Yo soy la resurrección y la vida

” Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá “, las palabras de Jesús a Marta, hoy el Señor nos las dirige a nosotros

Yo soy la resurrección y la vida, Rev. D. Vicente Ramón Escandell

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

1. Relato Evangélico (Jn11, 1-45)

Había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea».

Los discípulos le replicaron: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?». Jesús contestó: « ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza porque la luz no está en él».  Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo». Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará». Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.

Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro». Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».  Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».  Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día».  Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama».  Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él: porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano».  Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció  y preguntó: « ¿Dónde lo habéis enterrado»? Le contestaron: «Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: « ¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?». Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».  Jesús le replicó: « ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

2. Comentario al Evangelio

La resurrección de Lázaro es el punto de inflexión, según san Juan, en la relación de Jesús con las autoridades judías. A partir de ese instante, su destino estaba ya sellado, porque la expectación que había producido el hecho superaba con creces a todo cuanto había realizado hasta entonces. En ella Jesús manifiesta claramente su poder sobre la vida y la muerte, y se presenta a sí mismo como fuente de vida para el hombre: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

La fe en Jesús, que es lo que exige a Marta, es garantía de vida eterna; ya no habrá que esperar a una resurrección final para alcanzar la participación en la vida divina, sino que, en esta vida, todo aquel que crea en Él, participa ya de ella. Revolucionaria revelación la que hace Jesús en Betania y en la que se cumple la esperanza de la vida eterna anhelada por todos los justos del Antiguo Testamento y anunciada por los profetas. Sin embargo, la resurrección de Lázaro es solo un anuncio, una prefiguración de lo que será realmente la vida eterna: el amigo de Jesús resucita para volver a morir, pero en la resurrección de Jesús se cumple plenamente lo prometido en Betania: Cristo ha resucitado de entre los muertos – dice san Pablo – y es primicia de los que han muerto (…) Pues lo mismo que en Adán mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados[1].

3. Reflexión

El misterio de la resurrección de Cristo nos eleva por encima de la muerte (…) El ser humano ha sido arrancado del simple remolino del eterno perecer y nacer e introducido en la estabilidad del amor creador de Dios afirmaba el Cardenal Joseph Ratzinger[2].La Resurrección de Cristo, como nos ha indicado el Card. Ratzinger, introduce en la vida del hombre un elemento nuevo, esperanzador. En ella se rompe ese círculo vicioso de vida y muerte en el que parece que estamos condenados a peregrinar sin esperanza alguna. Ella nos habla de una nueva etapa en nuestra existencia, la cual, ya no se limita a vivir y morir sin sentido, sino que se abre a una nueva vida, que será eterna y gozosa junto a Aquel que nos ha creado y amado.

Hay, pues, una nueva esperanza para nuestras vidas, una nueva razón para alegrarnos y gozar de nuestra existencia terrena con la mirada puesta en Aquel que, con su muerte, nos ha abierto las puertas de la eternidad. Ya no es, pues, el tiempo de la tristeza y de la angustia, sino de la alegría y la esperanza; la vida adquiere un nuevo sentido, dejando de ser un sinsentido descorazonador, para convertirse en un camino iluminado por la luz pascual que, aun no dejando de ser un valle de lágrimas, se dirige inexorablemente hacia la luz inextinguible de Cristo muerto y resucitado.

El camino de la Cuaresma es una peregrinación hacia la luz pascual. La Resurrección de Cristo marca de modo indeleble el tiempo de la Cuaresma porque en ella, y no sólo en el misterio de su Pasión y Muerte, encuentra sentido este tiempo litúrgico. La luz de la Pascua ilumina en todo momento el peregrinar cristiano por este mundo y nos estimula a una mayor perfección personal y comunitaria. Morir al pecado para resucitar a la vida nueva es el significado de la Cuaresma, pero también, de toda la vida cristiana. De ahí, la insistencia de la Iglesia para este tiempo de la necesidad de la conversión, del volver nuestro rostro hacia el Señor y empaparnos de su luz renovadora; de esta forma, iremos preparándonos para acoger el Misterio Pascual que es misterio de luz y de vida.

Renovado en cada Eucaristía, el Misterio de nuestra salvación nos acerca cada vez más al Señor Resucitado cuya presencia en medio de su Pueblo es real y sustancial en la Sagrada Forma, cuya blancura nos recuerda la luz radiante del Resucitado en medio de aquellos primeros discípulos que, como nosotros ahora, se reunían para partir el Pan en su presencia glorificada.

4. Testimonio de los Santos Padres

San Agustín de Nipona, obispo y doctor de la Iglesia (354-430)

Dirá alguno: ¿Cómo en Lázaro fue figurado el pecador, si era amado de Cristo? Dice Cristo: “No he venido a buscar a los justos, sino a los pecadores”. Si Dios no amara a los pecadores, no habría descendido del cielo a la tierra.

Tratado XLIX sobre san Juan

5. Oración

Señor Jesús, que te revelaste en Betania como la resurrección y la vida, haznos dignos de participar del gozo de la vida eterna; que la esperanza en la resurrección futura nos aliente en nuestra lucha diaria contra el Pecado y en el ejercicio de la caridad para con aquellos que, desesperados, se sienten abandonados y despreciados. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amen.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad


[1] 1 Cor 15, 19.22

[2]Dios y el mundo p. 22

Yo soy la resurrección y la vida-MarchandoReligion.es

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna