Vimos su estrella y hemos venido a adorarlo

¿Dónde reside la felicidad del hombre? Dijeron los Magos, “hemos venido a adorarlo”, ¿A quién? Al que nos puede proporcionar todos los bienes espirituales.

“Vimos su estrella y hemos venido a adorarlo”, Santiago Valle Balbín

El Verbo era la Luz verdadera que, al venir a este mundo,ilumina a todo hombre.

Él estaba en el mundo y el mundo fue hecho por medio de Él y el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

No había sitio en la posada. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. El mundo es un lugar inhóspito, frío y oscuro. Hay demasiada crueldad, demasiado pecado, demasiado mal, demasiado sufrimiento, demasiado dolor, demasiadas muertes…

La Luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la percibieron.

Los ricos, los poderosos, los pagados de sí mismos no se enteran. Los que solo se buscan a sí mismos, los que buscan su propia felicidad en la riqueza, en el lujo, en las experiencias excitantes o en el sexo sin compromisos… Esos no se ponen en camino para adorar a Cristo. Hay quien se pasa la vida de viaje. Hay quien conoce ya el mundo entero. Ya han hecho safaris en África y recorrido los fiordos de Noruega y los glaciares de la Patagonia y las ciudades de Europa y las metrópolis de Norteamérica y las exóticas urbes asiáticas… Ya no les queda nada que conocer. Dan vueltas al mundo sin sentido. No van a ninguna parte. Huyen de su vacío y de su aburrimiento. Conocen todo el mundo… Y todo el mundo es igual… El turista es el peregrino nihilista. Viaja sin rumbo porque su vida no tiene rumbo. No van camino hacia ninguna parte porque no tienen a nadie a quien ir a adorar. Decía Benina, la inmortal protagonista de Misericordia de Galdós:

Andando, andando, hijo, se llega de una parte del mundo a otra, y si por un lado sacamos el provecho de tomar el aire y de ver cosas nuevas, por otro sacamos la certeza de que todo es lo mismo, y que las partes del mundo son, un suponer, como el mundo en junto; quiere decirse, que en donde quiera que vivan los hombres, o verbigracia, mujeres, habrá ingratitud, egoísmo, y unos que manden a los otros y les cojan la voluntad.

Todo es lo mismo. Todo el mundo es igual. Allí donde hay hombres y mujeres habrá pecado. Porque el mundo vive en la oscuridad del Maligno. Vayas a donde vayas habrá gente que nace y gente que muere; habrá sufrimiento e injusticias; habrá pobres y habrá ricos; habrá dolor…

El único viaje que merece la pena es el que te pone en camino hacia Cristo. Porque en medio de tanto dolor, de tanto sufrimiento; de tanto pecado y de tanta muerte, una luz ha brillado en medio de la noche. Él es la única esperanza. Él es nuestro Salvador y Señor. Él es el camino, la verdad y la vida. En Él vivimos, nos movemos y existimos. Él es el Rey de la Gloria. Él es el Pan de Vida. De hecho, toda la vida es un camino que nos conduce a Dios.

Este mundo es el camino

para el otro, que es morada sin pesar;

mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar.

Partimos cuando nascemos,

andamos mientras vivimos,

e llegamos al tiempo que fenecemos;

así que cuando morimos, descansamos.

Sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía”

Sal de la oscuridad y déjate guiar por la única Luz verdadera. Los sabios son aquellos que saben dejarse guiar por esa luz y llegan ante Jesús, se arrodillan y lo adoran. En cualquier iglesia grande o pequeña, en cualquier catedral llena de turistas o en cualquier parroquia de aldea, verás una luz pequeña y allí habrá, muy posiblemente, una anciana o un señor con apariencia vulgar de rodillas ante un sagrario. O tal vez ante una Hostia Consagrada expuesta en una custodia sobre el altar. Esa anciana, ese hombre, esa mujer… Esos son los verdaderos sabios que se han dejado iluminar por la Luz que brilla en medio de las tinieblas del pecado y han sabido ponerse en camino hacia el único destino que no defrauda: hacia Cristo. Y allí, de rodillas ante Cristo, adorándolo, sin decir palabra, sin gestos ampulosos ni estridentes…

Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el Amado;

cesó todo, y dejéme

,dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

Allí encontrarás la paz y la felicidad que solo Cristo te puede dar: “porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.”

