El liberalismo y el mundo actual

Un gran artículo de nuestro compañero Leonardo, en el cual, nos acerca a la raiz de un tema principal en nuestos días: el liberalismo, ¿Cuál es el concepto?

El liberalismo y el mundo actual, un artículo de Leonardo Olivieri

Definir conceptualmente de manera concisa y resumida una determinada teoría social y política no es tarea sencilla. Existe común acuerdo entre estudios y académicos que cada teoría social es compleja en si misma ya que posee entre sus diversos autores, matices y diferencias significativas. Estas diferencias no solo son al respecto de postulados teóricos y filosóficos, sino que incluyen miradas divergentes en cuestiones de epistemología y metodología, y fundamentalmente, en materia de análisis empírico de la realidad social y praxis política.

Existen varias acepciones y usos del concepto liberalismo. Existe el liberalismo filosófico, liberalismo político, liberalismo religioso, liberalismo económico y, dentro de cada una de esas categorías, diversas clases de liberalismo. Todo ello contribuye a una dificultad de definición y claridad del concepto pero también de sus alcances.

Sin embargo, tales complejidades no constituyen un obstáculo serio para encontrar elementos comunes. Todo ello, obviamente, requiere un trabajo de abstracción. O sea, partir de elementos particulares para llegar a elementos más generales y abstractos. A estos elementos generales podríamos llamarlos conceptos o ideas esenciales.

Si bien, no pretendemos hacer en este artículo un ensayo exhaustivo sobre el terma, lo que sí intentaremos es reflexionar sobre el liberalismo en la actualidad. Primeramente necesitaremos definir qué se entiende por liberalismo y sus implicancias en el campo teórico de las ciencias sociales, pero también su impacto y las consecuencias del mismo en el mundo y la sociedad. La doctrina católica no escapa a las influencias de esta corriente de pensamiento, todo lo contrario, el liberalismo hizo raíz en el centro mismo de la iglesia. El ecumenismo, la libertad religiosa y la idea de tolerancia y la democracia sinodal, son algunos conceptos que nacieron del liberalismo dentro de la Iglesia.

Si buscarnos una definición de diccionario, encontramos que el liberalismo viene definido como una doctrina política, económica y social que defiende la libertad individual (libertad negativa), la igualdad ante la ley y una reducción del poder del Estado. Esta definición de carácter general, si bien nos da un concepto, no nos dice mucho al respecto. Comúnmente, se asocia a las corrientes de liberalismo con el fomento de la libertad individual, pero nos podríamos preguntar ¿a qué tipo de libertad se refiere? o de manera más profunda, ¿cuál es su concepto de libertad?

Ya el nominalismo a través de Guillermo de Ockham (1285-1347) definía a la libertad como una ausencia de necesidad, que halla su fundamento en la indiferencia de la voluntad que permanece indeterminada frente a su objeto pudiendo obrar o no, querer una cosa y su contraria. Significa, por tanto, la capacidad propia del hombre de responder de manera no predeterminada unívocamente frente a una situación. Libertad, es entonces, capacidad de autodeterminación.

Para Imanuel Kant (1724_1804), la libertad es la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes de otra índole que las naturales, esto es, según leyes que son dadas por su propia razón; libertad equivale a autonomía de la voluntad.

Más concretamente, para el Padre Henri Ramiere (1821-1884), el liberalismo puede definirse como aquel sistema que afirma la completa independencia de la libertad, humana, y niega por consiguiente toda autoridad superior al hombre, sea en el orden intelectual, sea en el religioso, sea en el político. Por lo tanto, Dios no es ya el Señor ni en el orden intelectual, ni en el religioso, ni en el político; en esta triple esfera el hombre es el soberano. Tal es el principio del liberalismo, negación directa y absoluta de la doctrina católica, que afirma la soberanía de Dios en todos los órdenes en los que el error liberal proclama la independencia del hombre.

