Efecto refinador de la buena lectura

¿Nos hemos planteado como católicos y como padres de familia, lo que supone seleccionar bien los libro recomendados? El efecto refinador de la buena lectura se obtiene con una buena elección

Efecto refinador de la buena lectura

EL HOGAR CRISTIANO: UNA GUÍA PARA LA FELICIDAD EN EL HOGAR
Celestino Strub, O.F.M. Al final del artículo tienen el índice de la obra

Traducido por Augusto Pozuelos

Hacer del deber un placer

Una vez que se haya adquirido el gusto por la buena literatura, será de gran ayuda para formar el hábito de la buena lectura; y, por lo tanto, los padres no pueden comenzar demasiado temprano para cultivar este gusto en sus hijos y así sentar las bases del hábito de lectura. Hasta cierto punto, leer es un deber en nuestros días; y nada hará que el cumplimiento de este deber sea más agradable que la capacidad de apreciar buenos libros y artículos bien escritos.

Es lo mismo con la lectura que con la comida. Pocas personas probablemente comerían lo suficiente para preservar su salud, si no tuvieran gusto por la comida. Y a pesar de que comemos por el honor de Dios, como San Pablo nos exhorta a hacer, cuando tenemos apetito obtenemos los mejores resultados al comer. Lo mismo ocurre con el “alimento mental”.

Si nos agrada leer, examinaremos muchos libros útiles y muchos artículos informativos que de otro modo ni siquiera miraríamos. E incluso cuando leemos por un sentido del deber, nos beneficiamos más si además nos resulta placentero.

Efecto refinador de la buena lectura

Muy parecido al buen gusto o al refinamiento mental es el refinamiento del carácter; y esto también se ve favorecido por una buena lectura. Leer buena literatura tiene el mismo efecto en el carácter de uno que la asociación con buenos y sabios compañeros.

Los mejores pensamientos de un escritor, las emociones más nobles y las mejores imágenes entran en un buen libro o buena literatura; y el carácter del lector no puede sino beneficiarse, aunque inconscientemente, al entrar en contacto tan íntimo con ellos. Los buenos pensamientos guardados en el depósito de la mente se convierten, a veces incluso mucho después de que el autor es olvidado, en la fuente principal de las buenas obras; los nobles sentimientos tocan un acorde íntimo en el corazón del lector y lo incentivan

con elevadas aspiraciones; las imágenes vívidas dejan una impresión indeleble en la imaginación y ayudan a preservar tanto las ideas como los sentimientos. Incluso cuando un pañuelo que se guarda durante un tiempo en un cofre perfumado adquiere una delicada fragancia, el carácter de un hombre se endulza con la lectura de buena literatura. Esto es especialmente cierto en el caso de los libros que representan la vida de grandes y santos hombres y mujeres; porque en tales libros tenemos, además del excelente contenido de pensamiento, el ejemplo inspirador de seres humanos reales que fueron la encarnación misma de los ideales más nobles.

Una espléndida recreación

Tampoco podemos pasar por alto el gran beneficio que ofrece una buena lectura simplemente como una fuente de recreación. La capacidad de obtener placer de una buena lectura abre vías de recreación saludable que de otra forma permanecerían cerradas para siempre.

Estamos constituidos de tal forma, que debemos tener algún tipo de recreación; sin embargo, como seres racionales y, sobre todo, como cristianos, debemos tener cuidado de elegir formas de recreación que simplemente sean matar el tiempo. Es una cosa horrible perder el tiempo, cada momento del cual puede comprar la perla de una recompensa eterna. Y como tendremos que rendir cuentas de cada palabra ociosa, también tendremos que rendir cuentas del uso que hemos hecho de nuestro tiempo.

Ahora bien, no hay mejor pasatiempo intelectual que leer; no más compañía entretenida que un buen autor. Es cierto que la lectura siempre implica una cierta cantidad de ejercicio de las facultades mentales, y por lo tanto trabajo; pero, ¿qué recreación racional no requiere actividad de un tipo u otro? La mayoría de nuestras recreaciones consisten esencialmente en una diversión; no en un cambio de trabajo a inactividad, sino en un cambio de un tipo de actividad a otra: del trabajo manual al trabajo mental o al contrario; o incluso de un tipo de actividad física o intelectual a un tipo diferente en el mismo orden.

Así, un zapatero, que hace trabajo manual en el interior todo el día, se divierte haciendo un poco de jardinería por la noche; mientras que un contable o taquígrafo, o incluso un estudiante, después de hacer el trabajo mental todo el día, a menudo se recrea a sí mismo resolviendo crucigramas o escribiendo versos por la noche. Lejos de ser una objeción a la lectura como un medio de recreación, la actividad mental implicada en la lectura debería ser un incentivo, ya que marca la lectura como recreación de un orden superior.

EL HOGAR CRISTIANO: UNA GUÍA PARA LA FELICIDAD EN EL HOGAR.
Celestino Strub, O.F.M. (Efecto refinador de la buena lectura )

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