El estado presente, la nueva mitología del siglo XXI

¿Qué está pasando con la Iglesia Católica ante la situación de pandemia? Nuestro artículista nos habla del estado presente, una Iglesia rendida al orden político

El Estado presente, la nueva mitología del siglo XXI. Un artículo de Leonardo Olivieri

En este artículo intentaremos reflexionar sobre la acción del Estado en relación a la pandemia del Covid 19 y sus implicancias sobre la Sociedad Civil y en particular, sobre lo que denominamos , la puesta en marcha de una dinámica social secularizante y anticristiana del siglo XXI. Para ello, creemos necesario volver a conceptos claves en las Ciencias Políticas, como ser: el de razón de Estado desarrollado por Niccoló Machiavelli, el concepto de Estado ético en Friedrich Hegel y por último el de Estado total expuesto por Carl Schmitt.

El concepto de razón de Estado fue empleado a partir de Nicolás Maquiavelo para hacer referencia la necesidad de emplear medidas excepcionales aplicadas por una elite gobernante con el objetivo, diríamos vital, de conservar o incrementar la salud y fuerza de un Estado para garantizar la supervivencia del mismo.

Para este concepto, el Estado y su supervivencia constituye un valor que está por sobre todo principio ético y moral y además es de carácter superior tanto a los derechos individuales y/o colectivos. Desde esta perspectiva se niega la existencia de conceptos universales que están por fuera del Estado mismo y su necesidad de preservarse; es por ello que Maquiavelo excluye de su pensamiento filosófico a los valores y principios morales universales. No existirían por lo tanto, ideas meta-políticas, ni toda concepción metafísica de universalidad precedente al accionar material y concreto del Estado mismo.

A diferencia de Maquiavelo, para el idealismo de Hegel, el Estado justo es el que posibilita la realización efectiva de la libertad de los individuos. El hombre es en potencia un ser libre y se desarrolla como tal cuando su libertad está garantizada. Para Hegel la libertad es un capacidad propia del ser humano de auto-determinarse por lo universal (aquí la diferencia sustancial con Maquiavelo). Este concepto de universal que lo determina significa que “algo” de carácter impersonal denominado razón universal, es válido para cada individuo y constituye el bien común. Por eso mismo, es el Estado racional donde cada individuo obtiene su plena libertad y es en ese ámbito donde se concretiza la identidad entre la voluntad individual y la voluntad del Estado.

Para Carla Schmitt, en su obra El concepto de lo político el Estado total aparece caracterizado como la finalización de un proceso que lleva a lo político a la concreción plena, sustentandose en una identidad concreta entre Estado y sociedad, en donde el primero ya no se encuentra desconectado en relación a ningún sector que compone la realidad social, sino que se presenta como una entidad que potencialmente abarca y comprende todo. Desde esta perspectiva, el Estado se encarga de neutralizar las diferencias y conflictividades conformándose como la garantía de la unidad política y social.

Por lo tanto, el concepto de Estado presupone el de «político», y el Estado es definido como el status político de un pueblo organizado sobre un territorio delimitado. Para Schmitt, El Estado liberal, ya no es el portador del monopolio político, pues se ha visto reducido en importancia a tan sólo una «asociación» más y que no se encuentra por encima de la sociedad. Asimismo, Lo político no es visto ya como una referencia específica a un objeto, sino como una relación de oposición que se caracteriza, fundamentalmente, por la intensidad, la hostilidad de un conflicto latente; y por eso mismo la posibilidad extrema de la guerra.

Resumiendo estos tres autores podemos establecer que:

  1. El Estado se independiza de la sociedad civil. Toda creencia liberal con respecto a la esencia misma del Estado es irreal y utópica. La misma necesidad de unidad y cohesión social hace necesaria que lo estatal adquiera un status superior a lo individual para garantizar el orden social y la libertad plena de sus miembros. La razón de Estado es un principio clave para garantizar su supervivencia.
  2. No hay libertad individual más allá del entramado institucional que conforma a un Estado. Todo lo contrario, la libertad plena se da fundamentalmente con un Estado presente y que abarque a la mayor cantidad de sectores sociales. El Estado es una institución que persigue y garantiza la inclusión.
  3. El Estado es la unidad social en sí misma y la concretización del orden social. Al ser la esencia de la unidad social, sin Estado no hay unidad social sino fragmentación y descomposición social.
  4. Por último, este “nuevo dios”, como tal lo intuía Hobbes, se le otorga la autoridad suficiente para crear la paz secular. Es un soporte institucional gigantesco al servicio de la existencia física terrenal de los hombres que él mismo domina y protege. Su trascendencia es, ahora, solamente jurídica y no metafísica, arraigada en principios seculares y materiales. Su supervivencia es vital para el desarrollo de la vida social de los seres humanos.

