La fortaleza del hombre

¿Dónde reside la fortaleza del hombre hoy en día? ¿Cómo debe ser el papel del hombre en la Iglesia en este siglo XXI? El Dr. Mario Guzmán trae una interesante propuesta en su artículo, un retiro para hombres. Les invitamos a difundirlo

“La fortaleza del hombre”, Dr. Mario Guzmán Sescosse

¿Acaso la Iglesia ha dejado de hablarle a los hombres? Desde el papa hasta los sacerdotes hablan de ella como madre, pero no como padre. Amor, perdón, ternura, misericordia son palabras que escuchamos día a día en misa haciendo referencia a las cualidades de Dios, incluso las escuchamos en los mensajes que los clérigos transmiten en sus redes sociales. Pero esto es una visión parcial de Nuestro Señor, por lo que necesitamos escuchar sus otros atributos y no solo esos. Es poco común que en las homilías nos hablen de disciplina, fortaleza, valentía, sacrificio, justicia, ascetismo, castigo y lucha. El excesivo “buenismo” y las homilías dulzonas que a algunos sacerdotes les gusta dar dicen poco al hombre de hoy, suenan como un eco más del feminismo y de la postmodernidad contemporánea. No retan al hombre a ser mejor, a esforzarse a transformarse. No promueven su fortaleza.

Me atrevería a decir que la Iglesia vive una feminización que se expresa con mayor claridad en la confusión de algunas mujeres que no entienden la función del sacerdote y ahora exigen ser ellas sacerdotisas, como si el sacerdocio fuera una función de poder y no de servicio, de lo que ahora llaman género y no de Persona Christi. Cada vez son más frecuentes las “monaguillas”, las lectoras, las ministras “extraordinarias” de la eucaristía, las sacristanas y las encargadas de la catequesis. Lamentablemente, cada vez es menos común ver a los hombres participando en esas mismas funciones. El buenismo, junto con las homilías dulzonas y la feminización de la Iglesia está alejando a los hombres y con ello terminará alejando a todos.

Así lo señala la publicación Becoming Spiritual Soulmates With Your Child realizada por Robert y Deborah Bruce en donde se mostró que si papá y mamá acuden a la Iglesia y participan de los sacramentos hay un 72% de probabilidades que el hijo se mantenga fiel en su practica religiosa, si solo lo hace la mamá esa cifra cae hasta el 15%, pero si solo es el papá quien acude a los sacramentos la cifra sube a un 55%. La presencia de papá y de los hombres en la vida de la Iglesia es fundamental y de ello depende que las futuras generaciones continúen con nuestra herencia espiritual y den vida al mensaje de Jesús.

Esto no significa que el papel de la madre no sea importante, por supuesto que lo es, pero esto explica que si el hijo no ve a su padre acudiendo a la Iglesia, rezando en las mañanas y en las noches, en concreto, siendo un hombre de Dios, pensará que la religión es cosa de mujeres y no de hombres. El hijo termina alejándose porque no tiene la figura del padre que le ayude a identificarse y a verse como un hombre de Dios, como el sacerdote de la iglesia doméstica al que los hombres casados estamos llamados a ser.

¿Qué puede hacer la Iglesia para revertir esta tendencia?

Lo primero es dejar a un lado su mensaje dulzón y volver a hablarle a los hombres. Hasta hace poco las ordenes religiosas tenían carácter militar, incluso los jesuitas que hoy tanto coquetean con la ideología de género solían ser soldados, su fundador visualizó la sociedad con un espíritu militar. Por eso en antaño estaban llenos los seminarios y las ordenes religiosas, porque los hombres encontraban un lugar donde eran retados, donde podían ir más allá de su naturaleza, pero no en contra de ella. Lo segundo es promover las prácticas que ejercitan la fortaleza del hombre, en mi consulta atiendo jóvenes y señores por igual que están sedientos de espiritualidad y por ello se someten a practicas de ascetismo por sí mismos. Hombres que hacen ultra maratones, o triatlones, o que se ejercitan a diario, que se ponen retos físicos y psicológicos, hombres que necesitan sentir la penitencia en su vida. Pero muchos lo hacen fuera del contexto espiritual, lo hacen sin comprender que al llevar al cuerpo al limite también se puede llevar al espíritu al limite, se puede crecer en la fe.