Estamos ante una perspectiva atomista de la sociedad y del orden socio-político. La base de todo es el hombre mismo, ya no se funda en conceptos trascendentes, ni mucho menos en la idea de una Verdad revelada por Dios. No existe nada que no sea creación de la voluntad humana, no hay orden natural en sí mismo y objetivo que esté por fuera del hombre, cuando mucho es una construcción racional que se produce en el interior del sujeto. Un orden social y político justo es aquel que está en condiciones de garantizar la máxima libertad posible, custodiar la propiedad privada y la legitimidad de la autoridad con su poder coercitivo, derivan del consentimiento de los hombres y ya no desde principios trascendentes independientes de la voluntad humana.

De manera sencilla se puede resumir las siguientes características que definen al liberalismo:

  1. El liberalismo es un pensamiento puramente inmanente. El principio de trascendencia revelada cedió el paso a un pensamiento fundado en la centralidad del hombre. Si bien, para algunos liberales Dios seguía y sigue siendo el creador, pero ya no es el gobernador del mundo, éste no interviene en el mundo ni en las vicisitudes humanas.
  2. La razón humana se la considera con la suficiente autonomía para ordenar tanto a la naturaleza como a la cultura. Este orden es autónomo con respecto a la voluntad divina.
  3. Se pregona la separación del Estado con relación a la Iglesia y a todos los principios y fundamentos religiosos. La idea de Dios pasa a ser subjetiva y reducida al interior de los hombres. La tolerancia religiosa es promovida por el orden político.
  4. El orden social y política es de carácter espontaneo y libre. La idea de contrato social entre ser humanos libres de todo condicionamiento pone especial énfasis en que la sociedad surge como una necesidad conveniente para este ser humano libre e individualista. Las interacciones entre hombres libres son útiles para su desarrollo individual y también para garantizar y establecer límites a toda acción arbitraria que dañe la propiedad privada. El orden social es definido como el resultado del libre juego de los egoísmos individuales.
  5. La libertad negativa es la única libertad posible. No hay formas sociales que estén por arriba de tal libertad. El querer y el hacer del hombre es la piedra fundamental de las instituciones y de los principios morales.
  6. Por lo tanto, la autoridad estatal no deriva de ninguna idea trascendente o designación divina. Dios está fuera del ordenamiento jurídico y político del Estado. La laicidad y la secularización del poder (limitado por las libertades individuales) constituye el esquema político aceptado para el buen gobierno de la sociedad.

Fueron los Papas Gregorio XVI, Pío IX y León XIII quienes en sus encíclicas insistieron en la absoluta y marcada oposición de la doctrina Católica con relación a los principios del liberalismo y sus consecuencias perniciosas para la sociedad en su conjunto. La negación de la verdad revelada, la negación de un orden natural que es moral, la negación de la naturaleza y de la naturaleza del hombre y, por tanto, un erróneo juicio sobre la libertad del hombre, forman parte de las observaciones hechas por el catolicismo con base a sus principios doctrinarios.

Más precisamente, el Papa Pío IX (1792-1878) en la Encíclica Quanta cura y Syllabusdel 8 de diciembre, 1864, fue quien estableció de manera directa los principales errores de los tiempos modernos. El mismo Papa tuvo la aguda apreciación de que esos errores están haciendo estragos en las raíces mismas de la cultura cristiana y ocupando posiciones de dominio en diversos ámbitos no sólo filosóficos sino relacionados con el poder político. Esos errores empezaron a transformarse en esquemas del pensamiento común de las personas. El secularismo y el consiguiente rechazo a lo religioso estaban fijándose en las ideas del sentido común. El principio base del naturalismo que consiste en que el mejor orden de la sociedad pública y el progreso civil, es aquel que se constituye y gobierne sin relación alguna a la Religión, era ya parte del pensamiento político moderno y estaba presente en las bases programáticas de la mayoría de las fuerzas políticas.

