Historia de un periquito: Confianza plena

Nuestro articulista, Manuel, nos trae la historia de un periquito y al tiempo nos sirve para recordanos algo importante, debemos tener confianza plena

Historia de un periquito: Confianza plena, un artículo de Manuel Cuevas

Hay tantas cosas que debemos agradecer a Dios, siempre nos regala momentos o enseñanzas en toda nuestra vida, a veces solo es cuestión de pensar un poco el sentido de lo que nos pasa y buscar la mano del Señor detrás cada momento, de los pequeños detalles.

También es cierto que en estos tiempos necesitamos historias simples, cotidianas, que nos ayuden a resolver los obstáculos, ver cómo vamos enfrentar los hechos sin abrumarnos por malas noticias, ver qué podemos hacer para salir adelante, ya que a todos parece afectar esta contingencia que nos tocó vivir.

Esto que voy a contar nos sucedió hace poco, aproximadamente dos meses antes de la pandemia, la verdad que nos llenó de alegría lo que les voy a contar.

En mi familia siempre nos han gustado mucho las plantas y los animales, hemos tenido la fortuna de tener perros, caballos, peces, conejos, aves, y un largo etcétera.

Mi esposa y yo conseguimos hace años una variedad de periquitos que se llaman “Agapornis”, son aves de origen africano, muy inteligentes y curiosos, una pareja tuvo dos crías, realmente son muy vistosos y simpáticos, los tenemos en una jaula bastante grande en un patio techado en la parte trasera de nuestra casa.

Un día mi hija mayor nos empezó a gritar que fuéramos rápido porque se había salido uno de los agapornis, salimos al patio y el periquito estaba arriba de una puerta, como les dije el patio esta techado y rodeado de un muro, pero tiene entre el techo y la pared un enrejado donde una pequeña ave pasa sin problemas, seguramente al darles de comer y beber no cerramos adecuadamente la puerta de la jaula ,nuestro descuido tuvo consecuencias y estas aves son muy listas , una de ellas vio su oportunidad de investigar el mundo exterior y se fugó.

Bueno, pues a ese agaporni le decimos “tímido”, su otro hermano es “curioso”, lo quisimos agarrar, pero no se dejaba y saltó a la reja volteando su cabecita, me dio la impresión de que se burlaba de nosotros, nos vio un instante y empezó a volar.

Mi esposa dijo, “se fue hacia el techo” y ella con unas de mis hijas fueron a ver si estaba ahí, nuestra casa es de dos pisos, pero llegaron rapidísimo, yo salí afuera para ver si lo podía ver, y me dijo mi esposa, “esta sobre el siguiente andador en una casa rosa”, en nuestra colonia las calles son andadores con árboles y jardines en algunos casos.

Fui corriendo al otro andador buscando al periquito, la gente que nos conoce me preguntaba si todo estaba bien y pues al decirles solo sonreían diciendo “lo siento, ojalá que lo encuentren”.

Llegó corriendo mi otra hija y me dice “Papá el tímido ya voló hasta el otro lado ven rápido”, mientras corría, el periquito levantó el vuelo, quizá probando sus alas y la libertad para usarlas, su vuelo fue de unos doscientos metros de un lado a otro.

Desde el techo de la casa mi esposa me hacía señas, el periquito estaba en un pino de unos 15 metros, yo pensaba ¿Cómo lo vamos a bajar? Pero nuevamente voló y no lo podíamos localizar.

Yo le dije a mi esposa, “No lo vamos a encontrar” pero ella me decía “no me resigno a perderlo, por favor sigamos buscando”

Con mi esposa e hijas seguimos buscando, tratando de atrapar al periquito pero ya no lo vimos, unos muchachos de un “auto lavado” cercano nada más nos veían correr de un lado a otro buscándolo y nos preguntaron “¿Qué busca Don?” Ya que les dije, ellos me señalaron “ nosotros vimos un pajarito verde con cabeza roja pasar por aquí y se fue a la mitad de la calle”, otro muchacho nos dijo que lo vio volando a una casa, ahí fuimos y el periquito estaba en el techo, el chico que nos avisó me dejó subir en su camioneta pick up y ahí estaba el travieso periquito, muy tranquilo como si nada, mi esposa tocó la puerta de la casa y salió una señora que la escucho y dijo “permítame” la vi subiendo al techo con una manta para ver si podía atrapar el periquito y vuelve a volar al techo de un coche.

