El hombre moderno y sus dioses

Leonardo nos ofrece una serie de artículos muy interesantes sobre el hombre, hoy, en concreto, se centra en el hombre moderno y sus dioses

El hombre moderno y sus dioses. Un artículo de Leonardo Olivieri

Comenzaremos por una serie de artículos destinados a reflexionar sobre el hombre moderno, sus particularidades y sus características que lo diferencian del ideal católico. No serán artículos exhaustivos ni mucho menos teológicos, pero si están enfocados desde la perspectiva de las ciencias sociales. 

Buscamos también esbozar lineamientos para un pensamiento católico que esté en condiciones de explicar la realidad actual en la que estamos inmersos como sociedad. Este pensamiento, desde nuestro punto de vista, será de resistencia y de contracorriente ya que la Ilustración produjo cambios significativos en la estructura del pensamiento social.  Esperamos que esta serie sirva de incentivo para comenzar dicha tarea.

Una de las características esenciales que definen al pensamiento surgido de la Ilustración es básicamente el concepto de autonomía del hombre. De manera sencilla podemos decir que el hombre se separa de toda autoridad externa de sí mismo. No hay nada ni nadie que pueda estar o ejercer autoridad sobre la propia condición humana y sus devenires. En otras palabras, no hay ser alguno que “esté por arriba” del mismo ser humano.

Para el filósofo Immanuel Kant, el hombre de la Ilustración es concebido como un ser dotado de razón, con capacidad plena de conocer la realidad por medio de la misma razón. Por lo tanto, emancipado de un ser superior, secularizado, libre de las ataduras de la ignorancia y de toda concepción religiosa. Lo divino como concepto trascendente al ser humano queda prácticamente relegado a condición mística e incomprensible para la razón. Pasa a ser definido como noumeno, que se puede pensar, pero no acceder por medio del conocimiento de la razón.

Así definía Kant a la Ilustración “la ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!: he aquí el lema de la ilustración”.

Si consideramos este párrafo escrito en su libro ¿Qué es la Ilustración? de 1784, veremos que la autonomía es el uso de las capacidades humanas, de la inteligencia del hombre mismo para liberarse de la servidumbre del sometimiento a la guía del otro. Es evidente que ese “otro” no es ni más ni menos que la cosmovisión católica de un Dios Uno y Trino.

Surgen así conceptos claves de la modernidad: el de individualismo posesivo y el de libertad negativa. El concepto de libertad negativa lo desarrollaremos en un próximo artículo. Ahora definiremos el primer concepto. El individuo, o sea el hombre en sí mismo, es su propio dueño, no reconoce autoridad superior fuera de si. Y si hay alguna autoridad, debe ser consecuencia de su consentimiento o de un acuerdo con otros individuos. Pero el carácter de esa autoridad, su fundamento, es de naturaleza humana. Nada hay de revelado, nada de divino ni sacro ya que no hay una idea de bien que existe por fuera del hombre.

En cambio, sólo hay condición humana autónoma y dueña de si. Todo lo que excede al hombre es un misterio, una ficción, que puede imaginarse o pensarse pero no puede conocerse; su acceso resulta imposible. Y diríamos que resulta irrelevante para la dinámica de la vida.

Ahora bien, desde esta perspectiva ¿qué lugar ocupa lo divino y Dios en la vida del hombre? La respuesta es que Dios queda relegado al pensamiento interno, podría ser concebido como una idea abstracta que no se puede conocer, pero que ayuda al hombre a llevar una vida más feliz y enfrentar las vicisitudes de la misma.  Dios es aceptado en la medida que sea una idea que ayude al hombre y esté enclaustrado en la conciencia interior de cada sujeto.

El creer en “algo que haga bien” es parte constitutiva de este indiferentismo religioso, donde todas las religiones y dioses sos igualmente genuinos y ayudan al ser humano. Es a partir  de la filosofía de Sören Kierkegaard que podemos profundizar esta idea. Un punto a considerar en este autor es que introduce a la experiencia vivencial en el contenido de su filosofía. Lo vivido por el individuo adquiere un lugar importante tanto como el concepto de razón.  Para  Kierkegaard, el hombre puramente racional encuentra en su vida cotidiana, en su existencia misma, sus propias limitaciones. La razón ya no mueve al mundo, por decirlo de manera simple.

El hombre racional se enfrenta a sus limitaciones, sus errores, sus faltas. El progreso no es un camino en line recta y ascendente. Estas limitaciones forman parte de la misma existencia. La angustia, el temor y la desesperación, ya están instaladas en el propio ser del hombre moderno libre.

Y es ahí donde recurre a la espiritualidad, a la fe en un “dios: que lo motiva a seguir adelante más allá de ello angustiante de la existencia. Este “dios” de la autoayuda tiene sus raíces en las necesidades humanas propias de un sujeto incompleto, que necesita de algo extra,que no sea la propia racionalidad. Ahí es donde entra la fe y dios. 

Por lo tanto y a manera de resumen, el hombre moderno se autodetermina y se establece como centro de sí mismo y del mundo. La razón es su base pero también reconoce sus limitaciones. La fe en un “dios”, es esa ayuda extra que necesita. Por lo tanto, es una construcción humana necesaria para sobrellevar las limitaciones propias de la existencia.

La pregunta que nos podemos hacer es si existe otro modelo de hombre que no sea este hombre desarraigado. Podemos responder que sí, existe y es el hombre tradicional -católico.  Entre estas dos formas de hombre existe una diferencia ontológica. No es una diferencia histórica ni de época, ambos coinciden históricamente, sino que son esencialmente diferentes y opuestos.

Resulta evidente que después de las revoluciones, el hombre moderno se consolidó y tomó dominio, incluso dentro de la misma Iglesia Católica. Sin embargo, esa diferencia ontología sigue latente. Es probable que esta hegemonía de lo moderno sirva para dar respuesta a la fragilidad y la desorientación que está teniendo gran parte de la jerarquía eclesiástica actual.

Pero del ideal de hombre católico,nos ocuparemos en los próximos artículos.

Leonardo Olivieri

El hombre moderno y sus dioses

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Leonardo Olivieri

Leonardo Olivieri

Tradicionalista Catolico, Licenciado en Ciencia Potitica por la Universidad de Buenos Aires, posgrados en ecomonia e integracion regional. Además músico.