Juristas por la infancia

¿Las nuevas técnicas de reproducción deben ser aceptadas por los católicos? ¿Tenemos juristas que velen por la infancia y que expongan la confusión de estos métodos?

Juristas por la infancia, un artículo de Miguel Toledano

El pasado 3 de febrero, la Asociación de Juristas Católicos de Bélgica organizó una interesantísima conferencia a cargo de la Dra. Aude Mirkovic, profesora de la Universidad de Evry (una de las más importantes de Francia en la investigación genómica), y del Notario honorario Herwig Dufaux.

La Dra. Mirkovic es asimismo portavoz y directora jurídica de la asociación francesa de Juristas por la Infancia, cuya página web puede consultarse aquí. Nos ocupamos en este artículo de la primera parte de su intervención, dejando la segunda para la semana que viene, en aras de evitar una extensión abusiva.

Su ponencia en Bruselas versó sobre la “procreación medicalmente asistida” (PMA, que en España solemos conocer como reproducción asistida, fecundación artificial, inseminación artificial o fecundación in vitro) y la “gestación por tercero” (GPA en sus siglas originales en idioma francés, que nosotros conocemos con el expresivo término de “vientres de alquiler”). De ambas hemos tratado ya, para los lectores de Marchando Religión, en una serie de artículos hace unos meses.

Desde el primer momento, la Prof. Mirkovic señaló espléndidamente que ambas técnicas, PMA y GPA, suponen la disociación entre la unión sexual de hombre y mujer y la procreación, lo que está en la base de los múltiples problemas y no menos confusiones que aquéllas plantean.

Por ello, la PMA aún en su versión original, prevista para los casos de infertilidad, es ya problemática. Ahora se trata, naturalmente, de dar un paso más: extenderla a cualquiera, dando acceso a la inseminación artificial sin requerir la condición de infertilidad inicialmente prevista en la legislación gala.

Tres son los nuevos supuestos reales en los que se quiere acceder a la inseminación artificial: la inseminación para madres solteras, la inseminación para mujeres que copulan con otra mujer y la inseminación para cópulas de macho y hembra que, no obstante, desean la fecundación artificial con objeto de beneficiarse de las posibilidades que ofrece dicha técnica.

Ni que decir tiene que la Prof. Mirkovic destacó en varias ocasiones la deriva eugenésica que entrañan estos tres tipos de deseos. En los dos primeros supuestos, argumentó certeramente que de lo que se trata es de la eliminación de la figura del padre, paso lógico en el avance de la revolución sexual y el feminismo comenzado hace algunas décadas.

Por eso es importante volver siempre al origen del problema, ya sea el individuo radicalmente concebido como dueño supremo de su vida o la citada disociación entre la unión sexual de hombre y mujer y la procreación; de lo contrario, cabe la tentación y el error de poner tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias, como magistralmente sintetizara un tribuno tradicionalista.

El bien del niño, y por ende el bien común de la sociedad, sufre con tal eliminación de la figura paterna – eliminación que, por otra parte, tampoco elige el propio niño, si nos ponemos a entronizar a la voluntad como fuente del derecho. Parece que el bien del niño (la protección de la infancia, por utilizar un término muy utilizado en nuestros días) ha de ser un bien jurídicamente protegido, en concreto por el Estado, en un régimen de legalidad liberal. Pues bien, en los citados supuestos de solteronía, más aún que en los de lesbianismo, no se alcanza a comprender que países como Bélgica o España, a los que ahora quiere emular Francia, estén protegiendo el bien del niño que consiste en tener padre.

Menos digna de adhesión nos parece una consideración que realizan los Juristas por la Infancia de nuestra nación vecina al combatir el proyecto de ley de su PMA no terapéutica: “Sin duda, el Estado no ha de inmiscuirse en las elecciones que puedan hacer las personas en el marco de su vida privada”. No me resulta una expresión afortunada, ni un espíritu acorde con el derecho cristiano. La clave de la acción del Estado, en estos casos, no es la vida privada de las personas, sino la ley divina y la ley natural, que establecen el verdadero marco en el que las personas pueden elegir haciendo uso de su libre arbitrio. Y no parece que ni la privación del padre ni la selección eugenésica estén en la naturaleza de las cosas, por no hablar del orden revelado por Dios.

