Apocalipsis 13, ¿Cómo será la marca de la bestia?

Un virus, un microchip, una vacuna, ¿Todo esto tiene algo que ver con la marca de la bestia de la cual nos habla el Apocalipsis?

Apocalipsis 13, ¿Cómo será la marca de la bestia?, un artículo de Miguel Serafín

No recuerdo el nombre de la película; pero iba de un americano que es arrestado en un país asiático. Es torturado y puesto bajo condiciones infrahumanas y un militar le exige que firme un testimonio de espionaje lo cual se rehúsa a hacer. Así que sus condiciones carcelarias empeoran. No tiene cama para descansar, duerme en el suelo, no puede asearse, está confinado en una celda sucia y sin wáter, por lo cual tiene que hacer uso de un rincón de su celda para sus propias necesidades fisiológicas. Su barba y su pelo crecen; y de sus ropas sólo le quedan una camisa y el pantalón sucio y raído. No tiene zapatos ni calcetines y con el tiempo recibe chapuzones de agua fría en la cara para despertarlo cada hora porque no le permiten dormir. Está completamente sucio, mal oliente, desgarbado y flaco de malnutrición. No le permiten ver la luz del día, solamente la que se cuela por una hendija en la parte superior de su calabozo. Es la tortura de la degradación del ser humano y el hombre está entrando en locura. Sólo tiene que firmar la declaración en contra de su gobierno para recobrar la libertad, pero no lo hace.

Un día el militar que ha hecho su vida imposible, viene a decirle que hubo una negociación con su gobierno por su libertad y que tiene que prepararse para salir. No puede seguir en el sitio donde se encuentra y debe recuperarse físicamente y no dar una mala imagen del régimen que lo tenía bajo custodia. Ahora su habitación es cálida y cómoda con una cama doble y mullida. Duerme tranquilamente, recibe tres veces al día comida nutritiva y tan cálida como los baños diarios que ahora disfruta en una amplia bañera con mucha espuma. Recibe al peluquero que llega para cortar su pelo; y su barba desaparece al proporcionarle los elementos necesarios para afeitarse. El día señalado está llegando. Depositan sobre su cama un traje similar al que usaba, con camisa, corbata zapatos, calcetines todos nuevos y hasta colonia para perfumarse. Se alista por completo. Llega el gran día en que recuperará su libertad y por fin la desgracia quedará atrás. Podrá olvidar todo como si se hubiera tratado de un mal sueño.

Vienen por él unos guardias, y se encuentra completamente preparado físicamente, limpio perfumado, pulcra e impecablemente vestido para la entrega a su gobierno y para declarar ante la prensa. Alcanza a esbozar una ligera sonrisa nerviosa mientras él y sus guardias van caminando por el interior de un edificio cuyos pasillos lo conducirán al lugar del encuentro para su devolución; hasta que son interrumpidos a mitad de camino por otro par de guardias que acompañan al militar que había venido haciendo una desgracia de su vida y que le había anunciado la negociación con el gobierno americano.

El militar sonríe y serenamente le dice que ha habido cambio de planes y su regreso a casa quedaba cancelado y tendría que volver a su sitio original de reclusión. Todo terminaba allí para este hombre: su pesadilla comenzaba de nuevo.

Mientras es llevado a su antiguo calabozo va siendo despojado de sus limpias ropas y maltratado. Ya no tiene zapatos otra vez y es bruscamente empujado al interior de su ya conocida celda mal oliente. Ya sabe lo que le espera y grita firmemente que firmaría lo que fuera con tal de no volver a su precaria condición anterior.

Todo había sido una estrategia del militar, que nunca había negociado su liberación, pero quería tener esa declaración en contra del gobierno americano y sabía que la manera más fácil de romper la voluntad de este hombre era dejarle saborear las mieles del retorno a la vida normal, y una vez que se viera así mismo limpio y con las comodidades y condiciones de salubridad, jamás querría volver a su estado de desgracia inicial. Efectivamente, el hombre firmó para recobrar su libertad.

La película lleva muchas otras situaciones entre gobiernos y familiares, pero que en realidad no son relevantes en este momento.

Lo que impresiona es cómo una situación adversa puede ser utilizada para que nuestras voluntades accedan fácilmente para convencernos de hacer algo que probablemente en condiciones normales no haríamos.

Cuantas veces hemos escuchado en Apocalipsis 13 sobre la marca de la bestia y muchos ahora hablan del microchip que sería usado como dicha marca.

Pero ¿es que creemos que Satanás se nos va a presentar con cachos y cola y nos va a decir que nos pongamos la marca de la bestia? Por supuesto que no. Satanás no es así de estúpido. Es muchísimo más inteligente que nosotros y jamás dejará ver quienes actúan en su nombre.