Después de estos breves conceptos, podremos hacer el ejercicio intelectual de pensar y reflexionar sobre los hechos acaecidos con relación al Covid 19. El punto principal es el aislamiento social y obligatorio, comúnmente llamado cuarentena, decretado en mayor o menor medida por las autoridades gubernamentales. Y es en esta aplicación de políticas de confinamiento por parte de las elites gobernantes en donde el Estado, como organización política que garantiza la salud de todos los ciudadanos, emerge en su status de ente superior a la sociedad civil.

Más allá de las medidas sanitarias en sí mismas, que no analizaremos si son o no son correctas, nos interesa destacar el posicionamiento que tiene el Estado como entidad que garantiza la vida humana. Pero también es conveniente dar cuenta de que la misma ciudadanía ( y una gran parte de ella), exige a la clase política un Estado más presente, otorgando a éste casi una función sobrenatural o mágica. Volviendo casi a una forma de idolatría, propia de un mito pagano (mito secular).

Estamos ante una especie de mitología del Estado, con modalidades de adoración secular y con una clase política “sacerdotal” encargadas de interpretar la verdad de la dinámica social. Este mito secular del Estado no busca, como mencionamos más arriba, la Verdad trascendente e inmutable propia del catolicismo; todo lo contrario, se sumerge en el mundo material de la inmanencia, en donde la verdad es un constructo social y por ende, necesita de intérpretes y de traductores. El intérprete y traductor de esa verdad por excelencia, es el Estado.

Para el pensador francés Georges Sorel en su mayor obra Reflexiones sobre la violencia, el mito persigue acabar con la ficción racionalista de la realidad humana e impulsar la potencialidad del mito en sí mismo como instrumento movilizador y transformador. Pero el mito va más allá de ser revolucionario, sino que se establece como fundamento mismo de la realidad material de la sociedad. Es por eso que el Estado como mito, es más que una organización social sino que es el fundamento mismo de todo.

Un capítulo a parte de esta mitología lo conforman los héroes, que en todo mito existen. Ellos son el personal sanitario y los científicos, que con su esfuerzo y sacrificio altruista expresan la entrega, la solidaridad y el amor por el cuidado del otro. Estos son los héroes devenidos “santos” seculares que todos los días a las 21 hs el resto de los ciudadanos confinados se asoman a sus balcones para rendir culto con aplausos y reverencias.

Ahora llegado a este punto, nos podemos preguntar ¿qué está pasando con la Iglesia Católica ante esta situación? La respuesta es evidente, por lo menos según creemos nosotros, estamos ante una iglesia rendida y subsumida por el Estado. No sólo por las prohibiciones de las celebraciones de las misas, sino porque en la misma jerarquía, en lo sacerdotes, en lo religiosos y fieles en general, se aceptaron muchos de los puntos que describimos en este artículo. El orden temporal prevalece por sobre la doctrina de siempre, lo político se impone por sobre lo dogmático y la filantropía es el camino donde la Iglesia pastoral pretende ser “útil” a la sociedad.

El “hacer” es más importante que la búsqueda de la verdad, que la conversión. En realidad es ese “hacer” para esta iglesia, el evangelio. Lo peligroso de todo esto es que si se abandona la búsqueda de Dios, de lo absoluto, ese espacio vacío que deja la Iglesia lo ocupará otro. Por lo que venimos desarrollando hasta ahora resulta claro que ese otro que pretende ocupar ese lugar vacío es el mito del Estado. Esto no quiere decir que sea el único a intentar ocupar ese espacio. Las ideas de paz, de fraternidad, de humanidad universal, de sincretismo religioso, entre otros, también forman parte de la dinámica actual.

Es por ello que ante estos tiempos de perplejidad y gran confusión se hace más que necesario la oración persistente, la búsqueda constante de Dios, el apegarse con mayor intensidad a la sana doctrina, asistir y también reunirse con aquellos que todavía se resisten a este mundo actual. Es tiempo de penitencia, de oración y de buscar el rostro del Dios Verdadero.

Leonardo Olivieri

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Leonardo Olivieri

Leonardo Olivieri

Tradicionalista Catolico, Licenciado en Ciencia Potitica por la Universidad de Buenos Aires, posgrados en ecomonia e integracion regional. Además músico.