El mito de la comunión en la mano desenmascarado

Uno de los grandes mitos que se tuvieron presente en el Concilio Vaticano II para justificar la comunión en la mano fue el citar a San Cirilo de Jerusalén en su Catecismo. En este interesante artículo nos contextualiza la cita y derriba el mito.

Desenmascarando el mito de que la comunión en la mano revive una antigua costumbre, por Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

La semana pasada, el 21 de noviembre, Fiesta de la Presentación de la Bienaventurada Virgen María, el Cardenal Müller y el Cardenal Sarah estuvieron presentes en la Abadía de Kloster Weltenburg, en Bavaria, para una Misa Pontificial, seguida por la presentación del último libro del Cardenal Sarah, The Day is now far spent (El día ahora ha pasado).

 En sus comentarios, el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos volvió al tema favorito de muchos de sus discursos y escritos: la urgente necesidad de recobrar la manera reverente en la distribución y en el recibimiento de la Sagrada Comunión. Como el Papa Benedicto XVI, el Cardenal Sarah es un fuerte defensor de la recepción de la Comunión en la lengua y arrodillado. El consistente buen ejemplo y lúcida enseñanza en esta materia del Papa Benedicto XVI, del Cardenal Arinze, Cardenal Cañizares, Cardenal Burke, Cardenal Sarah y el Obispo Athanasius Schneider, entre otros, ha conducido a incontables católicos a retornar a la manera tradicional de recibir a nuestro Señor.

¿Qué pasa entonces con el famoso pasaje de San Cirilo de Jerusalén de la Catequesis Mistagógicas, usada una y otra vez para persuadir a los católicos de que la comunión en la mano es una práctica antigua, legítimamente restaurada por la Iglesia después del Concilio Vaticano Segundo?

“No te acerques, pues, con las palmas de las manos extendidas ni con los dedos separados, sino que, poniendo la mano izquierda bajo la derecha a modo de trono que ha de recibir al Rey, recibe en la concavidad de la mano el cuerpo de Cristo diciendo: «Amén». Súmelo a continuación con ojos de santidad cuidando de que nada se te pierda de él. Pues todo lo que se te caiga considéralo como quitado a tus propios miembros. Pues, dime, si alguien te hubiese dado limaduras de oro, ¿no las cogerías con sumo cuidado y diligencia, con cuidado de que nada se te perdiese y resultases perjudicado? ¿No procurarás con mucho más cuidado y vigilancia que no se te caiga ni siquiera una miga, que es mucho más valiosa que el oro y que las piedras preciosas?”

ttps://sumateologica.files.wordpress.com/2010/02/cirilo_de_jerusalem_catequeses.pdf, pág. 349

Debemos hacer notar varias cosas acerca de este pasaje.

Primero, el extremo cuidado que San Cirilo exige al que recibe al mismo Señor, el Rey: ninguna partícula del pan consagrado debe perderse, ya que sería como una mutilación de nuestro cuerpo, ¡la pérdida de algo más precioso que cualquier cosa creada! De hecho, fue este gran énfasis en el inmenso cuidado que se toma hacia la Eucaristía, junto con una apreciación cada vez más profunda de la magnitud de tan divino regalo, lo que condujo a la Iglesia a abandonar, a medida que pasaba el tiempo, la comunión en la mano y a preferir la comunión directamente en la boca. Este es un ejemplo básico de un desenvolvimiento orgánico en la liturgia, a lo cual siguen implicaciones que van desde un credo o una actitud original hasta la expresión externa más perfecta que refleje e inculque esa creencia o actitud.

A la inversa, el retorno artificial a lo de mucho antes, pero que por más tiempo se discontinuó en la práctica y que ahora aparece repentinamente en un contexto muy diferente, acarrea connotaciones casuísticas y falta de fe en la Presencia Real. Es un ejemplo primario del error del anticuarismo condenado en 1947 por Pío XII en la Mediator Dei.

Segundo, si miramos más cuidadosamente lo que Cirilo describe y combinamos este pasaje con otros consejos de la antigüedad, podemos ver que incluso cuando se practicaba la comunión en la mano, esto involucraba señales de reverencia que (¿curiosamente?) nunca acompañaron esta reinvención de finales de los años de 1960. En un próximo libro, el profesor de Patrística Michael Fiedrowicz observa, concerniente a este pasaje:

“Es significante que la Eucaristía, puesta en la mano derecha, no es entonces recibida por medio de la menos valorada mano izquierda, sino que más bien directamente en la boca. Lo que parece ser a primera vista la comunión en la mano revela ser una aproximación más cercana a la comunión en la boca, con la mano derecha sirviendo como una especie de patena. Entonces, la descripción del Obispo Cirilo muestra que la actitud del comulgante es no la de alguien tomando o capturando, sino más bien la de una recepción reverente y humilde, acompañada por un signo de adoración.”

