La recuperación del “sensus fidei”

En los siete años del pontificado de Francisco han sucedido todo tipo de hechos inquietantes, ¿Podemos recuperar el sensus fidei? Nuestro vaticanista nos lo cuenta en este artículo

La recuperación del “sensus fidei”, Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/01/29/il-riscatto-del-sensus-fidei/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Queridos amigos de Duc in altum, está disponible en radioromalibera mi nueva intervención en la sección La viga y la pajita. La podéis escuchar aquí. Aquí abajo tenéis a disposición la transcripción escrita.

El papa Francisco habla a menudo del “pueblo” y dice que es necesario escucharlo. Bien. Quiero tomármelo en serio. Por eso digo que dedico mi intervención semanal a lo que defino como recuperación del sensus fidei.

El sensus fidei podríamos decir que es el buen sentido del bautizado. Es un don del Espíritu Santo que recibimos en cuanto somos bautizados y nos hace testigos y partícipes de la función profética de Cristo.

En virtud del sensus fidei el bautizado, aun no siendo teólogo, posee un conocimiento íntimo de la fe tal y como ha sido transmitida a través de las generaciones en el seno de la Iglesia y, gracias a este conocimiento o, si queremos, a esta sensibilidad, está asimismo en grado de advertir cuándo la fe y la Iglesia se encuentran atacadas y puestas en peligro.

En los siete años de pontificado de Francisco, para muchos de nosotros ha sucedido algo inquietante. Habituados a entender que la Iglesia está a nuestro lado para ayudarnos a evitar ser bamboleados aquí y allá por cualquier viento de doctrina (según la expresión utilizada por el cardenal Ratzinger en la Missa pro eligendo pontifice del 18 de abril de 2005), hemos tenido que tomar conciencia del hecho de que la Iglesia misma, hasta sus máximos representantes, se ha doblegado como nunca en el pasado a las “corrientes ideológicas” dominantes y a las “modas del pensamiento”,  introduciendo en su enseñanzas dosis cada vez más altas de relativismo y sincretismo. No sólo eso: tal y como fue denunciado por el futuro Benedicto XVI, quien osa tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es etiquetado como fundamentalista, atacado y marginado.

Sin embargo, aún en medio de las dificultades, el sensus fidei ha seguido obrando y así muchos fieles han aceptado pagar el precio necesario por proclamar una fe clara y quedar a salvo de adulteraciones.

Por eso digo que en estos siete años de pontificado hemos asistido a una recuperación del sensus fidei. A despecho del insistente mensaje por parte de la sedicente “Iglesia en salida”, muchos han logrado no obstante percibir el peligro y han decidido reaccionar, hasta el punto de pronunciar un claro non possumus.

“en estos siete años de pontificado hemos asistido a una recuperación del sensus fidei

Las campanas de alarma han sonado repetidamente. Pensamos en la exhortación apostólica Amoris laetitia, en la cual el papa llega a definir un estado objetivo de pecado grave como “un todavía no plenamente objetivo ideal” y sostiene que podemos conocer con “una cierta seguridad moral” que Dios mismo nos pide continuar cometiendo actos intrínsecamente errados, como el adulterio. Pensamos en la declaración de Abu Dabi, en la cual el papa ha firmado la increíble afirmación de que la diversidad de religiones es fruto de la “sabia voluntad divina”. Pensamos en el culto tributado en el Vaticano, con la participación activa del papa, al ídolo amazónico llamado Pachamama. Pensamos, en fin, en la afirmación de Francisco (en la homilía habida durante la santa misa con ocasión de la fiesta litúrgica de la Santísima Virgen María de Guadalupe el 12 de diciembre de 2019) según la cual María “es una mujer”, “una señora” y “una discípula” que quiso ser “mestiza”, que se “mestizó con la humanidad” y así “mestizó” al mismo Dios.

Pues bien, en todos estos casos (sólo por citar algunos de los más llamativos y desconcertantes) para un número creciente de fieles, no obstante la propaganda que tiene por fin dar a entender que todo va fenomenal, ha sido en realidad el sensus fidei lo que ha hecho sonar las campanas de alarma.

¿Por qué ha sucedido? Pues porque con el bautismo el Espíritu Santo otorga dicha unción de la cual dice San Juan: “Habéis recibido la unción del Santo, y todos tenéis el conocimiento”; “la unción que habéis recibido de él [de Cristo] permanece en vosotros, y no necesitáis que ninguno os enseñe”; “su unción os enseña todas las cosas” (1 Jn 2, 20-27).

Podemos decir que el bautizado posee un instinto para la Verdad evangélica. Un don que permite al cristiano responder a la vocación profética y distinguir la recta doctrina de sus adulteraciones.

Sabemos, por otra parte, que el consensus fidelium es criterio seguro para comprender si una doctrina o una pastoral están en línea con la fe apostólica. El consensus fidelium no se deja conquistar por los eslóganes que suenan bien a los oídos del mundo. Más bien, según la expresión usada por Vicente de Lerín, funda su valoración sobre “lo que ha sido creído en todo lugar, siempre y por todos”.

El cardenal John Henry Newman, iluminando la estrecha conexión entre consensus fidelium y sensus fidei, explicaba que este último es “ese tipo de discernimiento instintivo o sentido espiritual por medio del cual los cristianos que viven genuinamente su fe en el Evangelio logran percibir intuitivamente lo que es conforme a la Palabra de Dios y lo que no lo es”. Me parece una definición adecuada de lo que muchos católicos están viviendo frente a un magisterio a menudo confuso, ambiguo o abiertamente desviado.

El sensus fidei no es, sin embargo, algo mágico. Es, desde luego, un don, pero ha de ser alimentado. Cuanto más se viva y alimente la fe, más se desarrolla y robustece el sensus fidei, hasta el punto de llamar al fiel a bajar al campo de batalla en defensa de la fe y de la Iglesia.

El sensus fidei no es, sin embargo, algo mágico. Es, desde luego, un don, pero ha de ser alimentado”

Pedimos por tanto al Señor mantener despierto el sensus fidei y hacer que los pastores, en vez de denunciar la falta del consensus fidelium como algo subversivo o destructivo (¿verdad, cardenal Bassetti?), se muestren capaces de tener en cuenta con humildad las campanas de alarma hechas sonar por los fieles. De este modo la palabra “escucha” será sustraída a la retórica vacía de la “Iglesia en salida” y volverá a tener un significado preciso.

Aldo Maria Valli

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/