Meditación sobre la muerte

¿Cómo será nuestro último suspiro? ¿quién estará a nuestro lado cuando esto suceda? Esta y otras cuestiones sobre la muerte encuentran respuesta en este artículo

“Meditación sobre la muerte”, Miguel Toledano

En la primera parte de su Introducción a la vida devota trata San Francisco de Sales sobre la muerte (capítulo XIII).

La primera de las cualidades de ésta es la incertidumbre.  ¿Cuándo se producirá?  ¿Cómo, en qué circunstancias?  ¿Dónde y en compañía de quién?  ¿Por qué será causado el fatal destino de cada cual?

Respecto al cuándo, el santo obispo afirma que moriremos “siempre antes de lo que pensamos”.  Es ésta una afirmación misteriosa.  Mi tía Victoria, con ciento cinco años, hace tiempo que está en la prórroga; todos sus contemporáneos han descendido ya al valle de Josafat.  Ella espera, con tanta serenidad como magnífica salud, en compañía permanente de toda su familia, el día en que Dios la llamará a su diestra, tras recibir la Santa Comunión semanalmente.

La abuela de una querida compañera de trabajo devendrá centenaria en cosa de días y, en su natal República Dominicana, también aguarda alegremente la visita próxima de todos los miembros de su estirpe, muchos como son, que la adoran con igual devoción y respeto debido tanto a la edad como a su autoridad moral; y con tal feliz cumpleaños podrán volver a encontrarla con la misma sonrisa y belleza de su juventud.

Para estas dos grandes señoras, no se cumplió la norma salesiana de que “moriremos siempre antes de lo que pensamos”.

Un tercer personaje que me viene a la memoria, en lo relativo a despedirse mucho después de lo previsto, es nadie menos que Francisco Franco Bahamonde.  Cuenta el inolvidable Manuel de Santa Cruz (otro cristiano longevo), en varias ocasiones a lo largo de sus Apuntes y Documentos para la Historia del Tradicionalismo Español, que entre 1939 y 1966 fueron numerosos los grupos de diversas tendencias que calculaban la desaparición del Generalísimo para, a su vez, llevar ellos a cabo sus propias estrategias en momentos determinados, siendo siempre desbaratados sus planes por la longevidad del militar gallego.

Otros, empero, abandonan este mundo mucho antes, “antes de lo que pensaban”, siguiendo siempre al santo de Annecy.  En aras de la interpretación de esta regla aparentemente inexacta, tengo para mí que se refiere principalmente el doctor saboyano a los pesados, a los que dieron el tostón considerablemente en vida.  Para no prolongar en demasía los padecimientos de cuantos les rodean, la Divina Providencia determina que los cargantes abandonen este valle de lágrimas antes de lo que a ellos les gustaría para poder seguir causando paliza a sus anchas.  Esto es un aviso a navegantes; los que importunan continuamente a los demás se exponen a ser eliminados antes.

En mi añorada infancia de Toledo, recuerdo entrañablemente a una amiga de mi abuela, adinerada ella (la amiga, no mi abuela), que anunciaba a su marido el siguiente epitafio para cuando quedase viuda:  “Aquí yaces/y yaces bien;/tú descansas/y yo también.”  Mariano, que así se llamaba el esposo, nunca fue enterrado en la Catedral, como deseaba, y años después, adulto ya visitando el cementerio, comprobé yo mismo cómo la original leyenda tampoco fue grabada nunca en la lápida del caballero; éste debió provocar más de un quebradero de cabeza a su esposa, que pocos años después le acompañaría al otro lado de la hierba.  Fueron, en la ciudad imperial de aquellos años, un matrimonio muy bien avenido, por lo que supongo que, habiendo recibido ambos los santos sacramentos, lo serán también ahora, en virtud del dogma de la comunión de los santos.

Este dogma de la comunión de los santos es interesantísimo y merecerá en alguna ocasión una reseña por lo que se refiere a los pesados, que venimos comentando.  Si vamos al Cielo, ¿tendremos que soportar allí a los pelmas?  ¿Les está vedado a éstos el paraíso?  ¿Cambian su comportamiento estas almas después del paso por el Purgatorio, donde aprenden a no dar más guerra?  Lo dejamos hoy apenas apuntado.  El caso es que uno tiene ya años suficientes para haber conocido a determinados personajes -afortunadamente desaparecidos, para la paz humana- que, no existiendo otra alternativa que el infierno, preferiría no volver a tener que encontrarse, sabiendo que confesados y comulgados terminarán previsiblemente justificados.  Es cierto que pasarán una larga temporadita curando sus trastadas, pero no tiene lógica que los demás salvos se encuentren primero a gusto sin aquellos plomos y pasen después, aunque sea incluso al final de los tiempos, a una situación de compañía forzosa y peor por molesta.  Pienso que los chinches que no se condenan deben cambiar radicalmente durante su purificación para no trasladar su tabarrismo al elíseo.