En su entrevista más vendida Christus Vincit: el Triunfo de Cristo sobre los Tiempos Oscuros, el Obispo Athanasius Schneider, quien al igual que Fiedrowicz es especialista en Patrología, se adentra en más detalles sobre el antiguo ritual:

“La Sagrada Eucaristía era recibida en la palma de la mano derecha y a los fieles les estaba prohibido tocar la Sagrada Forma con sus dedos, sino que tenían que inclinar su cabeza a la palma de la mano y tomar el Sacramento directamente con sus bocas, por tanto, en una posición de una profunda inclinación y no permaneciendo erguido de pie. Hoy la práctica común es recibir la Eucaristía permaneciendo de pie y tomándola con la mano izquierda. Esto es algo que, simbólicamente, los Padres de la Iglesia encontrarían horroroso. ¿Cómo puede el Santo de los Santos ser tomado con la mano izquierda? Entonces, hoy los fieles toman y tocan la Hostia directamente con los dedos y luego la ponen en la boca. Este gesto nunca se había conocido en toda la historia de la Iglesia Católica, sino que fue inventado por Calvino, ni siquiera por Martin Lutero. Los luteranos han recibido la Eucaristía arrodillados y en la lengua, aunque desde luego ellos no tienen la Presencia Real porque no tienen un sacerdocio válido. Los calvinistas y otras iglesias protestantes libres, que no creen en absoluto en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, inventaron un rito el cual anula la mayoría de los gestos de sacralidad y de adoración externa, esto es, recibiendo la “comunión” estando de pie y tocando el pan “hostia” con sus dedos y poniéndola en sus bocas tal como la gente trata el pan ordinario. (…) Para ellos, este es simplemente un símbolo, por lo que su comportamiento exterior hacia la comunión era similar a los comportamientos que se tienen hacia los símbolos. Durante el Concilio Vaticano Segundo, los modernistas católicos, especialmente en los Países Bajos, tomaron este rito de comunión calvinista y erróneamente lo atribuyeron a la Iglesia Primitiva, con el propósito de difundirlo más fácilmente a través de la Iglesia. Nosotros tenemos que desmantelar este mito y esta insidiosa táctica que comenzó en la Iglesia Católica hace más de cincuenta años y que, como una avalancha, ahora ha arrollado a casi la mayoría de las iglesias católicas en el mundo entero, con excepción de algunos países católicos de Europa del Este y en unos pocos lugares de Asia y África.”

Estas palabras son un telón de fondo para la inquietante admisión hecha por uno de los más cercanos amigos del Papa Pablo VI, el eminente filósofo francés Jean Guitton (1901 – 1999):

“La intención del Papa Pablo Vi con respecto a lo que se llama comúnmente el Nuevo Orden de la Misa fue reformar la liturgia católica de tal manera que esta debiera coincidir casi con la liturgia protestante. Existió en el Papa Pablo VI una intención ecuménica de remover, o por último corregir, o finalmente relajar, lo que era muy católico, en el sentido tradicional, en la Misa y, repito, acercar la Misa católica a la misa calvinista.”

El eminente liturgista Klaus Gamber dice que como resultado de esto los católicos, “están ahora respirando el fino aire de la esterilidad calvinista.” (Reforma de la Liturgia Romana, 5)

Además, tal como el Obispo Schneider lo continúa mencionando, (y tal como él lo discute más ampliamente en su libro Dominus Est) en la Iglesia primitiva, al menos en algunos lugares y momentos, era puesta sobre las manos de los comulgantes una tela para la comunión, y así ellos no tocaban directamente el Santísimo Sacramento y cualquier fragmento se podía recoger fácilmente. El rito bizantino aún utiliza tal tela, sostenido bajo la barbilla de aquellos que están recibiendo en sus bocas desde una cuchara manejada por el sacerdote. Algunas parroquias tradicionales conversan el uso de una tela blanca que cubre la baranda del comulgatorio. Si bien la invención de la patena para la comunión hizo que la tela no se necesitara más, las iglesias y capillas católicas tradicionales a menudo la mantienen como un recordatorio adicional de la sacralidad de este banquete eucarístico, y como un enlace simbólico entre la recepción del Señor por parte de las personas y el mantel que cubre el altar del sacrificio en el cual la divina Víctima ha sido ofrecida. Subraya que ellas, como el sacerdote, están participando en un sacrificio místico.

En resumen: el antiguo registro da testimonio de creencias y actitudes que con el tiempo desarrollarían en la praxis tradicional tanto para el oeste latino como para el este bizantino. En el Oeste, la comunión en la lengua arrodillados es el resultado natural y adecuado a la piedad eucarística de San Cirilo. El intento de retornar el reloj a la antigüedad, una antigüedad por lo demás decepcionantemente mal representada y reconstruida en forma ficticia, es, al final, nada más que el Caballo de Troya para la teología sacramental calvinista.

Por lo tanto, lo que está en juego son precisamente aquellas doctrinas con distinción católicas, y que, tal como una reciente encuesta del Centro de Investigación Pew indica, se están erosionando con rapidez e incluso entre aquellos que aún van a Misa. El cardenal Sarah, el Obispo Schneider y muchos otros están suplicando por una restauración de la práctica tradicional que emergió y que refuerza la fe católica. ¿Pondrán atención a esto otros líderes de la Iglesia?

Al menos, aquí y allá ahora, cada laico y cada laica pueden hacer un firme propósito, para la gloria de Dios y de la santificación de sus almas, recibir siempre a Nuestro Señor arrodillados y en la lengua, en cada una de las Misas a las que asistan, donde quiera que sea y en cualquier momento.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por lifesitenews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo en si sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/debunking-the-myth-that-todays-communion-in-the-hand-revives-an-ancient-custom

Si te interesa conocer más sobre la comunión en la mano, te invitamos a ver este vídeo de nuestros amigos de Agnus Dei Prod.: Comunión en la mano



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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/