Si no entiende el hogar, el hombre se vuelve un pecaminoso

Gracias al hogar de la infancia, como al hogar que después se puede formar con un esposo y con una esposa se aprende a absorber y a reflejar el amor y se aleja uno de ser un pecaminoso.

Si no entiende el hogar, el hombre se vuelve un pecaminoso y un desesperado, un artículo de Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

En una carta de condolencias a Evan Charteris, cuyo padre había recién muerto, Hilarie Belloc escribió:

“Lo que ahora te ha sucedido es una cosa tan dura como cualquier hombre puede tener que soportar. Los amigos inanimados, que son los más verdaderos y los que nunca traicionan, las paredes y los olores del hogar, cuando los perdemos, por así decirlo, nos perdemos a nosotros mismos. Es un agudo anticipo de la muerte (…) Perder el hogar, Evan, es perder los huesos y la piel. Yo lo sé. Perder el único y mutuo afecto es casi (en una loca metáfora) perder el alma”

¿Qué queda si el hogar desaparece?

Un poco más que una confusión incoherente de datos sensuales corriendo rápido hacia nosotros desde el vasto mundo, sin posibilidad de descanso entre aquellos a los que sabemos que pertenecemos. Si un hombre busca encontrar el sentido mientras refuta pertenecer a su familia, encontrará nada más que distracciones pasajeras para simular y ocuparle por el momento presente, hasta que sus pensamientos lo traigan de vuelta al vacío de su desarraigada situación.

El filósofo católico Gabriel Marcel hace eco de Blaise Pascal y Søren Kierkegaard cuando escribe:

“Estoy inclinado a creer que esas personas están convirtiéndose en cada vez más numerosas. Aquellas cuya existencia se aglutina en torno a unas pocas satisfacciones que desde fuera parecen casi increíblemente triviales: el encuentro diario de brigde, el partido de futbol, alguna otra recreación conectada ya sea con el amor o con la comida. Ellos no olvidarían estos placeres por nada del mundo. Si por alguna razón u otra no pueden tenerlos, la existencia misma se convierte en un desierto, en una vacía noche de oscuridad. Existe, por supuesto, una relación muy directa entre el exagerado valor que se les da ellos y la insipidez que caracteriza a la sustancia general de la vida, una insipidez que puede en un instante convertirse en nauseabunda. En todos los departamentos, el paso de lo que es insípido a lo que es insoportable es imperceptible.”

La falta de normalidad en el pasado par de meses ha forzado a millones de personas a repensar sus prioridades, sus trabajos, sus recreaciones, su tiempo familiar, sus hijos. Esto ha forzado la pregunta: ¿cuál es el valor personal que para mí tiene mi hogar? ¿Tengo siquiera un hogar o he estado tan apartado en otras direcciones que he fallado en hacer lo necesario para estar conectado con otros en un lugar tan misterioso?

Cuando el corazón del hombre desarraigado trata de hacer un nido en la desesperada vacuidad de su vida torbellina y predeciblemente fallida, él solo redoblará la búsqueda de distracciones temporales hasta que su vida se convierta en una huida de, no en un movimiento hacia, la realidad. El hogar es el primer y último contexto de plenitud del que podemos hablar como “bienvenido”, “familiaridad”, “pertenencia”. Despojado o quitado, la única cosa que permanece eventualmente es una frívola máscara. Detrás de la máscara no hay nada, sino que el elaborado proceso de enmascaramiento que vemos alrededor nuestro en el mundo – un enmascaramiento que puede decirse que ya tiene desarrollado su propio protocolo, valor y estilo de vida, especialmente en el mundo virtual creado por las redes sociales, que permite a los desarraigados hombres y mujeres soportar por un momento el vacío de su existencia, la inversión del estar siendo y las nauseas que les resultaría de mirarla.

El “mundo exterior”, el mundo fuera de nosotros, solo tiene significado en términos de ser un punto de referencia estable desde el cual obtenemos nuestro sentido de pertenencia, de arraigo. Cuando hablamos de “estar apartados”, indicamos que existe algo central y fijo desde donde nos apartamos: nos vamos lejos del.…hogar.

¿Qué significa viajar si no es dejar atrás algo familiar para después volver a eso?

Los conceptos “doméstico” y “extranjero”, “cerca” y “lejos”, “local” y “externo” no tendrían significado si nosotros intuitivamente no entendiéramos, como la base de todos estos conceptos, a “hogar” y “lejos del hogar.”

Cada uno de nosotros se acerca al mundo desde el lugar donde somos ya bienvenidos, no extraños, o la menos, donde nos sentimos que deberíamos ser y podríamos ser bienvenidos, cualquiera sean las tensiones y dificultades que puedan deberse a una historia de fallas humanas. Este sentimiento de bienvenida, que se ajusta como un guante y entibia como el chocolate caliente, está oculto en el significado de la palabra familiar. Si no existe el hogar, ni la casa, ni la chimenea, ni la madre, ni el padre, ni la familia, entonces el mundo pierde su inteligibilidad, su benevolencia, su promesa, y se convierte en un lugar de vacío, alineación, la eco cámara del ego.

Ya no podemos comparar aquello, con lo que tropezamos en el camino, con lo que primero y mejor conocemos. Nuestro centro de gravedad, nuestro lenguaje y nuestros sentimientos están tan estrechamente ligados con nuestros hogares que ni siquiera podemos darnos cuenta del alcance de nuestro endeudamiento a menos que algo salga trágicamente mal.

El hogar es un lugar de actividades, de recuerdos, de experiencias indefinibles, de un dialecto compartido, la forma familiar de hacer las cosas que no se encontrará en ninguna otra parte más del mundo, todo girando alrededor de la madre y del padre. No existe un hogar sin un hombre y una mujer que, bajo la causalidad de Dios, den vida a sus hijos y llevan así a la existencia a una completa (aunque diminuta) comunidad de amor recíproco, cuidado, amor, autoridad, dependencia, educación y transmisión de la cultura.

Este hogar es el sustrato donde la vida física, espiritual, cultural, se arraiga y de donde se nutre día tras día, año tras año. Por estas razones es un hecho elemental de la vida humana. El hogar, animado por la familia, es el comienzo de la persona, el comienzo de nuestra vida, de nuestra conciencia, de nuestro desarrollo, de nuestra habilidad para enfrentar el mundo, de nuestra adaptación a las demandas que acompañan a la madurez, de nuestro éxito en conocer a otros y amarlos. En un muy real sentido, el hogar es el tesoro natural (esto es, no sobrenatural) más grande de la persona en este mundo.

A mí me parece que las presentes circunstancias, tan extrañas y tensas como son, nos empujan inevitablemente hacia estas verdades, o al menos, nos empujan suavemente a despertar a ellas y a apreciar más los bienes que damos por sentado o en los que no invertimos.

Gracias al hogar de la infancia como al hogar que después se puede formar con un esposo y una esposa, se aprende a absorber y a reflejar amor, se pone uno a disposición de los demás. En nuestros propios hogares, trabajando para y con nuestra familia, cumplimos nuestra vocación fundamental de nombrar y cultivar, de gobernar y servir de cargar la Cruz y extender el Reino de Dios.

Peter Kwasniewski

si el hombre no entiende el hogar se vuelve un pecaminoso-MarchandoReligion.es

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por lifesitenews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este hermoso artículo, “Si no entiende el hogar, el hombre se vuelve un pecaminoso” en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/without-an-understanding-of-home-man-becomes-sinful-and-desperate

En nuestra página tenemos una sección dedicada a la familia tradicional, donde encontrarás artículos como este.


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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/