Acabamos de celebrar la Epifanía del Señor: Él se ha manifestado a todas las naciones para que todos los pueblos se pongan en camino hacia Belén, que en hebreo significa “la casa del pan”. Belén son todos los sagrarios del mundo. Allí encontrarán a quien dijo de sí mismo: “Yo soy el pan de vida”. Allí tenéis a Cristo Jesús. Arrodillaos ante Él. Adoradlo. Venid y adoradlo. De rodillas. Esa Hostia, insignificante en su apariencia a los ojos del mundo, tiene la solución a todos tus problemas, a todas tus angustias.

Canta, oh lengua, el misterio del glorioso Cuerpo

y de la Sangre preciosa que el Rey de las naciones

Fruto de un vientre generoso derramó en rescate del mundo.

Nos fue dado, nos nació de una Virgen sin mancha;

y después de pasar su vida en el mundo,

una vez propagada la semilla de su palabra,

Terminó el tiempo de su destierro

dando una admirable disposición.

En la noche de la Última Cena,

Sentado a la mesa con sus hermanos,

Después de observar plenamente

la ley sobre la comida legal,

se da con sus propias manos

como alimento para los doce.

El Verbo encarnado, Pan Verdadero,

lo convierte con su palabra en su Carne,

y el vino puro se convierte en la Sangre de Cristo.

Y aunque fallan los sentidos,

solo la fe es suficiente

para fortalecer el corazón en la verdad.

Veneremos, pues,

postrados a tan grande Sacramento;

y la antigua imagen ceda el lugar

al nuevo rito;

¡la fe reemplace la incapacidad de los sentidos!

Al Padre y al Hijo

sean dadas Alabanza y Gloria, Fortaleza, Honor,

Poder y Bendición;

una Gloria igual sea dada

a aquel que de uno y de otro procede.

Amén.

Los ricos no se enteran. Se creen que van a encontrar la paz y la felicidad en un crucero por el Adriático o en un resort del Caribe. No ven la estrella que alumbra el camino hacia Belén. Esa Luz que arde sin consumirse en el corazón. Esa Luz que ardía en nuestro interior cuando el Señor nos explicaba las escrituras y partía para nosotros el Pan. Esa Luz brilla en la oscuridad. Pero es demasiado humilde para que llame la atención de quienes buscan la luz del oropel, del lujo y los fuegos artificiales más espectaculares. La felicidad del selfie y de la foto de postureo en Instagram nada tiene que ver con la verdadera felicidad, que es Cristo.

Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le adoraron.

¿Han visto a los políticos adorar a Dios? ¿Los han visto arrodillados ante el Santísimo? La cuestión esencial de nuestro tiempo – de todos los tiempos – no es si se es de derechas o de izquierdas, conservador o progresista… Lo esencial es si eres de Cristo o eres de los que vociferan para que lo crucifiquen o de los que miran para otro lado y se lavan las manos. ¿Eres de Dios o del Demonio? ¿La Cruz de Cristo o los placeres de este mundo y su gloria pasajera? ¿De rodillas ante el Sagrario con el rosario en la mano o buscando ansioso el aplauso de este mundo?

Las viejas que rezan el rosario de rodillas ante el sagrario, esas “beatas”, tantas veces tan despreciadas por tantos, son las verdaderas sabias. Ellas saben lo que merece la pena. Saben dónde está la Luz. Adoran al Único que debe ser adorado.

La felicidad no está en las islas (aparentemente) “paradisíacas” del Pacífico o del Caribe. La felicidad es Cristo. No vayáis a una agencia de viajes: id al Sagrario. Peregrinad camino de la “Casa del Pan” para adorar al Pan de Vida. Ahí está la felicidad. Y donde está Cristo, está María adorándolo; y está José y están los ángeles y los santos. Todos adoran al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Adorémoslo todos. Que todas las naciones y todos los pueblos adoren a Cristo.

Santiago Valle Balbín

Esperamos que Vds. también digan con los Magos: “hemos venido a adorarlo”, ¡Háganse adoradores! Pueden leer todos los artículos de Santiago Valle en nuestra página

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