El ateo puede objetar las pruebas de la existencia de Dios

Los ateos muestran sofisticación, pero resultan ser irracionales y sus puntos de vista ponen en peligro el progreso de un genuino entendimiento y sabiduría al negar o desconocer las pruebas de la existencia de Dios.

Los ateos pueden objetar las pruebas de la existencia de Dios, pero no pueden escapar de estas. Por Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

La semana pasada presenté el “argumento teleológico” que demuestra la existencia de Dios a partir del modo en que las cosas irracionales actúan consistentemente para lograr ciertos bienes tal como lo hacen los seres racionales, a pesar de que carecen de la inteligencia para entender el fin por el cual ellas están actuando y, por lo tanto, no puede ser en sí mismas responsables por tal comportamiento. Este razonamiento es a menudo llamado un “argumento a partir del gobierno divino,” significando con esto que debe haber un soberano gobernante que coloca en las cosas la “ley” de su naturaleza y de sus actividades para así lograr no solamente el bien de la especie individual, sino también la perfección del universo como un todo.

De la misma manera, comenzando con la evidente existencia de las leyes de la naturaleza – patrones de acción y reacción que permiten a las cosas físicas moverse, crecer, combinarse y disolverse para lograr orden, simetría, funcionalidad y balance – uno puede argüir la necesidad de un dador-de-la-ley que tiene estructurado el universo físico de un modo ordenado.

Se puede hacer un argumento relacionado acerca de las estructuras de las cosas naturales, esto es, del ojo o del cerebro, o incluso de una sola célula, la cual despliega una complejidad multi propósito e irreductible imposible de atribuir a una secuencia fortuita de serpenteantes causas materiales.

Las objeciones que surgen contra tales argumentos teleológicos son numerosas.

Una objeción reclama que estar hablando de “el bien” es una mera abstracción o una proyección de la conciencia humana sobre cosas no humanas. Otra objeción alegaría que no se puede saltar desde los ejemplos artificiales (es decir, del hecho que una silla requiere de la inteligencia del artista, del carpintero) a la naturaleza misma. Comúnmente se afirma que una combinación de eventos fortuitos y la necesidad material es, después de todo, suficiente para explicar la diversidad, el orden y la belleza.

Estas objeciones no consideran los muchos hechos que el argumento teleológico busca explicar. Podemos decir que existen al menos tres.

Primero, el bien es un aspecto fundamental e irreductible de la realidad, ya que observamos que cada cosa se preserva en la existencia tanto tiempo como es posible y resiste a su propia desaparición. Para una avispa es un bien existir; es un bien reproducirse; es un bien acrecentar la especie. Es, por tanto, un bien para la avispa comportarse de cierta manera o tener ciertos órganos inteligentemente estructurados, porque es un bien alcanzar el fin de promover la especie. Esto sería cierto ya sea que los seres humanos lo observaran o no. Solo alguien que niega que cualquier cosa sea buena puede evadir este argumento, a pesar de que la negación del concepto de bien es contraria tanto a la razón como a la experiencia. Además, cualquiera que trate de argumentar contra el bien se refuta a sí mismo, porque no sería capaz de explicar porqué piensa que debiera estar defendiendo la verdad.

Segundo, la naturaleza, más que el arte, exige una explicación en términos de diseño, (es decir, una inteligencia directriz). Las entidades naturales que carecen por completo de inteligencia racional –  es decir, de la habilidad para conocer la relación entre los medios y los fines y de disponer de sus asuntos con libertad de elección basada en el conocimiento – despliegan un comportamiento sorprendente en su inteligibilidad, en perfecta proporción entre los medios y los fines, lo cual nunca es resultado de la casualidad. Lo mismo puede ser dicho de los órganos naturales o sistemas que revelan una complejidad deslumbrante que excede con creces las mejores obras de las manos del hombre. Realmente ahora, ¿cuántos monos, máquinas de escribir, y miles de millones de años serían necesarios para producir incluso una simple respetable frase, y mucho menos una obra entera de Shakespeare?

Tercero, la materia no es capaz de auto diseñarse, sino que siempre presupone la forma, la fuente del orden y de la funcionalidad de la materia. ¿Se convierte el caucho en una pelota, en una goma de borrar o en un par de sandalias? La forma a su vez presupone un propósito, como incluso lo demuestra la más elemental observación de las plantas y animales.

No por nada entonces, las Sagrada Escrituras testifican que la existencia de Dios puede ser conocida a partir del mundo que Él ha hecho, o por decirlo más precisamente, que Su existencia es evidente y solo puede perderse por culpa propia:

“Vanidad son ciertamente todos los hombres en quienes no se halla la ciencia de Dios, y que por los bienes visibles no llegaron a conocer a Aquel que es; ni considerando las obras, reconocieron al artífice de ellas; (…)Pues de la grandeza y hermosura de las criaturas, se puede a las claras venir al conocimiento de su Creador.”

Sabiduría 13, 1,5

“Porque lo invisible de Él, su eterno poder y su divinidad, se hacen notorios desde la creación del mundo, siendo percibidos por sus obras, de manera que no tienen excusa; por cuanto conocieron a Dios y no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su insensato corazón fue oscurecido.”

Romanos 1, 20-21

“Pregunta, te ruego, a las bestias, y ellas te enseñarán, a las aves del cielo, y te lo dirán; (…) ¿Quién de todos estos seres no sabe que la mano de Yahvé ha hecho (todas) las cosas?”

Job 12, 7, 9

“Los cielos declaran la gloria de Dios y el firmamento proclama la obra de sus manos.”

Salmo 19, 1

Especialmente en estos pasajes, pero en muchos otros, vemos que la divina revelación y la razón natural coinciden en la evidencia y en la fuerza lógica del argumento teleológico. Este es un ejemplo más de cómo la fe y la razón trabajan juntos por la salvación de la inteligencia humana y por la mayor gloria de Dios Todopoderoso.

Los ateos hacen una exhibición de sofisticación, pero ellos resultan ser los irracionales y sus puntos de vista arriesgan el progreso de un genuino entendimiento y sabiduría. Santo Tomás de Aquino nos ofrece un acercamiento más convincente e integral al estudio de Dios y de su relación con el mundo.

Peter Kwasniewski

El ateo puede objetar las pruebas de la existencia de Dios-MarchandoReligion.es

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por lifesitenews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo, “El ateo puede objetar las pruebas de la existencia de Dios”, en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/atheists-can-object-to-proof-of-gods-existence-but-they-cant-escape-it

Este artículo corresponde a la segunda parte del tema dedicado al argumento teleológico de la existencia de Dios, aquí encontrarás la primera parte.


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor
Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/