Ahí nuevamente intentamos atraparlo, volvió a levantar vuelo, parecía seguir burlándose de nosotros, llegó a otro parque y pensé que ahí si lo perderíamos definitivamente, pero se puso debajo de un camión y al tratar de agarrarlo voló nuevamente regresando por el camino inicial, a todo esto les comento ya teníamos como una hora y media, al verlo volar lejos unos 300 metros pensé que sería imposible alcanzarlo, pero de repente oímos gritos y señas de los muchachos del auto lavado, y nos decían ¡Ya lo atraparon! ¡Vengan ya agarraron a su periquito!, uno de ellos al estar viendo toda el espectáculo vio venir al periquito, volando raso a baja altura y con una cubeta de agua que tenía en la mano, al pasar se le ocurrió lanzarle el agua y el periquito cayó mojado y rápido lo pudo agarrar, eso sí al pobre hombre le puso una picotiza en su mano, pero no lo soltó, llegamos con ellos y mi esposa agradecida y emocionada por que pudo recuperar su periquito no hallaba palabras de agradecimiento, mis hijas sorprendidas y felices que atrapáramos al agaporni.

Finalmente el periquito regresó a casa, mojado y seguramente asustado, pero ya estaba en su jaula con sus papás y hermanos, nosotros agradecidos con Dios y las personas que nos ayudaron.

Esto es una simple historia, pero me hizo reflexionar que parecida es la vida con lo que le pasó al periquito, el hombre al igual que este agaporni busca probar sus alas, lo mueve la curiosidad hacia el mundo pensando que no pasará nada y deja su hogar y su familia para explorar lo desconocido, eso no tendría nada de malo si fuéramos completamente independientes, prudentes y seguros de que no hay problemas, pero la realidad no es así pensando que no necesitaremos nada, al igual que el periquito el hombre busca encontrar fuera lo que ya tiene en casa, amor, seguridad, fortaleza, valores y se lanza tras espejismos, creyendo que en esa falsa sensación de libertad puede hacer lo que quiera sin pensar en el peligro al que se enfrentará al no tener ya el alimento y la casa segura, pero sobre todo el amor de su familia y seres queridos y estar expuesto a miles de peligros que lo acechan y pueden acabar con su vida.

A la hora de estar persiguiendo al periquito yo había perdido las esperanzas para recuperarlo, pero mi esposa tenía fe en que lo íbamos a lograr, ella se me figuró ,perdón por la comparación, como la Virgen María, que pide siempre por otros, sus hijos, para que no se pierdan y seguramente el Señor debe escucharla intercediendo por nosotros y en el caso de nuestro periquito nosotros hicimos todo lo posible por recuperarlo, y así resuena en mi cabeza lo que dice el Evangelio de San Mateo si “las aves no siembran ni cosechan” si eso es por una simple ave, en este caso por un periquito, ¿que no hará Dios por nosotros? y si Dios vela por sus creaturas(Mt 6,26-33), ¿Qué no hará ante el ruego de una madre y sus suplicas por los hijos perdidos? El único requisito que nos pone nuestra Madre la Virgen es “hagan lo que Él les diga”(Jn 2,1-10)

Así pues, contra todo lo humanamente posible tuvimos ese pequeño regalo de Dios, también pienso agradecido en todas las personas que nos ayudaron, sobre todo al muchacho que lo agarró y que aun con los picotazos no soltaba al periquito porque sabía que estaría mejor en casa que en una libertad incierta, dudosa y con probabilidades de morir, actuó como el buen Samaritano, él no pensó sino en ayudar al que necesitaba (Lc 10,25-37)

Finalmente el periquito como buen hijo pródigo regresó a su casa (Lc 15,11-32), probó su libertad, vio su oportunidad de escapar, quizá sin pensar o creyendo que todo sería como hasta ese momento su vida, segura, placida y con abundancia de lo que necesitaba para vivir, seguro que el animalito no tuvo ni idea de los peligros a los que se expuso pero si nosotros confiáramos más en el Señor , si nosotros nos abandonáramos realmente a su divina Providencia, quizá no estaríamos pensando en perseguir quimeras, exponiéndonos a los peligros, por el contrario daríamos gracias a Dios por todo lo que nos da día a día.

En lo personal me enseñó que debo tener mayor fe y confiar en las personas, mi esposa hijas y vecinos, pero sobre todo en Dios, no siempre tiene uno razón ni todas las respuestas, pero mientras estemos en este mundo debemos vivir cada día dispuestos a trabajar los talentos que Dios nos dio, ¿Quién sabe? Quizá algún día nosotros podríamos ser ese periquito y para regresar a casa necesitemos alguien que nos busque, regrese e interceda por nosotros, deberemos estar agradecidos de quienes procuren llevarnos al buen camino con sus oraciones e intercesión y como buenos samaritanos se preocupen por nosotros, ¿Acaso no deberíamos hacer lo mismo?

Dios nos guarde y la Virgen María interceda por nosotros.

Manuel Cuevas

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Manuel Cuevas-Miles Christi

Manuel Cuevas-Miles Christi

Católico,mexicano, felizmente casado y con tres hijos, Médico Ortopedista de profesión, vive y trabaja cerca de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Colabora con algunos foros de formación y de apologética católica en redes sociales. Preocupado por su salvación y la de sus hermanos, fiel a Dios y al Magisterio infalible de la Iglesia Católica.