¡Despertemos! ¿No nos duele nuestra Madre?

¿Es perder el tiempo proclamar un nuevo dogma para María? ¿Es qué ya no nos duele nuestra Madre que permitimos que la ignoren?

¡Despertemos! ¿No nos duele nuestra Madre?, Miguel Serafín

Una franquicia de hamburguesas decide poner en TV un anuncio que dice, “ven a Mc Artur, tenemos hamburguesas deliciosas sí, pero con 1150 calorías y un montón de grasas saturadas, que a la larga no son de alimento, con bacon con trans fats que te podrán producir enfermedades coronarias y poco valor nutritivo.

Una compañía de seguros hace contratos con sus clientes poniendo en letra grande los inconvenientes que pueden resultar o los compromisos a largo plazo o las cosas y casos que no cubre, y en letra pequeña los beneficios principales del contrato.

Sabemos perfectamente que en la realidad eso nunca sucede. Los peores productos e ideas han tratado de venderse de la mejor manera. Nunca nos dirán lo que hay escondido detrás de una gran mentira, y algo que nos perjudica gravemente, jamás nos lo dirán abiertamente.

Sólo hay un caso en la historia de la humanidad, en que nos han dicho claramente, que hay que sufrir, que el camino es pedregoso, que hay dolor y fatiga, que se nos juzgará, se nos perseguirá, calumniará, que hay que hacer penitencia, sacrificios, ayuno, cumplir unos preceptos, y en definitiva hay que pasar una puerta muy estrecha y cargar una cruz, para poder conseguir el mejor de los “productos”: La Salvación  Eterna junto a Nuestro Creador (y Dios sabe que uso la palabra PRODUCTO sólo con fines ilustrativos, porque la Salvación junto a Dios es lo mejor que un ser humano puede obtener de lejos por encima de todas las cosas). Y para eso, el Mismo Dios, viene y funda una “empresa” llamada la Iglesia Católica, que es el medio que Dios deja para cumplir una misión. Cualquier empresa tiene una “misión” principal, y para conseguirla, acompaña esa misión con unos objetivos y medios para lograrlo. La única Misión de la Iglesia, es la Salvación de las almas.

Todo aquel que quiera pertenecer a La Iglesia Católica, a la Verdadera, (no las católicas piratas), tiene asegurada una carga que va en contra de nuestra zona de confort, es la Cruz, que, con la ayuda del Señor, será un “yugo fácil y una carga ligera”.

Cualquier promesa que salga de esos parámetros, es muy probable que no venga de Dios, sino de la competencia: El maligno Satanás.

Satanás mintió descaradamente con imagen publicitaria atractiva pero engañosa, calificando sutilmente a Dios de mentiroso. La inmadurez de Adán y Eva, los llevó a desobedecer a Dios cuando les había dicho que no comieran de aquel árbol distinto que les abriría el conocimiento al mal. La serpiente o Satanás, había sido astuto presentándose como ese ángel hermoso, elocuente, inteligente, pero, al fin y al cabo, un ángel caído. Les vendió una idea, con una serie de atributos. Jamás les dijo las consecuencias nefastas de tomar de aquel fruto que les iba abrir los ojos al conocimiento de la maldad y por consiguiente a la muerte. Tampoco les dijo de la gran herida que hacían a su Creador, la traición de la desobediencia. Satanás sólo supo hablar de ventajas de tomar del fruto del poder ser como Dios, y un fruto tan apetitoso como ese, era difícil de rechazar, pues se veían sólo ventajas.

Dios tuvo en cuenta la inmadurez de estas dos criaturas engañadas por este bello ángel caído, lleno de artimañas y palabras envolventes. No los condenó de inmediato por su traición al tener solamente en cuenta la desobediencia. Les dio una nueva oportunidad a ellos y a su descendencia para trabajar por su salvación que quedaba desde aquel instante infectada de la maldad llamada concupiscencia; y mucho tiempo después, la raza humana tuvo su redención por medio de otra pareja de seres humanos. El hombre llamado Jesús, que era el mismo Dios que se rebajaba a la condición humana, y la mujer llamada María, a la que libró de todo pecado para que pudiera contener en su vientre, al Santísimo Señor de Señores”. No podía ser de otra manera, pues Dios no puede habitar donde hay pecado.

María, esa escogida libre de mancha, era la mujer de la que el propio Dios le diría a Satanás, “Enemistad pondré entre ti y la mujer, entre tu decendencia y su descendencia, te pisará la cabeza, mientras asechas tú su calcañar” (Gn 3, 15).

