La historia del hermano James Miller, santo de la casa de al lado

Un hombre corriente, educado en una granja pero con su ejemplo nos muestra que la santidad es posible en todos los estados de la vida, ¿Quieren conocer la historia del hermano James Miller?

La historia del hermano James Miller, santo de la casa de al lado, un artículo de Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2020/01/05/storia-di-fratel-james-miller-santo-della-porta-accanto/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

“Un mártir, excelente educador y defensor evangélico de los pobres y los oprimidos, que se hizo uno de nosotros y por nosotros dio su vida”: así definió el cardenal José Luis Lacunza Maestrojuán, obispo de David (Panamá), actuando en representación del papa Francisco, al Hermano James Alfred Miller, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (lasalianos), durante la ceremonia de beatificación que se desarrolló el 7 de diciembre en Huehuetenango, Guatemala, en el lugar donde fue martirizado Miller.

Nacido el 21 de septiembre de 1944 en Ellis, pueblecito de Wisconsin, en el norte de los Estados Unidos, James Miller maduró su vocación en la escuela secundaria Pacelli High School de Stevens Point, dirigida por los Hermanos de las Escuelas Cristianas. De carácter expansivo, infatigable y lleno de energía, entró en los lasalianos en 1959 y diez años más tarde formalizó su profesión religiosa. Quiso inmediatamente ser misionero, por lo que fue enviado a Nicaragua, donde sus capacidades fueron apreciadas también por las autoridades civiles. Cuando el presidente Somoza fue destituido, los superiores lo llamaron de vuelta a los Estados Unidos y a comienzos de 1981 lo mandaron a Guatemala, a la ciudad de Huehuetenango, en la Casa Indígena de La Salle, una escuela para los nativos de las zonas rurales pobres.

Allí, en la tarde del 13 de febrero de 1982, mientras los chicos hospedados en la casa preparaban la fiesta de carnaval para el día siguiente y el Hermano James estaba trabajando fuera del edificio, cuatro personas entraron en la escuela y uno de los desconocidos abrió fuego. El Hermano James Miller, alcanzado en el cuello, en el pecho y en un costado, moría en el acto. Después de tantos años aún no se ha obtenido certeza alguna sobre la identidad del asesino.

El Hermano James puede ser definido como uno de esos santos de la casa de al lado, según la expresión utilizada por el papa Francisco. No un superhombre, sino un joven de su tiempo, que sin embargo supo poner a Jesús en lo alto de todo y darle testimonio con dedicación incondicional.

“Su asesinato fue una inútil tentativa de apagar la luz de Cristo y nos llama a recordar a tantos otros (catequistas, campesinos, trabajadores pastorales) cuya vida fue dedicada a tratar de despertar en las personas la dignidad intrínseca de hijas e hijos de Dios” escribió en el mensaje para la beatificación el Hermano Robert Schieler, superior general de los lasalianos.

Creció trabajando duramente en la granja lechera y avícola de su familia en Custer, Wisconsin, y tuvo una vocación precoz. Fascinado por los países extranjeros, que estudiaba en su enciclopedia de casa, le vino de forma natural el sueño de ser misionero.

Cuando llegó al colegio Pacelli y conoció a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, comprendió inmediatamente que compartía la vocación por el apostolado educativo. Entró en la comunidad a los quince años, fue postulante y novicio con dieciocho, hizo sus primeros votos con veintiuno y los finales con veintiséis.

Todo el que lo conoció lo recuerda como el clásico “buen chaval”, siempre sonriente, un hombre capaz de crear unidad y comunión, un joven que tenía el “don de la palabra fácil” y una fe profunda. Siempre ocupadísimo en mil actividades, llegaba a menudo tarde a la hora de la oración, lo que, según dijo con humor el cardenal Lacunza durante la ceremonia de beatificación, le ayudó en su relación con los iberoamericanos, quienes no tienen precisamente el don de la puntualidad.

En Nicaragua Miller fue profesor de enseñanza media y superior, trabajó en la reparación de la residencia y creó un equipo de fútbol, deporte que practicaba con maestría. Nombrado director de otro colegio, aumentó el alumnado de trescientos a ochocientos. Construyó un laboratorio, oficinas y un auditorio, trabajando no sólo como profesor, sino también como conserje y como fontanero. Fundó incluso un cuerpo de bomberos voluntarios.

Por sus capacidades se hizo notar por parte de las autoridades del gobierno de Somoza, quienes le pidieron construir otras diez escuelas para familias de campesinos. Sin embargo, cuando los sandinistas tomaron el poder, Miller fue incluido, a causa de su actividad previa, en la lista de colaboracionistas. Por tanto, sus superiores decidieron hacerlo regresar a los Estados Unidos y él obedeció, aunque quiso escribir una carta a su gente para explicarles que no les estaba abandonando y que volvería.

Su deseo se reveló irrealizable y los superiores lo destinaron a Huehuetenango, en Guatemala, para enseñar técnicas agrícolas a los mayas.

Allí, la actividad de los hermanos lasalianos entró en conflicto con los gobernantes, porque los responsables de las escuelas católicas se oponían a consentir el alistamiento generalizado de jóvenes, llevado a cabo contra lo dispuesto en la legislación vigente. Así se difundió pronto la voz de que los escuadrones de la muerte tenían al Hermano James en el punto de mira.

Miller sabía bien a lo que se exponía, pero bromeaba al respecto. Cuando le preguntaban si tenía miedo, respondía: “¿Estás de broma? ¡Nunca antes había pensado poder rezar con más fervor antes de irme a la cama!”.

Un mes antes de ser matado, escribió a su hermana: “Aquí en Guatemala podrían sucederme dos cosas espantosas: ser raptado, torturado y matado o quizás ser simplemente matado. Pero no pienso en ello. Hay tanto que hacer. No puedes gastar tus energías preocupándote de lo que podría pasar. Si pasa, pasa. Ruego a Dios la gracia y la fuerza para servirle fielmente entre los pobres y los oprimidos de Guatemala. Pongo mi vida en las manos de su providencia. Tengo confianza en Él”.

El sábado 13 de febrero de 1982, después de volver de un picnic con sus alumnos, el Hermano James se subió a una escalera para reparar una farola rota en la pared de la escuela. A las 16:15 cuatro hombres encapuchados, que luego definiría el gobierno como “elementos criminales subversivos”, pasaron con velocidad a bordo de un coche con las ventanillas bajadas y las metralletas preparadas. Dispararon al Hermano Santiago, como le llamaban allí, varios tiros de muerte, mientras los niños horrorizados miraban desde una ventana de la escuela.

Tras un primer funeral en Huehuetenango y un segundo en St. Paul, Minnesota, James fue enterrado en Ellis, Wisconsin, en el cementerio situado junto a la empresa de su familia.

En su beatificación, celebrada en el campo de deportes de Huehuetenango, el cardenal Lacunza habló de él como un “mártir, un excelente educador y un defensor evangélico de los pobres y de los oprimidos. Nada importuna más al totalitarismo de la educación”, porque mantener a las personas en la ignorancia es el modo mejor de hacerlas dóciles, privadas de criterio y valores morales.

La ceremonia ha tenido menor eco del merecido, pues precisamente en los mismos días se ha producido en América la polémica por la fallida beatificación del obispo Fulton Sheen. Pero quizás al Hermano James le habría agradado, puesto que toda la vida trabajó de forma discreta, con el único deseo de dar gloria a Dios.

A.M.V.

Esperamos que hayan disfrutado con la vida del hermano James Miller. Les recordamos que pueden leer en nuestra página todos los artículos de Aldo María Valli

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/