Los santos del pasado no fueron hombres dulzones, fueron hombres que se sometieron a mortificaciones, que vivían ascéticamente. Desde los padres del desierto hasta el cura de la parroquia entendían que necesitaban vivir bajo las cuatro virtudes cardinales (sabiduría, justicia, templanza y valentía) así como las tres virtudes teologales (esperanza, fe y caridad) y que para ello necesitaban empezar con su cuerpo, logrando el autocontrol, experimentando la penitencia y el ascetismo. Eso es lo que les permitió cruzar los mares para ir a evangelizar a pueblos escondidos en la selva, eso es lo que les permitió ir a defender a los templos cristianos en tierra santa, eso es lo que les permitió aceptar con alegría el martirio. ¿Cuántos de los obispos y sacerdotes de la llamada “mafia lavanda” en la Iglesia de hoy estarían dispuesto a hacer lo mismo?

El hombre encuentra su estabilidad en la fortaleza, no en la delicadeza. Por lo tanto, los hombres necesitamos fortalecernos física, psicológica y espiritualmente. Las tres áreas son fundamentales, no es una o la otra, son las tres. El ejercicio físico, las prácticas ascéticas, la regulación emocional y la vida espiritual interior son fundamentales para el sano desarrollo del hombre, sin ello el desequilibrio dará paso a las pasiones e impulso que terminan distorsionando la relación con las mujeres, el fin de la sexualidad y hasta la experiencia de la agresividad y la relación con los hombres.

Una opción para desarrollar dicha fortaleza es el programa Éxodo 90 un programa católico diseñado para preparar a los hombres para la cuaresma. Son 90 días de oración, ascetismo y comunidad. La oración se hace a través de la lectio divina, de la oración de Jesús, del rosario, o de la misa diaria, por un periodo de entre 20 y 60 minutos. El ascetismo se practica con duchas frías cada mañana, ejercicio físico, abstención de alcohol, de endulzantes, de compras innecesarias, de bebidas azucaradas, de televisor, de redes sociales, de música y de vídeo juegos así como ayuno y abstinencia los miércoles y los viernes, y dormir al menos siete horas cada noche.

Son 90 días dedicados a profundizar con el cuerpo, la mente y el espíritu el misterio de la muerte y la resurrección de Nuestro Señor. Es un proceso de desierto, de muerte de nuestros deseos, vicios y adicciones para hacer espacio al Señor. El pueblo de Israel pasó 40 años en el desierto, Nuestro Señor pasó 40 días y 40 noches, Juan el Bautista hizo su morada en el. Nosotros podemos seguir Sus pasos e intentar este desierto por 90 días a partir del próximo lunes 13 de enero.

Quien quiera unirse a este programa puede ir a la página web www.exodus90.com para inscribirse. Además de pedirle a Dios la fortaleza para completarlo y de paso, también pedirle que me la de a mí para lograrlo.

Dr. Mario Guzmán Sescosse

Esperamos que este artículo, “la fortaleza del hombre” les haya resultado interesante. Pueden leer todos los artículos del Dr. Mario Guzmán en nuestra página

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Mario Guzmán

Mario Guzmán

Dr. Mario Guzmán Sescosse es profesor e investigador de tiempo completo en Trinity Christian College en la ciudad de Chicago en EUA. Es doctor en psicología y cuenta con dos maestrías en psicología y psicoterapia, además de la licenciatura en psicología y estudios en filosofía. Es autor del libro "La Transformación del adolescente", de diversas obras científicas y capítulos de libro. Tiene más de 17 años de experiencia como terapeuta. Sus intereses académicos son psicología y religión, psicoterapia, psicopatología y desarrollo humano. Además, está casado y tiene 3 hijos junto con su esposa. https://www.drmarioguzman.com/