Un nuevo virus: las falsedades Obispales

Muy duro el artículo de Miguel Serafín hoy sobre la situación actual de la Iglesia, nos habla de las falsedades obispales y de cómo la jerarquía se ha plegado al mundo. Lean y extraigan sus propias conclusiones

Un nuevo virus: las falsedades Obispales, un artículo de Miguel Serafín

Hay una caricatura en Gloria.TVCartoon en donde la viñeta está dividida en tres partes ilustrando cómo la Iglesia ha cambiado la celebración de la Santa Misa desde el Concilio Vaticano II: antes, el sacerdote celebraba mirando hacia Dios; después, comenzó a hacerlo mirando hacia la feligresía, y ahora, lo hace mirando a una cámara.

En general estas caricaturas pretenden mostrar un lado cómico de una situación, pero más que nada, el lado irónico y de manera satírica registran los eventos que para desgracia ha venido sufriendo nuestra Iglesia desde sus jerarcas.

Ahora que necesitamos más del liderazgo de la Iglesia para ver el lado sobrenatural y resolver la situación por la que estamos pasando, es cuando la Iglesia se retrae y se arrincona y como cualquier político aconseja que lo mejor es quedarse en casa y cierra sus puertas a los feligreses, privándolos de los sacramentos especialmente el de la Eucaristía y la Confesión. Sólo unos pocos sacerdotes y poquísimos obispos han dado muestras de que aún creen en Cristo, y han ofrecido alternativas ingeniosas para salir al encuentro de las necesidades de la feligresía. Para la inmensa mayoría, aquello de que los sacerdotes deben ser pastores “con olor a oveja”, es sólo una frase para los tiempos fáciles y ganar simpatía, pero que no cobra sentido cuando se manda cerrar todas las iglesias en los momentos apremiantes, y a algunos sacerdotes ni siquiera les fue permitido ir a visitar a moribundos para darles los ritos finales.

Pero no es de sorprendernos pues ya desde hace décadas se escuchaban unas voces de santos sacerdotes que no fueron escuchados y de la propia Virgen Santísima que nos advertían que Roma iba a perder la fe. El mismo Señor hizo una pregunta retórica cuya respuesta todos sabemos “cuando el Hijo del hombre venga ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,8).

¿Acaso creemos que todo lo que estamos viendo hoy se debe a una serie de sucesos que se han dado cita en nuestro tiempo de manera coincidencial?

De ninguna manera: el padre de la mentira está detrás de todo esto y se ha encargado de corromper infiltrando poco a poco jerarcas dentro de la Iglesia de manera que ya casi no queda dentro de la estructura organizacional fe sobrenatural. Son pocos los que la poseen, y sí muchos los que ni siquiera la perdieron porque nunca la han tenido.

Los obispos se han concentrado en su propia agenda, creando unas sociedades herméticas de mutua protección dentro de las conferencias episcopales que determinan a todos los del club qué, cuándo y cómo decir lo que hay que decir a feligreses, prensa, y autoridades. Y aquel que se niegue a jugar el juego ya establecido claramente desde el Vaticano II, no es elegido obispo, y si alguno se logra colar, es vilipendiado, apartado y hasta ridiculizado.

Y de ahí hacia abajo, han venido ordenando sacerdotes débiles y sumisos que callan y se convierten en defensores serviles de la falsedad que se viene promoviendo con las nuevas teologías que a todas luces van en contra de la tradición enseñada y que hace parte del Depósito de la Fe. Miran hacia otro lado, cuidan sus sueldos y pensiones, pero sobre todos sus cargos que los convierte en pequeños dictadores de su mini reino parroquial. Su cobardía, negligencia, respetos humanos y sobre todo su orgullo, los fundamentan en una falacia que usan como escudo protector: la obediencia. Sí, es claro, debemos ser obedientes, pero solamente a aquellas ordenes legítimas que no atentan contra leyes superiores, como la ley moral, la natural y la de Dios.

