Verdadera y falsa libertad

Queridos amigos de Duc in altum, os propongo aquí mi intervención semanal en la sección La viga y la paja de Radio Roma Libre.

Verdadera y falsa libertad, Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/03/18/vera-e-falsa-liberta/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Una noticia que leí anteayer me hizo sonreír amargamente y pensar. En Holanda cientos de personas hacían cola delante de una coffee shop para adquirir cannabis cuando el gobierno, en el marco de las medidas para frenar el coronavirus, decidió de improviso cerrar estos establecimientos comerciales.

La gente salió corriendo a la calle y algunas cafeterías continuaron abiertas más allá del horario habitual, hasta la desaparición de esas colas.

En Holanda la marihuana y sus derivados se venden en tiendas específicas, donde se pueden adquirir hasta cinco gramos de sustancia por persona, eligiendo entre distintas variedades de cannabis.

¿Pero por qué digo que la noticia me ha hecho sonreír amargamente y pensar?

Porque me parece que las colas delante de los establecimientos de droga (porque de eso, en efecto, se trata) son la imagen perfecta de esta nuestra sociedad postmoderna, que tanto gusta de considerarse y mostrarse libre, emancipada y segura de sí misma, pero a la primera dificultad se comporta como el niño pequeño al que le quitan el chupete.

Y lo gracioso es que nosotros los cristianos, que cuando en momentos de necesidad levantamos los ojos hacia el Cielo y nos dirigimos a Dios, en esta sociedad libre, emancipada y segura de sí misma somos quizás vistos con compasión, como si fuésemos nosotros los niños, necesitados de un consuelo fácil.

Bien conocido es el aforismo de Chesterton: “Quien no cree en Dios no es cierto que no crea en nada, sino que comienza a creer en cualquier cosa”. Menos conocido es este pasaje de san Agustín: “Los hombres dicen que son tiempos malos. Vivamos bien y los tiempos serán buenos. Los tiempos somos nosotros”.

El hombre postmoderno, libre, emancipado y seguro de sí mismo piensa que el hombre de fe, al confiar en Dios, huye de sí mismo. No se da cuenta de que quien niega a Dios se hace esclavo de sí mismo.

Recuerdo un bellísimo discurso pronunciado por Benedicto XVI en febrero de 2009, cuando visitó el Pontificio seminario romano mayor.

Interrogándose sobre lo que verdaderamente es la libertad, el papa introdujo una distinción decisiva. Lo que hoy llamamos libertad, o sea, el poder hacer lo que queramos porque no dependemos de nadie, no es libertad, sino libertinismo. Y la absolutización de la libertad, lejos de ser una conquista, es una degradación: “El libertinismo no es libertad, es más bien fracaso de la libertad”.

En aquel discurso al seminario romano Benedicto XVI enseñó que “reducirse a la carne” puede provocar la ilusión de elevarse al rango de la divinidad, pero en realidad “introduce en la mentira”.

Incluso sin recurrir a la alta teología, la simple experiencia nos dice que el hombre no es un absoluto y por consiguiente no puede serlo tampoco nuestra libertad. “Nuestra verdad – dijo el papa Ratzinger – es que, ante todo, somos criaturas, criaturas de Dios, y vivimos en relación con el Creador”.

Lo que llamamos proceso de emancipación nos ha alejado progresivamente de Dios, pero todo ello no nos ha hecho más libres. Nos ha hecho más esclavos de nosotros mismos, de nuestras pulsiones, de nuestros vicios. “Ver a Dios, orientarse hacia Dios, conocer a Dios, conocer la voluntad de Dios, incorporarse a la voluntad, esto es, al amor de Dios”, no constituye una fuga de sí mismo. Al contrario, “es entrar cada vez más en el espacio de la verdad”.

En ese otro formidable texto que es Europa en la crisis de las culturas (conferencia pronunciada en Subiaco, en el monasterio de Santa Escolástica, el 1 de abril de 2005, pocos días antes de su elección como papa) el entonces cardenal Joseph Ratzinger dijo que la verdadera contraposición que caracteriza al mundo de hoy no es, como comúnmente se dice, la que existe entre las distintas culturas religiosas, sino la que hay entre “la radical emancipación del hombre frente a Dios” y “las grandes culturas religiosas”, que reconocen sin embargo la ligazón entre el hombre y Dios.

La contraposición es entre quien cree poder reducir a Dios hasta reivindicar tal convicción como garantía de la libertad y quien, por el contrario, reconociendo la ligazón con Dios, afirma que sólo en tal relación se encuentra la garantía de una libertad auténtica, evitando el riesgo de que la libertad se convierta en enemiga del hombre.

La expresión de una conciencia que quiere ver a Dios anulado definitivamente en la vida del hombre o, como mucho, limitado a su sola esfera individual y privada, está constituida por el relativismo, el cual, en nombre del antidogmatismo, se transforma en realidad en el más rígido dogmatismo, porque no otorga derecho de contestación a quien reivindica la existencia de una Verdad absoluta cognoscible.

La verdad, concluía el cardenal Ratzinger, es que si queremos que la dignidad humana no sea pisoteada no debemos perder de vista a Dios.

La conferencia de Subiaco es famosa también porque en aquella ocasión el entonces prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe hizo una propuesta directa y explícita a “nuestros amigos que no creen”: vivir no etsi Deus non daretur, como si Dios no existiese (según el axioma iluminístico), sino veluti si Deus daretur, como si Dios existiese.

En estos días, en los que muchos de nosotros estamos recluidos en casa, nos hará bien retornar a algunas grandes intervenciones que Joseph Ratzinger – Benedicto XVI ofreció no solo a los creyentes, sino a toda nuestra cultura.

Aldo Maria Valli

Verdadera y falsa libertad-MarchandoReligion.es

Nuestro artículo recomendado: Intervención de los Sacerdotes del Distrito italiano de la Hermandad de San Pío X


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor
Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/