La debilidad del hombre

¿Podemos encontrar en la debilidad del hombre una fortaleza? El Dr. Mario Guzmán desde su retiro ascético, nos da las respuestas en este artículo

La debilidad del hombre, un artículo del Dr. Mario Guzmán

Recientemente abordé en otro artículo el tema de la fortaleza del hombre y de sus cuatro componentes; el físico, el psicológico, el social y el espiritual. Lo que no hice fue hablar de la debilidad del hombre, por eso hoy quiero dedicar este espacio a reflexionar sobre ella. Pues sin debilidad no hay fortaleza, solo hay ego.

Jesús es el ejemplo de masculinidad por excelencia, por lo que todos los hombres deberíamos de buscar imitarle. Pero si prestamos atención a su vida y a su actuar podremos darnos cuenta que dicha masculinidad es de una complejidad extraordinaria. Y es que, desde el momento de su nacimiento Jesús no llevó una vida fácil. Creció en la carencia económica, corrió peligro de ser asesinado en la infancia y pronto tuvo que emigrar y refugiarse en otro país y en otra cultura.

Con el paso del tiempo, tuvo que aprender a moverse en una cultura compleja, en un medio ambiente desafiante y probablemente trabajando junto con su padre como carpintero a la vez que estudiando. Una vez convertido en adulto él decidió un camino de ascetismo y prédica.

Pasó cuarenta días y cuarenta noches en el desierto, solo y sin provisiones (Mateo 4, 1-11). Vivió como misionero y enfrentó a los demonios con frecuencia (Mateo 8,16). Por si fuera poco, experimentó tanto el aprecio como la enemistad de la gente que le escuchaba (Juan 7,1 y Marcos 6,1-6). Todo esto y más nos puede llevar a concluir que Jesús debió de ser un hombre fuerte, acostumbrado a la adversidad y echado para adelante.

Pero Jesús también fue amoroso, compasivo, caritativo, y sensible. Tan lo fue que lloró en la muerte de su amigo (Juan 11,35), se compadeció de los enfermos y poseídos y nos enseñó a amar al prójimo (Mateo 22,39). Jesús era fuerte, pero no insensible. Su fortaleza y su sensibilidad son ejemplo para todos los hombres, son un modelo para seguir.

Además, Jesús también experimentó la debilidad. Su condición humana lo llevó a sentir temor y angustia, tanto que sudó sangre y le pidió a su padre que evitara el sufrimiento que le esperaba. Jesús, la noche antes de su muerte, nos muestra su parte más vulnerable. (Lucas 22, 41-44 y Marcos 14, 32-39)

Sin embargo, es necesario recordar que su debilidad no fue moral, pues él no pecó. Su debilidad no fue resultado de una falta de carácter o de virtudes no desarrolladas, sino de la naturaleza humana que compartió con nosotros. Jesús sintió hambre, tristeza y miedo porque era perfectamente hombre, y no solo perfectamente Dios. Y si bien nosotros si tenemos debilidad moral o concupiscencia, recordemos que esta no es resultado de nuestra naturaleza humana sino del pecado original.

Lo que si es resultado de la naturaleza humana es la vulnerabilidad o debilidad emocional, debilidad que en sí misma no tiene nada de malo. Tristeza, miedo y enojo son emociones que no son ni buenas ni malas, especialmente si estas son proporcionales a las situaciones que las han desencadenó. Tal fue el caso de Jesús cuando se enojó en el templo (Juan 2,15) o cuando experimentó tristeza por la muerte de su amigo o cuando tembló de miedo. Todas estas reacciones no solo se justifican, sino que eran necesarias para la experiencia plenamente humana que tenía que pasar. Jesús no solo hizo un manejo racional de estas emociones, sino virtuoso y por lo tanto un ejemplo para todos los hombres.

Especialmente pienso en el miedo y la ansiedad que sintió y cómo esa experiencia lo llevó a buscar la intimidad con su Padre a través de la oración y finalmente de la aceptación de Su voluntad y no la de él.

Jesús nos muestra que la debilidad es en realidad una oportunidad de voltear al Padre y experimentar su cercanía. Para los hombres representa la oportunidad de rendirnos ante Dios y aceptar su voluntad. Una oportunidad para encontrar en la oración el consuelo ante la adversidad. Una oportunidad para reconocer que la verdadera fortaleza no es resultado humano, por mucho ascetismo o preparación física que se haga, pues la verdadera fortaleza proviene de Dios.

Ver nuestras debilidades emocionales e incluso morales como una oportunidad de reconocer que sin Dios nosotros no podemos, puede hacer la diferencia en nuestra decisión de cómo enfrentarlas. Y es que, si las vemos solo como una confirmación de lo mal que estamos entonces nos desanimaremos y crecerá nuestra esclavitud hacia ellas. Si vemos nuestras debilidades como algo no importante entonces no reconoceremos el riesgo que estas representan, pero, si las vemos como la oportunidad de reconocer nuestra limitación e incapacidad de superarlas por nosotros mismos, entonces volteáremos hacia el Padre para pedirle que nos ayude, para que nos dé lo que necesitamos para hacerles frente y sobretodo para aceptar que se haga su voluntad y no la nuestra.

Esta última semana así fue para varios de los que estamos haciendo el programa de ascetismo de Exodus. Sentimos nuestras debilidades y muchos caímos. Algunos comieron cuando debían hacer ayuno o abstinencia. Otros utilizaron agua caliente en lugar de agua fría en la regadera. Otros habrán vuelto a esclavitudes mayores como el alcohol, la pornografía o el uso de las redes sociales. Pero estas caídas nos recuerdan que no importa cuánto ascetismo, y preparación física hagamos, seguimos siendo vulnerables y por ello seguiremos cayendo.

Y es que, caemos tanto por nuestra naturaleza humana, como por nuestra concupiscencia. Caemos porque somos débiles, porque no importa qué tan fuertes creamos ser, la debilidad está tanto en nuestra naturaleza como en la consecuencia del pecado original. Si no reconocemos esta debilidad entonces no es fortaleza lo que tenemos sino ego, orgullo, soberbia. Pero sobre todo es ausencia de Dios.

Gracias a nuestras debilidades y a las dificultades en la vida volteamos a Dios para pedirle ayuda y para pedirle que podamos aceptar su voluntad y no la nuestra.

Nuestra debilidad es, en realidad, nuestra más grande fortaleza. Es lo que nos mantiene en un estado de necesidad constante de Dios.

Les envío un fraternal abrazo.

Por: Mario Guzmán Sescosse

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Mario Guzmán

Mario Guzmán

Dr. Mario Guzmán Sescosse es profesor e investigador de tiempo completo en Trinity Christian College en la ciudad de Chicago en EUA. Es doctor en psicología y cuenta con dos maestrías en psicología y psicoterapia, además de la licenciatura en psicología y estudios en filosofía. Es autor del libro "La Transformación del adolescente", de diversas obras científicas y capítulos de libro. Tiene más de 17 años de experiencia como terapeuta. Sus intereses académicos son psicología y religión, psicoterapia, psicopatología y desarrollo humano. Además, está casado y tiene 3 hijos junto con su esposa. https://www.drmarioguzman.com/