Es la Misma de quien Isaías predice: “Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una virgen está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.”

Satanás supo en ese instante que su suerte estaba echada; sabe que Cristo Jesús es Dios inalcanzable, por lo tanto, la única oportunidad de retrasar su fatal destino es nuevamente como lo hizo con Eva, atacar a la mujer y su decendencia, y para ello pone a su propia decendencia a atacar a la María, porque Satanás tiene decendencia aquí en la tierra que lo sigue. Satanás ha visto durante la historia, el poder de María cuando se ha aparecido en sus distintas advocaciones. Por eso trata por todos los medios de desacreditarla.

Lo hizo de manera astuta cuando por fin logró dividir a la Iglesia; y desde 1517 con la reforma protestante de un sacerdote rebelde influenciado por Satán llamado Martín Lutero, por eso ninguna de las pseudo religiones protestantes le dan el lugar que pertenece a María.

Los católicos verdaderos reconocemos la importancia que Dios ha depositado en la Santísima Virgen. Y entendemos los ataques del maligno demonio a su Virginidad, a su majestad, a sus títulos que hemos comprendido con el pasar de la historia; 50 títulos de María que recitamos en las Letanías Lauretanas al finalizar el rezo del Santo Rosario, y que ha recibido del propio Señor.

Hace muchos años en algunos países, no se practicaba fútbol profesional el segundo domingo del mes de mayo, porque era el día de las madres. Los árbitros sentían dolor de madre y sabiendo los insultos que los aficionados hacían contra sus progenitoras, se negaban a trabajar ese domingo. Era perfectamente comprensible. Eso cambió.

Parece que ya no nos duele nuestra madre en ninguna circunstancia y dejamos pasar todo por conveniencia.

Recientemente en la celebración de la fiesta de Nuestra Señora La Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre; nuestra Madre y Madre de la Iglesia, recibió un agravio frontal cuando se dijo que era “perder el tiempo” hablar de nuevos dogmas marianos, olvidándose que es ella quien pisará la cabeza del Leviatán . Es por eso por lo que ella recibe golpes constantes del maligno para diluir y menoscabar su importancia.

Satanás nos hará hacer creer que es una “tontera” pensar en nuevos dogmas o declararla con sus distintos títulos. Su misión es hablar peyorativamente de Ella, denigrar, rebajar y ridiculizar a quien sabe que le va a pisar la cabeza.

Recordemos cómo intercede la Virgen en las Bodas de Caná al pedirle a Nuestro Señor que haga su primer milagro en público. Su intención fue solamente interceder, no ganar ningún título. Pero os aseguro que después de eso, si alguien iba a dar una fiesta querría tener como amiga a la Virgen, invitarla con Su Hijo por si algo iba mal en la fiesta. Eso lo haríamos nosotros incluso el día de hoy.

Por lo tanto, es a nosotros a quien nos conviene saber quién es la Virgen María. Que ignoremos que ella es Auxilio de los Cristianos, nola perjudica a ella sino a nosotros. Pensemos un momento cuando decimos Reina de los Apóstoles, o Reina de los Ángeles. La condición de ser la Reina no se disminuye en nada si nosotros no lo sabemos. Pero sí es importante para nosotros saber que ella es la Reina, porque cuando no nos enteramos no sabemos que Ella nos puede ayudar ni cómo. Los que sacamos un beneficio al saber todos los títulos de María en realidad somos nosotros. Por eso Satanás tratará de eclipsarla, porque no pretende afectarla a Ella, sino a su descendencia.

A todos los sacerdotes que se dicen marianos, que rezan diariamente el Rosario, que lo promueven y son devotos de la Virgen Santísima: es hora de hacer sentir públicamente nuestro dolor de madre cuando la rebajan, hay que hablar y defenderla cuando con desdén cualquier persona incluso dentro de la jerarquía la desprecie y la califique simplemente de “madre, mujer y mestiza” o cuando peyorativamente la llaman “una santita”. Especialmente en esta temporada navideña, mostremos que corre sangre por nuestras venas y defendamos a esa Santa Mujer, Madre y Maestra (y todos sus 50 títulos) por lo cual fue elegida para dar a luz al Salvador del Mundo.

Jesús escogió a María como camino para venir a nosotros, y nosotros debemos ir por el mismo camino para ir a Jesús.

Miguel Serafín

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