hasta el último detalle y deseo compartirlo con todos. No es una solución instantánea a nuestra crisis, sino que es una condición indispensable para restaurar la Fe en nuestro tiempo. Sin esto, no tendremos un firme y lo suficientemente profundo cimiento espiritual sobre el cual construir vidas católicas, familias y sociedades. Necesitamos construir sobre una roca sólida, y no traer un sinnúmero de camionadas de arena.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por lifesitenews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

La buena liturgia es indispensable para restaurar la Fe-MarchandoReligion.es

Puedes leer este artículo “La buena liturgia es indispensable para restaurar la Fe” en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/to-restore-the-faith-in-modern-times-good-liturgy-is-indispensable

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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/