Algunos errores denunciados son los siguientes:

  1. La razón humana es el único juez de lo verdadero y de lo falso, del bien y del mal, con absoluta independencia de Dios; es la ley de sí misma, y le bastan sus solas fuerzas naturales para procurar el bien de los hombres y de los pueblos.
  2. Dios no ejerce ninguna manera de acción sobre los hombres ni sobre el mundo. La revelación divina es imperfecta, y está por consiguiente sujeta a un progreso continuo e indefinido correspondiente al progreso de la razón humana.
  3. Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que guiado de la luz de la razón juzgare por verdadera. En el culto de cualquiera religión pueden los hombres hallar el camino de la salud eterna y conseguir la eterna salvación.
  4. La Iglesia no es una verdadera y perfecta sociedad, completamente libre, ni está provista de sus propios y constantes derechos que le confirió su divino fundador, antes bien corresponde a la potestad civil definir cuales sean los derechos de la Iglesia y los límites dentro de los cuales pueda ejercitarlos.
  5. El Estado, como origen y fuente de todos los derechos, goza de cierto derecho completamente ilimitado. En caso de colisión entre las leyes de una y otra potestad debe prevalecer el derecho civil. Está bien que la Iglesia este separada del Estado y el Estado de la Iglesia. Las leyes de las costumbres no necesitan de la sanción divina, y de ningún modo es preciso que las leyes humanas se conformen con el derecho natural, o reciban de Dios su fuerza de obligar.

Estos puntos enunciados por el Papa Pio IX son una clara enunciación del mundo que se avecinaba. El indiferentismo religioso todas las religiones son iguales y el catolicismo es una más de entre tantas constituye hasta el día de hoy una de las premisas del orden liberal. Se postula la tolerancia religiosa.

Siguiendo a lo expuesto por John Locke (1632-1704) , el énfasis en la libertad de la persona implica, necesariamente, que las creencias no pueden ser impuestas por la fuerza, ni debe existir una religión social. Para esta posición, el comportamiento religioso es de carácter individual y por consiguiente, está necesariamente definido sobre la base de una convicción subjetiva. En asuntos privados y de conciencia interna, cada uno decide cuál es el mejor curso a seguir, y así también debe suceder con cuestiones de conciencia religiosa. El cuidado de alma, como el cuidado de lo que es propio, es algo que pertenece al individuo. Así es que todo ser humano tiene el derecho de venerar a su “dios” en la forma que le parezca correcto.

El materialismo inmanentista que postula la primacía de las condiciones materiales de la existencia por sobre lo espiritual es la base sobre la cual se apoya los fundamentos de las ciencias sociales y de las leyes de Estado. Por último, la razón de Estado como principio máximo del gobierno político sobre la sociedad terminó por independizar al Estado de principios y dogmas trascendentes a la propia condicional material del mismo Estado. Nada hay que este por fuera de las leyes ni del sistema institucional.

El orden político debe respetar, garantizar y proteger las creencias de todos los individuos, y debe construirse con base a principios generales seculares qune estén más allá de creencias religiosas particulares. Entonces lo religioso, en particular la doctrina católica, pasa a ocupar un rol secundario en el orden socio-político. Ya no es el fundamento del poder político, de las leyes ni del orden moral, es recluido en la subjetividad individual y tomada en cuenta como una “verdad” más entre otras. La religión pasa a ser una construcción humana, desde su propia conciencia o situación histórica-cultural que ya no revela una verdad absoluta, sino que es relativa.

En la actualidad, con la emergencia de la ideología de género y su aceptación de que las identidades son construcciones sociales, conjuntamente con la exaltación de la facultad que tiene el mismo ser humano de auto-percibirse, se perfila una realidad social en donde estos principios forman parte de la cultura dominante. Los conceptos de voluntad, tolerancia, y relativismo forman parte de esta ideología y se imparten en los sistemas educativos públicos. El aborto ya no es visto como un asesinato sino como la libre decisión sobre su cuerpo que tienen las mujeres. Todo lo que se opone a esta ideología es considerado retrogrado y anti derechos.

