A los católicos, pan y circo, ¡Tenemos un clero deformado!

Sacerdotes con nula formación teológica, otros que “evangelizan” a través de las redes sociales, , en definitiva, tenemos un clero deformado que lejos de ayudar a la salvación de las almas, parecen perseguir el fin contrario.

“A los católicos, pan y circo, ¡Tenemos un clero deformado!”, Miguel Serafín

Escribo esta nota el día de la fiesta de San Esteban, el primer mártir de la Iglesia Católica. El Evangelio del día ya abría una verdad como un puño con las palabras de Jesús. “No os fieis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.” (Mt 10, 17-18)

Este Evangelio se aplica perfectamente a San Esteban cuando fue llevado al sanedrín y apedreado por predicar a Jesús. Los Hechos de los Apóstoles dice: “Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios para dar comida. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo.” (He 6, 1-3).

Los apóstoles vieron la importante necesidad de asistir a las viudas necesitadas, pero no les pareció bien abandonar la evangelización. Es el mismo Jesús quien da la pauta cuando después de cuarenta días de ayuno, Satanás lo tienta ofreciéndole comida, y Jesús lo rechaza diciéndole “está escrito, no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4, 4).

San Esteban, fue uno de esos siete diáconos escogidos por los apóstoles para dar comida, pero él no se conformó con eso, porque la razón principal del existir de la Iglesia no son las obras sociales. San Esteban sirvió evangelizando y convirtiendo a muchos, fue detenido y acusado por falsos testigos de ir contra la ley y el templo, porque incomodó a las autoridades judías, no con el servicio social, sino cuando predicaba y convertía. San Esteban no se amilanó, no les dijo a sus acusadores cosas guay; ni en su defensa utilizó para salvar el pellejo el discurso populista de inclusión que se escucha hoy; y que todos somos buenos y hermanos y buscamos al mismo Dios. Por el contrario, San Esteban siguió a la letra, las palabras de Jesús “os azotarán por mi causa, … así daréis testimonio…”

San Esteban comprendió que lo más sensato e importante era decirles la verdad y no edulcorarla con falsas promesas de inclusión y bienestar; y en un súper discurso hizo el recuento de toda la historia de la salvación hasta Jesús, y por eso fue asesinado a pedradas. La lectura patrística del día confirmaba que la caridad, el amor de San Esteban, iban más allá de darles a comer solamente pan: “Esteban, para merecer la corona que significa su nombre, tenía la caridad como arma, y por ella triunfaba en todas partes. Por la caridad de Dios, no cedió ante los judíos que lo atacaban; por la caridad hacia el prójimo, rogaba por los que lo lapidaban. Por la caridad, argüía contra los que estaban equivocados, para que se corrigieran; por la caridad, oraba por los que lo lapidaban, para que no fueran castigados.” (San Fulgencio de Ruspe, Oficio de lecturas en la fiesta de San Esteban).

Caridad quiere decir amor.

Es por amor, que intentamos que nuestros hermanos se conviertan y encuentren a Dios; es por amor que San Esteban les dice la verdad, es por caridad que los amonesta, y es por caridad que está dispuesto a incomodar hasta las últimas consecuencias: dio su vida, no solamente sirvió pan. San Esteban nos hace retomar el verdadero sentido de ser buenos cristianos. No podemos olvidar la parte más importante del ser católicos quedándonos solamente en obras sociales, porque esa es la parte más fácil, pero no da frutos. Así, la Iglesia en los últimos 50 años ha concentrado su mensaje solamente en lo social. Campañas para los pobres, colectas para distintas necesidades, noticias y eventos sociales de la Iglesia, fiestas de los Santos (sin mencionar la vida austera y difícil de ellos ni por qué llegaron a ser santos). Da patadas de ahogado y sigue intentando atraer jóvenes con estrategias circenses, espectáculos, música, actividades, talleres, caminatas, paseos, viajes, ecología, colectas de Cáritas, festivales, etc.

Los sacerdotes pasan todo el año de actividad en actividad, de cena en cena, de comida en comida, planeando esas actividades con la evidente y cruda realidad: cada vez hay menos católicos y cada vez hay menos jóvenes creyentes. Creen que van a evangelizar a jóvenes con Facebook y utilizando aplicaciones como WhatsApp, Instagram, o Twitter, cuyos resultados ya sabemos: montones de anuncios de actividades y mensajitos dulces que a la larga no dicen nada concreto y nos inundan de buenas intenciones creando la pastoral del reenvío.

La Santísima Virgen nos ha recordado una y otra vez que es con ayuno, penitencia, oración y esfuerzo que se logran cosas maravillosas. Cristo nos dio un claro mensaje, que es con el sacrificio que se logra convertir y salvar las almas, aunque suene anticuado, hay que creerle a Cristo. El camino fácil, el de las actividades guay y sociales no darán jamás resultado. Por el contrario, ha sido en las épocas de persecución y martirio que los católicos han resurgido y se han multiplicado por montones. Porque es Cristo quien valora el esfuerzo. El esfuerzo es un valor judeocristiano que dio como resultado la cultura occidental. Pero la Iglesia que empezó a acomodarse en sus cargos y en el mensaje light, lo único que ha conseguido es disminuir.