El enemigo es astuto y la bestia descrita no es un monstruo horripilante y grotesco a la vista, sino que se trata de entidades y grupos con numerosas estrategias de alcance, que las podemos asimilar a tentáculos o cuernos. Por eso se describe como una bestia, no porque sea una figura amorfa y que cause pavor por su apariencia física, sino que lo que causa horror es la manera malévola disfrazada de bien y como han de trabajar para la destrucción de la raza y sobre todo las almas humanas. Es la maldad contenida en estos monstruos apocalípticos por lo que se describen como bestias.

Sin embargo, muchos católicos que saben de este pasaje bíblico han desestimado la información aquí contenida, porque ven la existencia del demonio como un mito, porque los jerarcas que ahora están en el poder de la administración de la Iglesia se han encargado de ocultar la existencia de Satanás, y ridiculizan a aquellos que hablan del maligno, como si se tratara de cuentos de viejas. Pero el demonio o Satanás está claramente definido en la Biblia y en el documento oficial y guía hasta el día de hoy de toda persona que se llame católica: El Catecismo de la Iglesia Católica. Por eso ya no se habla del Catecismo: 1. Porque no lo pueden cambiar, 2. Porque allí se describe la existencia del enemigo número uno de la raza humana y prefieren ignorarlo y ridiculizar a quienes lo citan, porque los jerarcas están trabajando para el propio Satanás.

Una marca que muchos ya describen como un posible microchip, cuya inoculación no sería aceptada de manera voluntaria por muchos. Sería considerado una violación a los derechos de la persona, la libertad y un grandioso etc. contra los derechos humanos.

La bestia es más astuta que eso. Después de pasar unos días en cuarentena evitando contacto social y viéndonos privados de libre circulación, no teniendo otra opción que estar en casa y ser bombardeados las veinticuatro horas del día por la televisión con partes oficiales de gobiernos reportando cifras; e imágenes abrumadoras de hospitales y personal médico en apremio evacuando cuerpos sin vida; ya he escuchado algunas personas entre setenta y ochenta que se han visto deprimidas y han dicho que ya han disfrutado de la vida y que preferirían morir y dejar este mundo antes que volver a sufrir otra vez una situación de encierro como la que estamos viviendo. Y eso que la cuarentena no ha terminado, pero ven que el encierro puede acabar pronto en cuestión de unas semanas más.

Vemos cómo ya hay personas que a raíz de esta situación incluso están dispuestas a aceptar la eutanasia o muerte asistida si tuvieran que verse privadas de visitar a sus amigos o salir a la calle a comprar cosas. Un suicidio aceptado que sería impensable para la humanidad hace diez años. Y la legislación de los países ya está lista para aceptar esos casos.

La inoculación de la marca de la bestia como un mecanismo digital que controle la vida de las personas, su ubicación geográfica, sus finanzas, sus sistemas de salud, sus enfermedades, trabajo, banco, consumo, vivienda, todo absolutamente todo, no nos lo venderán bajo esa prescripción.

La casa Gates, que se especializa en sistemas de computación digital ha dedicado millones a una fundación para mejorar las vidas humanas, están investigando para encontrar una vacuna que no solamente permita inmunizar a las personas contra el virus, sino también economizar y poder determinar en un momento dado quien ha tenido el virus, quien no, quien se ha vacunado y quien no. La vacuna permitiría digitalizar una serie de informaciones que atañe a cada persona para poder controlar “la propagación de enfermedades” y emitiría una especie de certificado digital de que una persona no representa riesgo para la sociedad y de tal manera “no tener que volver a encerrar a las personas en sus casas por periodos prolongados perjudiciales para la salud y la economía de los países”.

La carencia de ese certificado no permitiría por ejemplo acceder al sistema de salud, y por lo consiguiente tenerlo sería requisito para obtener un empleo, para ir al mercado y poder comprar, para ir a realizar transacciones de cualquier tipo. Sería como en los tiempos bíblicos cuando los leprosos no podían vivir en comunidad y eran expulsados de la sociedad para no contagiarla. Sólo cuando era curado tenía que ir al sacerdote para que certificara su estado de salud y ser readmitido nuevamente en sociedad.

La pregunta que se nos hará y que tendremos que responder, como en la trama de la película arriba descrita ¿firmas por ello, o vuelves a tu situación inicial?”. Y es cuando masivamente la gente dirá que sí a la vacunación digital.

Person of Interest fue una serie de televisión entre 2011 y 2016 que trataba de la supervigilancia de la sociedad por ese Gran Hermano, ese gran ojo que todo lo vigila por medio de la red de cámaras interconectadas por todas las ciudades, que controlaban los movimientos de las personas ubicándolas e identificándolas en cualquier actividad o punto geográfico. Parecía ficción, pero ya vemos que es una realidad la super población de cámaras que controlan la actividad humana.

también se le concedió el dar espíritu, y habla a la imagen de la bestia: y hacer que todos cuantos no adorasen la imagen de la bestia, sean muertos. A este fin hará que todos los hombres pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, tengan una marca o sello en su mano derecha o en sus frentes. Y que ninguno pueda comprar, o vender, sino aquel que tiene la marca, o nombre de la bestia, o el número de su nombre.” (Ap 13, 16-17).

Miguel Serafín

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