Ganas de nombrar

¿Cuántas veces el escritor se queda mudo y no tiene ganas de nombrar las cosas ni de ordenar las ideas? Es un proceso que, nuestro querido Gilmar, ya de vuelta a casa, nos relata.

Ganas de nombrar, un artículo de Gilmar Siqueira

“A ti quisiera yo ponerte nombre.” Luis Rosales. El nombre que nos queda.

Tras algunos meses de ausencia, regreso a esta tan querida página. No sólo anduve alejado de las publicaciones, sino también de la escritura en sí. O mejor, no escribí más que algunos artículos académicos – pero no me llenaron. Ayer mismo concluí uno que me tomó tres días de trabajo: el tema me interesaba y estoy contento por la posibilidad de escribirlo – pero no me llenó.

Fui a la cama con aquella terrible sensación de no haber cumplido con un deber – lo que llanamente llamamos culpa. Pero, ¿qué deber? Entonces me acordé del desahogo que experimentaba escribiendo artículos para Marchando Religión. Me desahogaba porque necesitaba hablar, ordenar las ideas y nombrar a las cosas para comprenderlas. Esa necesidad, claro está, nacía de que – mal o bien – a veces levantaba mis ojos y veía la realidad: la creación con su paradoja de milagro y naturalidad. No me tomen tan a pecho: no soy más que un literato y cuando digo “milagro y naturalidad” me refiero solamente a esa cosa tan rara que es vivir con sencillez y aceptar las cosas como son, a la vez que todo su orden conserva un hermoso misterio – luminoso, añadiría Josef Pieper glosando a Santo Tomás.

Y cuando tal misterio entra por nuestros ojos, es decir, cuando permitimos que entre, nos admiramos. Pero admirar no es comprender, aunque en ello vaya también el deseo de comprensión. En muchos casos, sin embargo, la admiración demanda una respuesta. El profesor George Steiner – que en paz descanse – dijo que el arte es siempre una respuesta del artista a la creación. Pero para responder hay que admirar; y para admirar hay que ver.

Cuando me eché a la cama – culpado y cansado – me di cuenta de que había dejado de mirar. Tenía ganas de escribir, eso sí, pero no podía hacerlo. Si antes me desahogaba en la escritura era porque, en cierta medida, me sentía ahogado por las imágenes. Sus formas exteriores forcejeaban contra las que ya llevaba adentro y todas juntas me exigían una respuesta. También tenía ganas de nombrarlas, de apoderarme de ellas, de ser como ellas. No en vano escribió Camões que:

Transforma-se o amador na cousa amada,

por virtude do muito imaginar;

não tenho logo mais que desejar,

pois em mim tenho a parte desejada.

Pero, habiendo dejado de mirar, ya no amaba. Y tampoco imaginaba, por lo tanto. Estaba hueco. Cuando me di cuenta de ello, perdí el sueño y empecé a componer este artículo como el náufrago metódico de Luis Rosales: el que cuenta “las olas que le bastan para morir”. La conclusión de mis pensamientos, sin embargo, fue la misma del poeta en los dos últimos versos: “sabiendo que jamás me he equivocado en nada, /sino en las cosas que yo más quería”. El poema se titula “Autobiografía”.

La culpa por no escribir era, al mismo tiempo, culpa por haber dejado de mirar. Cerré deliberadamente los ojos a la realidad, al misterio, a la belleza. Como dije en otro artículo, el hastiado no canta. Y yo estaba mudo. “La imaginación es el soporte de la esperanza”, escribió el Padre Castellani. Hay que imaginarse una vida posible; hay que ilusionarse por la vocación. La imaginación, que supone las imágenes recibidas, es esa posibilidad ilusionante de vida. Sin ella, somos estériles.

Este artículo no es más que un intento de canto. Ha nacido de la conciencia del vacío, sí, pero también de la esperanza de volver a imaginar.

Gilmar Siqueira

Bellísimo artículo “ganas de nombrar” de nuestro querido compañero. Pueden leer el libro de Gilmar recopilando toda su obra en Marchando Religión, descargándolo en el siguiente enlace:


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Gilmar Siqueira

Gilmar Siqueira

Feo, católico y sentimental