La Navidad continúa después del día de Navidad

En algunos países pareciera que la época de Navidad terminara el 26 de diciembre. El comercio retira la decoración, y todo parece volver a la rutina, pero los católicos sabemos que después del día de Navidad se extiende, ¿hasta cuando? En este artículo lo descubrirán.

No paren de celebrar: la Navidad continúa después del día de Navidad. Un artículo de Peter Kwasnieswki para LifeSiteNews.

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

El mundo secular se “prepara” (si es que podemos usar esta palabra) para Navidad con meses anticipación, con una llamativa decoración, golosinas, y gastos excesivos. Sin embargo, cuando llega el 26 de diciembre el mundo ya siente que la Navidad está “terminada”. A la sumo se permitirá uno o dos días de recuperación del exceso de alegría y entonces volverá a trabajar. En el mejor de los escenarios, las decoraciones podrán conservarse hasta el 1 de enero, o un poco después, para “festejar el año nuevo”. Después de este, la temporada de celebración se acaba.

Los católicos debemos tener una concepción totalmente diferente de Navidad.

Antes de Navidad practicamos la temporada penitencial del Adviento, preparándonos para la gran fiesta, sin demostrar una alegría manifiesta. Tradicionalmente, las familias decorarán el árbol de Navidad poco antes del gran día, el 23 o el 24. De luego viene la Misa del Gallo, con la que comenzamos la Natividad del Señor, que es intensamente celebrada por la octava (8 días, desde el 25 de diciembre hasta el 1 de enero, la Circuncisión, también conocida como la Solemnidad de María, Madre de Dios). La Natividad se extiende hasta Epifanía el 6 de enero (el famoso “día doce”) e inaugura los 40 días de la Navidad, finalizando el 2 de febrero con la Candelaria o la Fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen, también conocida por su título griego de a Presentación del Niño Jesús. En otras palabras, son cuatro los círculos concéntricos de celebración: (1) Navidad, (2) la octava, (3) los doce días, y (4) los cuarenta días.

Es muy importante para nosotros no rendirnos al enfoque secular que, en cierta manera, celebra Navidad antes de Navidad y no después. Deberíamos realmente hacer un esfuerzo en la manera en la que nuestros hogares son decorados; en la manera en la que observamos los domingos y los días de precepto; en las historias que leemos y otras actividades que hacemos en la casa; para mantener el vivo el espíritu de Navidad, incluso en un “bajo consumo” durante este periodo del 26 de diciembre al 2 de febrero. Sí, ¡la gran fiesta es tan importante! Tal observancia también se convierte en una catequesis contracultural en uno de los misterios centrales de la fe cristiana: la Encarnación del Hijo de Dios. Este es el eje central de toda la historia humana y de la historia de cada hombre, mujer y niño.

Por desgracia, las reformas litúrgicas en la Iglesia Católica no han ayudado necesariamente a las familias a mantener la temporada de Navidad tan bien como podría serlo. El primer problema fue la total abolición de las “conmemoraciones”.  Por muchos siglos, la Iglesia realizó una conveniente observancia de varios eventos en uno, por el uso de un set adicional de oraciones o “orations” en la Misa (Colecta, Secreta, Postcommunion). Entonces, mientras teníamos que el 26 de diciembre la fiesta de San Esteban, el 27 de diciembre la de San Juan; el 28 de diciembre la de los Santos Inocentes, etc., sumado a esto había siempre oraciones de Navidad, así que uno estaba recordando continuamente que Navidad es una fiesta de ocho días. Ahora a veces se siente como una fiesta de un solo día.

El segundo problema es la pérdida, para todos los efectos, de la fiesta de Epifanía la cual, en lugar de mantenerse el 6 de enero (como se ha mantenido por milenios en el Este como en el Oeste), se ha trasladado ahora para el domingo más cercano, esto para no causar ningún bache o sorpresa en nuestra rutina de trabajo diario. Esto tiene el efecto de estar neutralizando la Epifanía como algo especial, haciéndola como cualquier otro domingo, en vez de verla como una fiesta de luz estallando en el mundo “por sorpresa”, justo como irrumpe en nuestras vidas en un lunes o en un martes o cualquier día, sacándonos de nuestro ritmo y obligándonos a ajustarnos al señorío de Dios sobre el tiempo. ¡Él realmente necesita decirnos que hagamos una fiesta, porque sabe que de otra manera nosotros seremos muy flojos o preocupados!