¿Qué hubiera sido de la jerarquía angélica de Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles y Ángeles, si todos hubieran seguido la orden dada por la cabeza de esa jerarquía, el Serafín mayor Lucifer? Todos absolutamente todos iban a parar al infierno. Fue ese pequeño soldadito de las últimas divisiones angélicas, algo así como un Cabo, si tomamos como referencia la jerarquía militar, el que salvó a la mayor parte del ejército angélico cuando decidió desobedecer al jefe de todos los generales. San Miguel fue quien seguramente gritó como loco ¿Quién como Dios? llamando la atención de todo un ejercito de millones de millones de ángeles que volvieron a su sentido y prefirieron obedecer a Dios y no a al General jefe del Estado Mayor Conjunto, alertados por un Cabo.

Así vemos como los que se rebelan hoy contra Dios, prefieren permanecer en su zona de confort obedeciendo a su obispo que los machacará si se llegan a salir de la línea demarcada. La negligencia se da cuando no dicen lo que realmente tienen que decir para salvar almas. Prefieren ganar respetos humanos y reputación haciéndose populares entre las gentes, diciéndoles lo que quieren escuchar, a costa de no prevenirles del peligro de perder sus almas para la eternidad. Tienen miedo de ser juzgados y dejar su popularidad. La cobardía la reflejan cuando temen meterse en situaciones complicadas diciendo a todos lo que conviene. Y su orgullo les hace pensar que están por encima de la verdad y no la dicen.

Hay obispos todavía salvables, pero que se comportan como adolescentes buscando la aprobación de su grupo social de compañeros y dicen sí a todas las barbaridades que andan promoviendo en estos tiempos. A este grupo de obispos que todavía tienen esa fe sobrenatural, les pedimos que piensen en la eternidad de sus almas, y si creen que vale la pena ser parte de un grupo social numeroso, poderoso y guay, pero que seguramente los arrastrarán al infierno si siguen obedeciendo al jefe equivocado.

Basta observar algunos acontecimientos de los dos últimos años, y ver cómo toda esa casta de jerarcas ha permanecido callada dando ejemplo de cobardía y falta de sinceridad por ejemplo en el caso McCarrick. Incluso la cabeza mayor, jamás fue capaz de desmentir que devolvió las facultades aún sabiendo que McCarrick tenía problemas de conducta sexual, tal como lo dijo el arzobispo Viganó. Es decir, que un cardenal es despojado de sus facultades sacerdotales por un Papa, y llega otro y se los devuelve ¿sin siquiera preguntar en primer lugar por qué se los habían quitado? Han pasado 550 días hasta la fecha sin conocer el famoso reporte McCarrick que el Vaticano iba a producir después de su exhaustiva investigación. Tan exhaustiva que tardarán años para mandar el caso al congelador y ya nadie se acuerde.

Hago un llamado a esos obispos que todavía creen y pueden hacer algo por ellos mismos y por muchas personas incluyendo enviar a sus sacerdotes a salvar almas.

Así que ya ni siquiera me refiero a los jerarcas que desde siempre han tratado de destruir a la Iglesia cambiándolo todo. Ese era su trabajo, dar muerte a la verdadera Iglesia y han sido exitosos por ahora dejándola en banca rota, no solo económicamente después de pagar sumas exorbitantes de dinero tras los escándalos de abuso sexual, o por la opulencia en la que viven, sino la peor banca rota posible que es la moral, espiritual y teológica.

Ya casi no quedan católicos que creen en toda la revelación. Setenta por ciento de los que se dicen católicos no creen en la verdadera presencia de Cristo en la Sagrada Forma Consagrada, en la Eucaristía; la mayoría de esos católicos nominales quieren que el aborto sea legal, y de la misma manera, la mayoría apoyan el matrimonio entre el mismo sexo.

Después de todo, con ese panorama, pensándolo bien sería mejor mantener los templos cerrados para no seguir contaminando a los feligreses; no con un virus biológico, sino con otro que es peor, el de las falsedades que han estado enseñando en los últimos cincuenta años.

Miguel Serafín

las falsedades Obispales-MarchandoReligion.es

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