Otros para los que se puede cumplir la máxima serán cuantos se acerquen al Canónigo Gafe, actualmente en el sur de Francia, atención.  Pero de esto ya hemos hablado hace tiempo y no conviene tentar más la mala fortuna.

Volvamos a la meditación sobre la muerte. 

Tras ésta, el obispo de Ginebra recuerda que el finado entona un “prolongado y lastimero adiós” a las vanidades, a las compañías inútiles y a las riquezas.  Cuanto más vanidoso el muerto, cuanto más necesitado se comportaba de compañías absurdas, cuanto más apegado a los céntimos, más prolongado y lastimero ha de ser el adiós.  Es difícil calcular dicha prolongación, especialmente teniendo en cuenta la percepción de la dimensión temporal sin el cuerpo, pero tengo para mí que algunas almas presuntuosas estarán todavía despidiéndose y así seguirán durante aún un par de semanas, por su fatuidad.  No hablemos de las ánimas que son a la vez petulantes, gregarias y tacañas, todo en uno; éstas multiplicarán por tres la lastimosidad y duración de su partida; otra lata, vamos, aunque en este caso sólo para ellas.

Tras el entierro, “el mundo no volverá a pensar más en ti, ni evocará tu memoria”.  Es ésta una tercera aseveración oscura del escritor francés.  Todavía guardo en la memoria el funeral, junto al mayor de mis hermanos, por el descanso eterno de Fernando Gortázar Landecho, quien se las tuviera tiesas a la insufrible Mercedes Milá cuando el divorcio y el aborto; la ceremonia agrupó en la inmensa basílica madrileña de San Cayetano una cantidad tal de miembros de ICADE que apenas pudimos entrar para honrar la bondad del católico vasco, que heredó su hija Cristina. 

Evidentemente, son muchos los gloriados cuya memoria es evocada una y otra vez, de forma más o menos pública o privada.  Pero, por tercera ocasión, cuanto más incordiase en vida el difunto más cierta me parece ser.  Hace poco supe del fallecimiento de una persona, verdaderamente insoportable para la mayoría de los que la rodeaban.  Saludé la noticia con la gravedad del silencio, pues no es decoroso hablar críticamente de los muertos.  Recé inmediatamente un avemaría por su salvación y supongo que semejante reacción espontánea tendrían otros cristianos, no volviendo a pensar más en ella ni evocando su memoria.  El sermón del sacerdote ante los escasos congregados en el sepelio fue la última evocación.  Como ha dejado escrito San Francisco de Sales, el mundo no volverá a pensar en ti.  Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también.

Terminamos con la cuarta y última de las inquietantes consideraciones del gran capuchino.  Preguntándose si al salir de este mundo el alma se dirigirá hacia la derecha o hacia la izquierda, responde que lo hará “hacia donde haya comenzado a orientarse mientras estaba en este mundo”.  Lo que, volviendo al trapisondista, quiere decir que al morir su alma se habrá dirigido hacia la izquierda, donde con probabilidad y razón puede acompañar a semejantes moscardones como ella lo fue y esperar a los que como ella lo son y con ella, pues, se reunirán en su fatal orientación.  Porque en la izquierda no hay comunión de los no santos; pero Dios los cría y ellos se juntan.

Miguel Toledano Lanza

Segundo domingo de Adviento, 2019

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Miguel Toledano

Miguel Toledano

Miguel Toledano Lanza es natural de Toledo. Recibio su primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas y la Confirmación en ICADE. De cosmovision carlista, esta casado y es padre de una hija. Es abogado y economista de profesión. Ha desempeñado distintas funciones en el mundo jurídico y empresarial. En la actualidad es subdirector de un colegio internacional en Bruselas. Ha sido secretario general de la Fundación Nacional Francisco Franco y afiliado del partido político Alternativa Española. Es fiel asistente a la Misa tradicional desde marzo de 2000. Ha publicado distintos artículos en diferentes medios.