Padre Cavalcoli: Jesucristo fundamento del mundo

Aldo María Valli nos ofrece una entrevista al Padre Cavalcoli, dominico, filósofo y teólogo

Padre Cavalcoli: Jesucristo fundamento del mundo. O sea, la mies es mucha pero los tomistas pocos

Articulo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2019/12/11/padre-cavalcoli-gesu-cristo-fondamento-del-mondo-ovvero-la-messe-e-molta-ma-i-tomisti-sono-pochi/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Ha aparecido hace pocos días el último libro del padre dominico Giovanni Cavalcoli, filósofo y teólogo, miembro ordinario dela Pontificia academia de teología. Se titula Jesucristo fundamento del mundo: inicio, centro y fin último de nuestro humanismo integral (Ediciones L’Isola di Patmos), un texto en el cual el autor sostiene que sólo la metafísica de Jesús, a través de la mediación de Santo Tomas, valoriza la razón humana en su sentido más autentico y más noble, respondiendo al subjetivismo y al individualismo dominante y al consiguiente estado de “enloquecimiento” general.

¿Padre Cavalcoli, cómo nace este libro?

Creo que la causa principal de la actualsituación de “navegación a ojo”, de vuelo a ras de tierra, de debilitamiento y embotamiento de la capacidad crítica de nuestra cultura católica, reside en el hecho de que ya desde hace décadas una malentendida apertura intelectual ha sido acompañada de una restricción del horizonte especulativo y sapiencial propuesto por la Escritura, por el Magisterio de la Iglesia y por los grandes maestros del pensamiento antiguo y católico desde la Edad Media a la actualidad, en particular por la escuela teológica y espiritual de Santo Tomás de Aquino.

Al final del instituto, gracias a la guía prestada por un santo y docto sacerdote, mi profesor de religión, descubrí y he seguido profundizando en estos sesenta años el estrecho nexo que existe en el catolicismo entre el amor evangélico por la verdad y ese amor natural por la verdad que, si es cultivado con perseverancia, modestia y seriedad, conduce a la más solida y alta sapiencia de la razón, o sea la sapiencia metafísica, fundamento del buen razonamiento, de todas las ciencias y de toda la moral, preámbulo y confirmación racional de la fe católica.

No me refiero aquí a la metafísica como ciencia académica, sino como evidencia y certeza fundamentadora, incontrovertible, espontánea y universal de la razón natural, propia de cada hombre, incluso sin educación, pero que ama la verdad y la honradez del pensar y del hablar.

Siempre me ha llamado la atención y admirado el Evangelio de San Juan, en el cual Jesús une de modo estupendo el testimonio de su más humilde y sublime humanidad a la impresionante y aparentemente increíble divinidad de Hijo del Padre, Logos que ilumina a cada hombre que viene a este mundo.  Me vino así la idea, que hasta ahora creo no ha hecho nadie, de exponer la metafísica de Jesús, osea de comentar todas esas profundas y elevadas sentencias suyas, de lógica y de sabiduría racional especulativa y teológica, universal, que sirven de premisa, presupuesto e introducción a la escucha y recepción de la Palabra de Cristo reveladora de su infinito Misterio, objeto de la fe y del dogma eclesial.

¿Y qué resulta de ello?

Constituye una noción central de la metafísica de Jesús su concepto de la realidad y por tanto del ser, derivado de la idea bíblica de la creación del ser a partir de la nada y del Nombre de Dios: “Yo soy” (Es 3,14).  Solo Aquél que es puede ser la causa y creador del ser de las cosas y del mundo. Por tanto, una metafísica realista, que no reduce el ser al pensamiento, pero no por ello ignora la dignidad ontológica del Pensamiento divino idéntico al Ser, o sea del Verbo, per Quemomniafacta sunt.  De aquí se deduce una justa apreciación por el pensamiento humano, que no crea la realidad sino que la presupone como creada por Dios, pensamiento creado a imagen del Pensamiento divino. De aquí procede también la posibilidad del diálogo entre Dios y el hombre.

En la metafísica de Jesús es posible encontrar todos los principios primeros de la razón y de la metafísica ya descubierta en el mundo clásico: el principio de identidad y de no contradicción, la analogía del ser, el uno y lo múltiple, el principio de causalidad y de razón suficiente, además de las nociones primeras y originarias de la razón:  lo absoluto y lo relativo, el ser y el llegar a ser, la sustancia y el accidente, la materia y el espíritu.

La metafísica de Jesús es “la casa fundada sobre la roca”: un saber que, aun siempre en estado de investigación, es sólido, reconfortante, ciertísimo, base segura e inconmovible de la moral, por el cual el hombre no es una “caña batida por el viento”, no sirve a dos amos y no oscila entre el sí y el no, sino que su existencia está fundada en Dios, “espíritu y vida”.

¿Por tanto, cuáles son las conclusiones de esto?

La conclusión principal, que creo bien demostrada por mi libro, es que en la metafísica de Jesús, el Logos divino, encontramos la valorización de la razón humana entendida en el sentido más verdadero y más noble, como poder dado por Dios al hombre para conocer toda verdad sensible y espiritual, natural y sobrenatural, de razón y de fe, con el fin de poder ser participe del mismo Pensamiento divino.

Bajo esta analogía vemos con claridad cómo Lutero, con su cansina e injusta polémica contra la razón, se equivocó y ofendió a Cristo, creador y luz de la humana razón.  Tal polémica quería retomar la condenación agustiniana del pelagianismo y de la razón sensual, soberbia y oscurecida a consecuencia del pecado original; pero Lutero atravesó todo limite arremetiendo contra el uso más correcto, lícito y noble de la razón hecho por la teología escolástica aprobada por la Iglesia y en particular contra Santo Tomás de Aquino, varias veces recomendado por los Papas.

