¿Qué es una predicación práctica?

¿Qué esperan escuchar los fieles en la Santa Misa? El resultado de la falta de formación en el clero está dando sus frutos, los templos están vacíos, ¿No tendría mejor resultado una predicación práctica que el buenismo que nos predican semanalmente?

“¿Qué es una predicación práctica?”, Juan Manuel Rubio

Conozco un sacerdote cuyos sermones suelen incluir consideraciones sobre las Personas Divinas y sus relaciones, la eternidad del Verbo encarnado, nuestra penosa realidad de pecadores de la que solamente nos puede salvar Jesucristo y cosas por el estilo. Nunca se le oye decir que hay que ser buenos –mucho menos eso de que en el fondo todos somos buenos-, que lo importante es hacer el bien a los demás –sobre todo ayudar a los pobres- o, como tantos otros, comentar el evangelio del día para ilustrarnos con las actitudes de Jesús de Nazaret –interpretadas siempre en plan buenista- y que las imitemos. Ante tan dogmática línea homilética una persona ¡Dios le mejore sus criterios! se me lamentó de que el presbítero en cuestión nunca predique cosas prácticas para la gente. Supongo que se referiría a consejos morales sobre cómo ser buenos en estas o aquellas circunstancias y cosas así; quizás sea esto lo que tiene por práctico, yo lo veo de otro modo.

Creo que la predicación sobre las cosas más elevadas acerca de la Santísima Trinidad, la Redención, la Revelación, la Iglesia católica como la única fundada por Cristo, nuestro destino eterno feliz o desdichado, y todo ello en los términos de mayor rigor doctrinal es de lo más práctico que se puede hacer; práctico para lo que de verdad interesa, para hacer de esta vida temporal antesala de una eternidad con Dios. Desgranaré algunos motivos por los que encuentro de gran valor práctico predicar siguiendo esa pauta.

Es lógico que el que ama quiera conocer al amado, profundizar en ese conocimiento amoroso; que le importe lo que el amado es y quiere, lo que hace, máxime si es en beneficio del que ama. En ese sentido nunca deberíamos cansarnos de oír hablar de Dios y de sus grandes obras. Conocerlo más profundamente, con más extensión y precisión solamente puede aumentar los motivos para amarlo, para aumentar nuestro ansía por unirnos a Él. Apreciar mejor su grandeza y majestad o cosas como la inmensa magnitud del sacrificio redentor del Hijo hecho hombre, solamente puede llevarnos a una mayor aceptación y cumplimiento de su voluntad. Algo de lo más práctico.

Confiemos en Sabiduría y Providencia, en que Dios todo lo hace para su gloria y nuestra felicidad; cuanto hace nos beneficia. Si se ha revelado es por nuestro bien, porque alguna utilidad práctica tiene para nosotros el conocer aquellos misterios que por nuestra sola razón no podríamos conocer (en este sentido es iluminadora la Constitución Dogmática «Dei Filius» del Concilio Vaticano I). Sean razones del tipo mencionado en el párrafo anterior, u otras que un simple mortal como yo no logra vislumbrar, esas razones existen y son poderosas. Tengamos fe, Dios todo lo hace bien.

Se dice sobre las ciencias experimentales que no hay nada más práctico que una buena teoría. Cierto. Unas cuantas hipótesis acertadas, unas pocas fórmulas potentes, permiten interpretar y poner orden a una gran cantidad de hechos empíricos, identificar causas y efectos, predecir fenómenos todavía no observados y, en un orden todavía más práctico, crear aplicaciones tecnológicas que acabamos usando en nuestra vida diaria. ¿Porqué hemos de pensar que conocer nuestra religión desde lo más fundamental: Santísima Trinidad, Creación, Revelación, la Encarnación del Verbo y su sacrificio redentor, etc. es menos práctico e, incluso, inútil? Los mandamientos aislados, las reglas para ser buenos, pueden ser una colección de enunciados de dudosa coherencia y conveniencia para nuestros intereses –en buena parte así los considera el mundo-; pero desde una perspectiva más elevada todo tiene razón de ser. Esa perspectiva más elevada es útil.

En mi niñez la catequesis empezaba por cosas como Dios creador, la Santísima Trinidad y cada una de las Personas Divinas, Dios Hijo persona divina con dos naturalezas tras su concepción virginal en la Virgen María y cosas de ese estilo. No recuerdo que nos hiciese daño ni traumatizase esta catequesis, ni a mí ni a otros niños. No la entendíamos en toda su profundidad, pero ¿quién entiende a Dios en toda su profundidad? En tiempos más recientes la catequesis se ha basado en «Jesús amigo» y otros buenismos; muchos niños de primera comunión malamente llega a saber el Padrenuestro, y mejor no nos metemos a averiguar lo que saben de la Trinidad, la Redención o la Presencia Real. ¿Resultado práctico? Vayamos por las iglesias españolas y echemos un vistazo a los asistentes a misa, mayoritariamente somos los que recibimos aquella catequesis llena de dogmas complicadísimos y sin utilidad reconocible por los que son del mundo; las generaciones más jóvenes, las catequizadas –supuesto que se pueda llamar catequesis a eso- en el buenismo del «Jesús amigo», han apostatado masivamente.

«Del enemigo, el consejo» es un proverbio que nos invita a hacer precisamente lo contrario de lo que aconseja el enemigo, del que no se debe esperar nada bueno. Esto resulta especialmente cierto para el Enemigo por excelencia, Satanás y sus ángeles rebeldes. ¿Y que promueve el Enemigo desde los inicios del cristianismo? ¿Dónde nos lleva si nos dejamos guiar por sus mociones? A toda clase de errores, herejías y malas doctrinas; al desprecio de la verdad como inútil, a malas prácticas, divisiones y conformación a los criterios del mundo. Difícil enumerar todos los males, que ya empezaron mucho antes de la venida de Cristo, con la caída de nuestros primeros padres siguiendo el consejo diabólico. No es difícil razonar que si Satanás lleva veinte siglos empeñado en propagar malas doctrinas y herejías, hasta con el uso de la violencia, empezando por el enorme número de herejías, y sus variantes, relativas a la Trinidad que se desarrollaron desde los primeros siglos, es porque la buena doctrina tiene efectos prácticos que no le gustan, la buena doctrina es salvífica. La buena doctrina nos ayuda a ser buenos en la vida de cada día, no importa lo elevada y alejada que pueda parecer. Dios bendice a los que la acogen con fe, y mucho más a los que llevados de su fe la predican.

Juan Manuel Rubio

¿Quieren leer una predicación práctica? En nuestra página todos los domingos les ofrecemos la meditación del Evangelio con el Padre Ricardo Ruiz, les invitamos a unirse a nosotros.

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