Igualmente es concesión a la ideología liberal argumentar que la fecundación in vitro no viene a evitar la discriminación de madres solteras y parejas de lesbianas y, por consiguiente, la discriminación por motivos de orientación sexual. Para empezar, todo este lenguaje de orientación sexual y discriminación es ya revolucionario, porque sitúa al hombre como propietario absoluto de su destino; una vez más, debemos volver al gran principio enumerado por la Dra. Mirkovic al inicio de su conferencia: la sexualidad tiene como fin principal la procreación, de la que no debería disociarse, no la satisfacción de placeres fornicarios. El ser humano, propiamente, no tiene una orientación sexual tal o cual, de la que su voluntad es esclava como si fuese un animal; por el contrario, el ser humano “orienta” su sexualidad hacia el fin de ésta, utilizando tanto su razón para dirigir su acción en este orden como en los otros de la vida, y al mismo tiempo despliega su voluntad al servicio de aquélla. Hay, desde luego, tratamiento desigual a madres solteras y parejas de lesbianas ansiosas de procrear si no se les permite acceder a su capricho de la PMA, pero es que la ley no está para dar trato igual a todo el mundo, sino para servir a la equidad, y es claro que el matrimonio es un bien jurídico y social frente a la soltería (por otra parte respetable) o al lesbianismo (nada respetable, si nos atenemos al derecho cristiano o natural). No cabe, por consiguiente, dar trato igual a situaciones desiguales.

Dos argumentos adicionales restan contra la legalización de la inseminación artificial sin objetivo terapéutico. El primero es el riesgo jurídico de mercantilización del cuerpo. En los países en los que se ha admitido legalmente la donación de semen humano a título gratuito (como es el caso de Bélgica o Canadá), los Juristas por la Infancia advierten de que la cantidad donada cubre únicamente el 10% de la demanda de la PMA, por lo que tales jurisdicciones se ven obligadas a importar el 90% del esperma a Dinamarca y a los Estados Unidos, como si se tratara de excedentes de uva o de oliva. Se avecinan nuevas generaciones de rubitos aunque, más seriamente, lo que se creará será un mercado, más otro paralelo de gametos de alta gama y alto precio (o baja gama, según determinen las técnicas eugenésicas y admitan los bolsillos de los demandantes), para satisfacer los deseos no sólo de los citados colectivos de hembras solteras y coyundas lésbicas, con perdón del oxímoron, sino también de parejas de hombres y mujeres, fértiles o infértiles, pues aquí ya cabe todo.

Finalmente está la cuestión de la financiación, en la base, o bottomline como dicen los consultores, de todos estos antojos. Los derechos humanos de raíz personalista rápidamente configurarán el deseo como fin acorde en una sociedad democrática, por lo que será la sanidad pública, para evitar una vez más toda “discriminación”, la que progresivamente deberá acoger estas demandas de minorías bien amplias. Naturalmente, ello significará más fondos estatales, más impuestos, de una parte, para que todos sean “solidarios” con las fantasías reproductivas de quienes así se quieren realizar (la filosofía personalista rampante); pero, de otra, un cierto sacrificio para los fondos de quien tiene una pulmonía, una enfermedad mental o, simplemente, se hace viejo -y no digamos de la investigación-, que deberán, o deberemos, apechugar con las necesidades de estos nuevos avances tan humanistas, sobre todo si se trata de mujeres, que para algo estamos en la era del feminismo.

Los Juristas por la Infancia cifran en el 89,7% de los franceses quienes se manifiestan en contra de tal ampliación, pero el argumento democrático es y resulta siempre el más débil. Primero, porque estas cuestiones tocantes a la moral y costumbres no pueden quedar al albur de la voluntad de la mayoría; y segundo, porque ésta es móvil, como la pluma al viento del Duque de Mantua, y fácilmente el Sr. Macron y sus secuaces de la Quinta República se ocuparán de erosionar tal oposición o simplemente ignorarla, si los chalecos amarillos y las Manifestaciones por Todos del combativo mundo católico galo no lo impiden.

La semana que viene trataremos de la segunda parte de la disertación de la brillante Prof. Merkovic, a saber, la maternidad subrogada o alquiler de útero, denominada GPA en Francia.

Miguel Toledano

Domingo primero de cuaresma, 2020


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Miguel Toledano

Miguel Toledano

Miguel Toledano Lanza es natural de Toledo. Recibio su primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas y la Confirmación en ICADE. De cosmovision carlista, esta casado y es padre de una hija. Es abogado y economista de profesión. Ha desempeñado distintas funciones en el mundo jurídico y empresarial. En la actualidad es subdirector de un colegio internacional en Bruselas. Ha sido secretario general de la Fundación Nacional Francisco Franco y afiliado del partido político Alternativa Española. Es fiel asistente a la Misa tradicional desde marzo de 2000. Ha publicado distintos artículos en diferentes medios.