Lutero no tenía razón alguna en achacar a Tomás haber utilizado la metafísica de Aristóteles para edificar la teología, o para comentar la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia, dado que la Iglesia misma ya desde la Edad Media se servía del mismo Santo Tomás para la interpretación del dato revelado y para la formulación de los dogmas.  De hecho, el Aquinate había, desde luego, asumido la filosofía de Aristóteles, pero después de una rigurosa y prudente valoración, por la cual acogió lo que era compatible con la doctrina de la fe y descartó el resto.

Es lo que se llama “aculturación”, por la cual se asumen en la doctrina católica las categorías de otras culturas, debidamente evaluadas.  Por el contrario, en la inculturación se sumergen en otras culturas, con formas expresivas adaptadas a esas culturas, las categorías del cristianismo.

Lutero terminó así por difundir una injustificada enemistad por la metafísica, como si ésta no tuviese nada que ver con las enseñanzas de Cristo, como si de hecho se tratase de malinterpretarlas en sentido pagano.  Según Lutero, la interpretación del texto bíblico debe afrontarse sin una previa comprensión filosófica, que para él es engañosa y dilusiva, pero manteniéndose estrechamente en el interior de la mismaconceptualidad bíblica.  El principio no es del todo errado, porque a fin de cuentas es verdad que se supone que nosotros debemos asumir los conceptos de la Biblia.  Sin embargo, el método (sola Scriptura), con su rechazo de las aportaciones externas procedentes de la filosofía, es insuficiente e incluso mistificador, porque la propia Biblia nos enseña que mediante la razón es como llegamos a la fe.

Pero de hecho vemos que Santo Tomas no está precisamente muy valorado hoy en los ambientes católicos…

Es cierto.  Hoy en la Iglesia se han difundido una teología y una exégesis que querrían rechazar a Tomas, quien sin embargo, no lo olvidemos, goza desde el pasado siglo del título de Doctor communis Ecclesiae y fue recomendado por el Concilio Vaticano II.  Esta teología y esta exégesis o rechazan la metafísica para abrazar visiones planamente sociológicas o secularistas, o bien admiten una “metafísica” falsamente sublime, de tipo idealista, gnóstico o panteísta.  Surgen o una cristología nestoriano-arriana, o bien una cristología eutiquiano-hegeliana, que se disfraza de “católica”, una y otra vendedoras de una falsa cristología. A este punto se debe decir que es más católica la cristología ockhamista de Lutero.

Almenos Lutero salva la divinidad de Cristo Redentor distinta en unidad de Persona de su humanidad.  El Lutero que desprecia la metafísica es, sin embargo, el mismo Lutero que acepta las nociones metafísicas que sirvieron a Calcedonia para formular el dogma cristológico, mientras las mencionadas sedicentes cristologías “católicas”, con su relativismo dogmático modernista, no son capaces siquiera de entender el dogma calcedonio.

¿Cuál sería una lección útil para nuestro tiempo?

El Papa Francisco trabaja por un nuevo humanismo de la fraternidad universal humana, por el ecumenismo y por el dialogo interreligioso, con las culturas y hasta con los no creyentes.  Propugna una Iglesia “que sale” en la línea del Concilio y de los Papas precedentes, una nueva evangelización basada en la inculturación, en el principio de reciprocidad y en el respeto a la diversidad:  la doctrina del “poliedro”.  Sin embargo, yo exhortaría al Papa Francisco a dar mayor luz a la metafísica que procede del Evangelio, la metafísica de Jesús, cuya universalidad nace del encuentro de Jerusalén con Atenas y con Roma, como subrayó Benedicto XVI.  No debemos tener miedo de abstraer el universal del particular: la abstracción no saca de lo real, sino que conduce a su corazón.  La diversidad es desde luego un valor, pero si se afirma en sí misma y no se funda sobre la unidad genera dispersión, conflicto, confusión y desorden.

La modernidad ha producido grandes valores, pero buscando la libertad sin la verdad ha perdido el principio de la unidad, del ubiconsistam.  Como se sabe, la cristiandad medieval estaba mucho más unida y mejor fundada que la de hoy en el campo de la metafísica.  Ha desfallecido la metafísica católica.  Han surgido sucesivamente otras metafísicas, más ambiciosas, con promesas miríficas, que sin embargo están bien lejos de satisfacer las exigencias de la razón y de la fe como hizo la metafísica medieval. La modernidad se gloría de su sentido crítico, pero en realidad la ingenuidad medieval tenía mucho más sentido crítico que el criticismo kantiano.

Que vengan la metafísica de Ockham, de Descartes, Hegel, Rosmini, Heidegger, la del Corán o las deShamkarayRamanuja.  Todas, no obstante, sin parangón con la de Santo Tomás.  Ninguna salvo la metafísica tomista, de hecho, por expreso reconocimiento de la Iglesia, refleja la metafísica de Jesús.

Sólo nos podremos salvar del subjetivismo y del individualismo que nos dividen a unos de otros recurriendo a este pensamiento de amplio aliento.  La metafísica de Jesús, ilustrada por el Aquinate, nos guía como principio racional de igualdad, de fraternidad, de libertad, de reconciliación, de concordia y de paz para todos los pueblos y todas las naciones.

Parafraseando a Jesús (“la mies es mucha y los operarios pocos”) diría yo: la mies es mucha y los tomistas pocos.  Oremos por tanto al Padre de la mies para que envíemuchos tomistas.

Entrevista realizada por Aldo MariaValli


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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/