Para ejemplarizar, veamos sólo tres casos de la cantidad de cosas que suceden hoy:

Caso 1

El párroco de una parroquia americana cuyo patrón es San Bartolomé, en la fiesta del patrono, les dice a sus feligreses, algo así como… no tengo mucho que decir de San Bartolomé porque no sé de él, pero sí os puedo decir que no os preocupéis porque sois buenos y todos iréis al cielo. Eso es una herejía, y lo que consigue es hacer pensar que no es necesario hacer nada para ganar la salvación.

Caso 2

Un sacerdote en Irlanda, que se ha hecho famoso porque canta Aleluya de Leonard Cohen; tema que muchos creen es una gran canción de amor para bodas, y no saben que la letra hace alusión de los fallos de dos grandes hombres bíblicos:

1. El pecado que cometió el Rey David al ser seducido por Betsabé, esposa de su soldado Urías, cuando el rey la vio tomar un baño desnuda en la azotea. El rey David hizo matar a ese soldado y se quedó con su mujer.

2. La jugarreta y traición que Dalila hizo a Sansón, para cortarle el pelo y hacerle perder así los dones que había recibido de Dios. Esa es la canción que casi todas las parejas hoy piden para sus bodas, porque creen que es muy católica, tal vez porque dice 22 veces la palabra aleluya.

Pues el padre Ray Kelly, de quien estoy diciendo se hizo famoso cantando esta canción, participó en Britain’s Got Talent ocupando un lugar destacado y le sirvió para catapultar los conciertos a los que es invitado y vender CD’s. Inició su homilía en Medjugorje en octubre pasado, diciendo, “muchos me dicen que soy el cura íntimo amigo de Simon Cowell”. El padre Ray Kelly imagino que pidió un tiempo sabático porque ya sabemos que va a participar en Dancing With the Stars (bailando con las estrellas) en la próxima temporada irlandesa de 2020. Se ve perfectamente vestido en su traje destellante. No digo que esté haciendo nada malo, pero tampoco creo que tenga nada que ver con llevar el mensaje de Cristo de vivir en el mundo, pero no ser parte del mundo.

Caso 3.

El arzobispo Vincenzo Paglia desde el Vaticano dice que es una herejía creer que Judas Iscariote está en el infierno, contradiciendo la tradición de la Iglesia que se desprende de las palabras de Jesús cuando se refirió a Judas:“pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!” (Mt 26, 24). El destino final de Judas en la tierra fue el suicidio, pero al respecto la jerarquía pretende cambiar la enseñanza de 21 siglos, el mismo Paglia dice que él sostendría la mano a una persona que decide quitarse la vida mediante suicidio asistido. El mensaje de Paglia es claro, quitarse la vida no está mal, y por eso te apoyo. La Iglesia ha sido siempre provida, y rezamos por la protección de la vida, desde el momento de la concepción, hasta la muerte natural.

Pero de eso ya no se habla nunca más. Los jerarcas están más ocupados en hablar de la “rigidezal cambio del magisterio, porque tampoco quieren hablar de su problema interno y crisis de homosexualismo ni de su crisis financiera, pues no hace mucho el Wall Street Journal publica que el Vaticano dio mal uso a la colecta anual conocida como Óbolo de San Pedro para las obras de caridad, dedicando 90% del Óbolo, para cubrir el déficit administrativo, no para los pobres a quien tanto cacarean que defienden.

Creen que con criticar a la tradición teológica se hacen más amigos del mundo porque ablandan el mensaje y hasta mienten creyendo que así van a venir más, cuando sucede todo lo contrario. Vienen menos porque no hay nada de qué preocuparse. Están construyendo una iglesia guay, tan guay que no hay necesidad de ella. Lo importante es divertir y hacerse con la simpatía de la gente. Como cualquier político o personaje público pensamos que es la imagen la que cuenta.

Nunca abandonaremos a los pobres. Que quede eso claro, nunca los abandonaremos. Los pobres, dijo el Señor, siempre estarán ahí. Pero a mí no me tendréis siempre. Cuando dijo esto, estableció prioridades. Pero estamos cansados que desde Roma con homilías populistas tipo marxista, estén utilizando a los pobres.

Eso ha servido para que los sacerdotes abandonen la labor principal de evangelizar y promulgar la palabra a diestra y siniestra, pues el futuro del ser humano no está en el cuerpo sino en el alma. “Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo a la gehena.” (Mt 10, 28).

La vieja frase acuñada se aplica a los jerarcas de la Iglesia: A los católicos, pan y circo.

Miguel Serafín

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