Leer al gran liturgista Dom Prosper Guéranger ayuda a apreciar porqué la fiesta es Epifanía es tremenda. Por muchas razones es grande y gloriosa y, de hecho, la Epifanía comparte el honor junto con las fiestas de Navidad, Pascua, Ascensión y Pentecostés, de ser llamada, en el Canon Romano de la Misa, “un día muy santo”. Debiera ser celebrada con todo gusto. Podemos tener la esperanza que algún día la Iglesia autorice el retorno a su antiguo estatus como un día de precepto el 6 de enero.

El tercer problema es la abolición del “Tiempo de Epifanía”, una estación que se extendía por varias semanas después de Epifanía, conducente a la Septuagésima.

Afortunadamente, estas tres cosas – las conmemoraciones, la Epifanía y el Tiempo de Epifanía – aún son observadas donde la liturgia tradicional latina ha perdurado o ha regresado. El número de iglesias que aprovechan del Summorum Pontificum y el número de familias capaces de formar sus devociones familiares en concordancia continúa creciendo.

Nosotros deberíamos mantener el espíritu del Tiempo de Navidad hasta la Purificación.

El árbol, las luces y las decoraciones pueden permanecer hasta el 2 de febrero. Lo mismo también para las iglesias católicas: ellas no debieran ceder a la presión secular, sino que debieran aferrar el espíritu de Navidad bien entrado el mes de enero, si no todo el trayecto hasta Candelaria. Tenemos el desafío de ser maximalistas, no minimalistas. Hacer caso al consejo de San Pablo que escuchamos el domingo de Gaudete: “¡Regocijaos en el Señor siempre una y otra vez les digo, regocijaos!”

Esta es una lección especialmente necesitada por todos los católicos que viven en países culturalmente protestantes, como los Estados Unidos de Norteamérica, donde el ciclo litúrgico jugó un papel poco importante en la formación de la imaginación y la vida familiar. El mismo deseo es para Pascua y su octava, como también para Pentecostés y su octava (donde sea que los católicos conserven su tradición). En todos estos casos, tenemos muchas razones para dar un paso extra en hacer estas fiestas evidentes, alegres y memorables. Y no debemos sentirnos avergonzados si nos encontramos cortando con tradiciones familiares ancestrales y necesitando “redescubrir” y hasta extender, “reinventar” las vacaciones. Esta es la condición de la mayoría de los Occidentales, en un grado u otro.

Deberíamos aceptar humildemente que tenemos trabajo que hacer, y entonces ponernos a trabajar un paso a la vez con alguno de los fantásticos recursos que tenemos ahora a disposición: The year And our children (El año y nuestros hijos) de Mary Reed; Catholic Family Celebrations for Every Season (Celebraciones católicas familiares para cada estación); The Catholic all Year Compendim (Compendio de todo el año católico) de Kendra Tierney; Around the Year with Von Trapp Family (Alrededor del Año con la Familia Von Trapp) de María von Trapp; y varios otros de ese estilo. Traten de introducir una cosa cada año para una estación especial o para un día de fiesta especial que no han hecho antes, y si funciona bien seguirla haciendo al año siguiente. Agreguen aquello que puedan administrar (se vuelve más fácil en la medida en que los niños mayores pueden ir ayudando). Después de algún tiempo tendrán en su familia aquellas costumbres de Navidad, Pascua y Pentecostés con las cuales les hubiera gustado haber crecido.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por lifesitenews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Pueden leer este artículo en su página original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/dont-stop-celebrating-after-christmas-day-christmas-continues-2

Después del día de Navidad continúa el tiempo hasta el día de la Purificación, así que no marches sin antes leer este excelente artículo en nuestra página sobre los belenes


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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/