En realidad, esta falsa libertad lo que hace es cosificar al hombre. Con la cosificación se opera la des-personificación del hombre y la dotación a las cosas de propiedades del sujeto (personificación). La cosificación se manifiesta en el fetichismo. En caso de cosificación, la actividad del hombre pasa a ser derivada de las condiciones que dominan sobre ella, es limitada por las mismas y se reduce a funciones no creadoras. No hay diferencia entre los objetos, los animales y el hombre.

En el caso del aborto, la vida del ser humano depende de la decisión de otro ser humano que puede y tiene el poder de ejercer tal decisión. La libertad por lo tanto, solo es válida en el caso de quien tenga la fuerza y el poder de ejercerla. Es la madre quien decide si el hijo gestante es una persona o una cosa en función a su deseo interno o a las condiciones sociales y económicas que harían posible la manutención de ese hijo.

El liberalismo plantea que tanto una vida individual, como la social, están fundados en la voluntad individualista de las personas. No hay nada que permanezca fuera por sí misma de la voluntad humana, “lo que es”, es el resultado de la voluntad.

Para el catolicismo, el hombre es mucho más que pura voluntad. Es un ser creado a imagen y semejanza de Dios, y es Él, el creador de todo lo que existe. La voluntad no puede estar por fuera de la creación, todo lo contrario, necesita de la creación y no puede abstraerse de lo creado.

El concepto de orden natural para el catolicismo no es una construcción social, ni mucho menos una concepción filosófica como lo es el estado de naturaleza del contractualismo. El orden es la unidad resultante de la conveniente “disposición de muchas cosas” pero no como consecuencia de la voluntad humana. Es pluralidad, reducida a la unidad mediante el ordenamiento de los fines, establecidos trascendentalmente. La ley de la finalidad es inseparable de todo lo que diga relación al orden. Por lo tanto, podemos decir que el orden natural no es un submundo o un orden de emergencia. No es tampoco obra de la libre determinación humana. El orden natural es anterior al hombre. Se fundamenta en Dios y participa del recóndito misterio del mismo Dios, cuyo orden divino y eterno se refleja en el orden natural.

Como vemos, la ideología de género es contraria a ese orden de las cosas. Sería una rebelión contra el orden natural, es esa la esencia de liberalismo. Una revuelta y rechazo de toda concepción trascendente. Es por ello que resulta imposible armonizar el liberalismo con relación a la Verdad católica. La actitud del hombre debe ser de total acatamiento al orden natural y sus leyes. La vulneración de este orden introduce un tipo de violencia Interior, cuya víctima inmediata es el mismo hombre que vulnera el orden.

En síntesis, el liberalismo es violencia, rechazo y subversión de todos los principios. La voluntad exacerbada es antagónica a toda idea de trascendencia divina y sería el principio creador de todo lo relacionado con el hombre, entre ellos encontramos sus valores, principios morales y reglas de convivencia en general. La responsabilidad del hombre radica en el uso de su voluntad como acción creadora de órdenes sociales y morales, nada más que eso. Estamos ante una fuerza nihilista que promueve la inestabilidad en el orden de los valores y fomentan una vida casi animal definida por la supremacía de lo emocional y lo sensitivo. El deseo como motor de la voluntad .

Por lo tanto, no habría un orden moral externo al hombre mismo, como así pregona la doctrina católica, todo lo contrario, los hombres como creadores de su propia moralidad buscando garantizar en dicho orden, su posición antropocéntrica y de autodeterminación plena.

Leonardo Olivieri

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Leonardo Olivieri

Leonardo Olivieri

Tradicionalista Catolico, Licenciado en Ciencia Potitica por la Universidad de Buenos Aires, posgrados en ecomonia e integracion regional. Además músico.